Confusión en Mayami

Con la que está cayendo, no viene mal un poco de humor. En este caso, una parodia de la mítica serie de los 80 “Corrupción en Miami”. El trailer que os presento, “Confusión en Mayami”, con dos protagonistas singulares, está compitiendo en el concurso de NotodoFilmFest.com. Por cortesía de Entropía PC.

Para ver el trailer, pincha aquí 

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“Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?. Eso es lo que significa ser esclavo.Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.



Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia…


Es hora de morir.”

Roy Batty (replicante), Blade Runner (Ridley Scott)

Mapa de los sonidos de Tokio

Anoche, antes de dormirme, pensaba en cómo definir la nueva película de Isabel Coixet, pero un solo adjetivo me parece pobre para calificarla y cualquier palabra se me queda corta.
Después de Elegy, que me gustó pero con reservas, la directora ha vuelto a hacer el cine que nos gusta a las personas que nos gusta su cine, valga la redundancia. Como en La vida secreta de las palabras o en Mi vida sin mi, está implícita la poesía, los escasos diálogos, la fuerza de las expresiones; un erotismo evidente en esta ocasión, con escenas sexuales muy femeninas. Siempre he creído que si en algo se nota cuando una película está dirigida por un hombre o por una mujer es en las escenas de sexo, “dime qué escena de sexo diriges y te diré quién eres”. Y hay que reconocer que la Coixet lo hace bien y permanece muy alejada de la chavacanería de las acciones sexuales de otros directores españoles estilo Berlanga o Bigas Luna, que se quedan a años luz de la madurez de la directora. Incluso me gusta más que el sexo que suele mostrar Almodóvar.
Está mañana, hablando con un amigo sobre la película en unos intercambios de mails, le comenté que la directora me había recordado al estilo de Wong Kar Wai (Deseando amar y My blueberry nigths) y él, que entiende mucho de cine, me dijo que Coixet, en unas declaraciones antes del estreno, había informado de que quería homenajear a uno de sus directores favoritos, el mismo Wong Kar Wai. Pues lo ha logrado, con esas escenas cadenciosas, ralentizadas, la ausencia de palabras, la intensidad de la lentitud que va conquistando poco a poco los planos. Si tuviera que elegir una escena, me quedo con aquella en la que el ayudante del magnate japonés le comunica en el restaurante que su hija ha fallecido, para mi una de las mejores interpretaciones de la película. Pero son muchas las escenas grabadas con las que me volví a casa. Con la narración del viejo amigo bohemio de la protagonista, amante de los ruidos de la ciudad, testigo casi mudo de la vida de Ryu, a la que ama en silencio, sin apenas intercambios.
Me alegro de haber recuperado a esta directora, la que ha conseguido que saliera con un nudo en el estómago del cine de pura emoción ante la historia y su forma de transmitirla con las imágenes (y por qué no confesarlo, con ganas de comer fideos chinos). La misma que nos produjo a mi compañero y a mi la sensación de bloqueo al salir del cine después de ver Mi vida sin mi, que recuerdo que las ganas de llorar se mantenían después de una hora. O la cantidad de pensamientos que me abrumaban con La vida secreta de las palabras. Sobre todo porque sabes de antemano lo que Isabel Coixet puede dar de sí, así que tenía cierta expectación ante la película recién estrenada, aunque esta vez, después de la pequeña decepción de Elegy, preferí no infomarme mucho de “Mapa de los sonidos de Tokio“.
En cuanto a los actores, leí esta mañana en una crítica que Sergui López había decepcionado. Yo no opino lo mismo, cada personaje para mi está muy bien interpretado, con esos matices orientales que no pasan desapercibidos a los espectadores occidentales. Y el actor español, convence también, nada que envidiar al resto, con esa pose atormentada a la par que desengañada de la vida.
Creo que en los Goya arrasará con un indiscutible premio en “mejor guión adaptado” y “mejor fotografía” como mínimo, pero tiene muchas posibilidades de llevarse hasta la alfombra. El tiempo (y la crítica) lo dirá.
En cualquier caso, premiada o no, sólo puedo decir gracias.

PELÍCULAS (IV)

En una noche de fin de semana, “El Experimento” (Oliver Hirschbielgel, Alemania, 2001) resultó ser una película interesante, perturbadora, claustrofóbica… De esas historias que muestran las miserias humanas, las más internas y mezquinas de unos y las respuestas de supervivencia de los otros. De ésas películas que te pone el vello de punta ante la idea del sometimiento; que divide a las personas que participan en el experimento en categorías antagónicas.
De esas situaciones extremas que una vez más manifiestan que cuando a un personaje inseguro y con complejos le das un poco de poder por pequeño que sea éste, será siempre el peor jefe del mundo, el que quiera sacarle más trozo a ese mandato, a esa mínima parcela, se convertirá en un tirano, aunque sea a menor escala. Ése tipo de persona es la que más miedo da y, a la vez, la evolución conductual más llamativa de observar. Lo más llamativo es comprobar cómo procede la distribución de los roles entre carceleros y prisioneros y cómo cada grupo va desenvolviéndose en función de su papel, sobre todo, cuando las normas ya brillan por su ausencia.
Este tema viene a colación de otra película que me recordó en algunas cuestiones a la anterior: “Kontroll” (Nimród Anta, Humgría, 2003), un largometraje húngaro, curioso, también claustrofóbico, con pinceladas innovadoras, metafóricas y surrealistas, desde mi punto de vista, y también centrado en las miserias humanas pero desde otra perspectiva bien distinta.
Aparte de la narración sobre la vida poco agradecida de los controladores del metro y la relación ambigua con los pasajeros, que creo que está muy lograda, con toques humorísticos en el guión e imágenes muy cuidadas, incluso en las persecuciones, podemos encontrar secuencias más intimistas en las que se revela a uno de los protagonistas fuera de su turno de trabajo, deambulando siempre por la red del metro, entre las vías, en los túneles, por los pasillos, ante el miedo de salir a la superficie. En estos planos, más lentos, incluso algo aburridos, también debido al sueño y al cansancio mientras veía la película, el director consigue un efecto de soledad asfixiante, de desesperación ante la noche, de encierro cautivo en uno mismo, cuestiones que Bulcsú, el susodicho personaje, superará gracias al amor (en esto la historia no es muy original, pero bueno… ). Incluso teniendo este desenlace como hándicap, el director consigue hacerlo bonito, porque no llega a ser cursi, ni se recrea especialmente en la prevalencia del amor por encima de otros valores.

NOTAS DISCORDANTES DE LA ACTUALIDAD

Lo bueno que tiene aislarse del mundo de vez en cuando es que te enteras poco de las noticias y, a veces, eso es una suerte, pero… ¡llegó el día! Esta gran herramienta que es internet me ha traído la actualidad de diversos acontecimientos y claro, con la Iglesia hemos topado (otra vez). He leído que van a comenzar una campaña para “dar voz a los que van a nacer” y además, se ha presentado un manifiesto en contra de la reforma de la legislación del aborto firmado por 300 personas. Espero que el gobierno no ceda ante este tipo de presiones que pretenden decirnos a los demás cómo tenemos que vivir y qué tipo de familia queremos formar. Parece que tenemos que esforzarnos por recordar que éste es un Estado laico, empiezo a pensar si lo será de verdad. Y encima ellosquieren hablar por los que no han nacido, no es suficiente que pretendan mangonear y hablar por las mujeres, por las familias, por la sociedad en su conjunto… que ahora también quieren poner palabras en boca de los engendros de dos células. Si es que se aburren, por eso necesitan cotillear en la vida de los demás. Es que tienden a tratar la cuestión de una forma tan banal, culpabilizando a las mujeres, que parece que sólo estamos pensando en quedarnos embarazadas para poder abortar después y fastidiarles, como si esto fuera una fiesta.

Cambiando a un tema más divertido, porque hay que reconocer que el portavoz de la Conferencia Episcopal resulta anodino, también leí que el PP quiere que se persiga al sastre de Camps, el presidente de la Generalitat Valenciana (casi como McGiver, hombres con “recursos”), por desvelar “secretos”. Me hace gracia, al sastre por revelar secretos, ahora a Camps que no se le chiste aunque sea un gualtrapa y haya ejercido la prevaricación a sus anchas. La realidad construída en forma de contradicción.
Hablando de contradicciones, una película de actualidad: “Slumdog Millonaire”. Aún no he encontrado a nadie que me haya dicho que no le ha gustado. Y es que la fotografía está muy cuidada y los planos de las persecuciones me han llamado la atención especialmente; mezcla la fantasía de la televisión con la trágica realidad conformando una historia difícil de digerir, con las barriadas depauperadas de Bombay y la belleza y exuberancia del Taj Mahal. No cuento más, mucho mejor verla.

Construyendo My blueberry nights

“¿Cómo le dices adiós a alguien al que no puedes imaginarte sin él? No dije adiós. No dije nada. Sólo me marché. Al final de esa noche, decidí tomar el camino más largo para cruzar la calle.”
My bluberry nights
¿Para que están las amigas si no es para que te lleven a ver buenas películas? Fui a ciegas al cine, es lo que tiene la confianza, que te dejas hacer. No sabía apenas nada, sólo conocía al director por su película “Deseando amar”, preciosa, una obra de arte hecha con imágenes, tiempos ralentizados, simbolismo y música, con personajes que hizo sufrir a rabiar. Dudé por si ésta tenía más de lo mismo, aunque fuera con personajes norteamericanos, los preconcebí menos profundos; para salir hecha polvo del cine no pago, estos días prefiero comedias o, al menos, algo más insustancial o simplemente me conformo con finales felices. Por suerte, éste lo fue y me da igual si el guión tiene mucho de predecible. Algunos críticos dicen que el guión no es bueno, que le falta estructura y que tiene unos giros narrativos nada coordinados con la historia.
La película me llegó a lo más hondo, el director volvió a utilizar sus ingredientes característicos pero de otra forma. Algunas partes del diálogo entre los personajes tienen mucho de real, cuando te buscas y no encuentras, cuando necesitas hablar con alguien y pillas por banda a la primera persona con la que te cruzas, que cuando te rompen el corazón necesitas ahogar las penas en el dulce, las noches en vela, cuando en momentos masoquistas deseas con intensidad el tropiezo con la persona amada aunque haga daño (como cuando la protagonista se pasea enfrente de la casa de su ex y mira hacia las ventanas) y las reflexiones que hace consigo misma, transmitidas con una sensibilidad impecable… Qué razón cuando piensa que hay cosas que es preferible escribirlas que hablarlas. Planos muy expresivos y cuidados, en los que poco más se necesita para transmitir emociones y, cómo no, los dulces besos inesperados.
Te inundan en tristeza las reflexiones de los personajes, porque sabes que pueden ser ciertas “A veces, aunque tengas las llaves, esas puertas aún… no pueden abrirse, ¿no? Incluso si está abierta la persona que buscas tal vez no este ahí.” Y otras veces consiguen esperanzarte “No fue tan difícil cruzar esa calle, después de todo. Todo depende de quién espera al otro lado.”
Película muy recomendable, si os apetece pensar un poquito sobre vosotros mismos. Pero también para que disfruten los sentidos. Por cierto, Natalie Portman está tremenda.
“A veces dependemos de otras personas como espejo. Para definirnos y decirnos quienes somos.”

 

MUY PELICULEROS

Descubrimiento este fin de semana de la Seminci de Valladolid. Un festival que varios de mis amigos conocían desde hacía años, nunca es tarde… (bueno, a veces sí). Una comida copiosa, una manzanilla que calme la digestión pesada. Una película, luego otra. Un paseo, unas cañas y tapeo. Dormir. Otra película. Volver a disfrutar de la comida… Y así podría haber pasado una semana entera, en concreto, los días que dura la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Pero había que volver a Madrid después de 24 horas en esta ciudad, que sirvieron para disfrutar de nuestras aficiones: ver películas y comer bien. Rodearse de lo cotidiano pero fuera del escenario habitual.
Ver todo el programa es imposible, además de lo difícil que te lo pone la organización del festival. Comentaban que habían externalizado algunos servicios a favor de la empresa Eulen. La venta de entradas fue un desastre, en algún caso se vendieron el doble de las entradas del aforo que permitía la sala, en muchos otros casos tenías que esperar a los cinco minutos antes del comienzo del pase para saber si podrías entrar o no al cine… En ese sentido, indignación de algunos usuarios del festival que ven cómo la organización empeora año tras año.
El programa, muy variado, con entradas más asequibles de lo habitual. Recuperaron para la muestra “Un novio para Yasmina” y “Las 13 rosas” (que ya no son rojas). Y dentro de la sección oficial, conseguimos ver “Retorno a Hansala”. La primera, entretenida y punto, con toques de humor, no podemos decir mucho más. Un largometraje hispano-marroquí, que narra los avatares de una chica de Marruecos, moderna, pero con una preocupación común denominador al resto de inmigrantes no comunitarios: conseguir los papeles. Se añade un contexto conocido, el trabajo de una asociación de inmigrantes, donde a veces podías vislumbrar muchos problemas familiares: la financiación, las trabas de la administración, el trato con las personas a las que te diriges, los inconvenientes del tipo de trabajo, la falta de tiempo, el segundo plano de la vida personal, etc…
“Las 13 rosas”, una pena. Una historia real, perteneciente a la Guerra Civil, que el director Emilio Martínez-Lázaro no aprovecha, es más, casi se la se carga. “El otro lado de la cama” fue su película de mayor éxito y aún no entiendo el por qué. Resulta vulgar, se queda en lo superficial, en las emociones facilonas, no profundiza en los personajes… Me resultó muy aburrida y recuerdo que la ví entera por decir “la he visto y me desagrada con conocimiento de causa”, porque es mala con ganas, a pesar de ser una de las más taquilleras del año en que se estrenó. “Las 13 rosas” no queda en mejor lugar. Para empezar, les cambia el nombre, las 13 rosas siempre serán rojas, le guste o no y eso que parece poco importante es básico para entender la historia. Por citar algunos de mis inconvenientes: la entrada en la cárcel de los personajes parece una fiesta más que eso, la pérdida de la libertad por un motivo tan injusto como son las ideas y su defensa; las torturas que representa no son ni la mitad de crueles de lo que realmente sucedió; la directora de la prisión, papel encarnado por Goya Toledo, que goza de la confianza plena del régimen, no se podría emocionar con la muerte ni las penalidades de las presas republicanas; y, el final, alargado mediante un cursilismo ñoño y no como el final de doce luchadoras junto a Blanca Brisac (siempre la separo porque ella era la única que no estaba metida en ninguna agrupación política, aún así, la asesinaron). Eran 13 rosas, doce de ellas rojas, la última, que sea ella la que elija su color.
De todas formas, no pude evitar mi enfado, cuando durante la promoción de esta película, las actrices reconocían que no sabían nada de esa historia hasta que el guión llegó a sus manos. ¡Hay que joderse con el nivel cultural de “nuestros artistas”! A mi parecer, sólo se salvan tres elementos de esta película: Pilar López de Ayala, que representa a Blanca Brisac; algunos de los planos del Madrid de la época; y que, al menos, algo sirve para fomentar el debate acerca de la recuperación de la memoria histórica. Si alguien sigue pensando en que las familias no merecen una reparación del daño, es que carecen de escrúpulos.
En caso de interés, mucho más recomendable el libro de Carlos Fonseca, “Trece rosas rojas” editado por Temas de Hoy.
“Retorno a Hansala” nos dejó revueltos. Una película (y utilizaré una de esas frases fetiche de los periodistas) sobre el drama de la inmigración, los ahogados que nunca alcanzaron las costas españolas, cuyos sueños se tragaron las olas. En este caso, Chus Gutiérrez cuenta la historia de la repatriación de uno de los muertos a su pueblo natal, Hansala. El descubrimiento de la película fue José Luis García Pérez, el actor que da vida a Martín, el dueño de la funeraria que devolverá el cadáver de Rachid a su aldea en compañía de Leila (Farah Hamed), la hermana del fallecido.
Si queréis leer las impresiones de la directora durante el rodaje en Hansala, visitad
http://puntodevistablogcima.blogspot.com/2007/05/viaje-hansala-por-chus-gutierrez.html
En general, me gustó, te consigue agitar, sin caer en sentimentalismos gratuitos, pero a veces, excesivamente lenta, instantes aburridos. Insisto, interesante, porque muestra un punto de vista diferente, costumbrista, sencillo.

VIDAS CRUZADAS

Una vez más tuve la visita de uno de mis amigos insólitos (¿alguno se salva?). Quien llamó a mi puerta fue Supermán, le reconocí al momento por lo hortera de su vestimenta, este hombre no cambia. Me pilló de sopetón, con la casa echa unos zorros, es lo que tienen los imprevistos.
Menos mal que te has decidido a bajar a la Tierra, que Kripton nunca me queda de camino– le dije.
Decidimos compartir un plan tranquilo para charlar. Él ya se ha retirado de sus tareas de salvar el mundo, ha visto que la cosa no tiene mucha solución. Se fue a vivir a una casa de campo en Asturias hace unos meses para dedicarse a la producción de sidra, se ha hecho un experto en manzanas y ha olvidado por completo lo que es la kriptonita.
-¿Por qué no te cambias el nombre, Supermán? Nunca me ha gustado, parece un poco prepotente, muy ambicioso, ¿no?-
Es que va con mi personalidad y así se sobreentiende que tengo superpoderes.-
Y es verdad que siempre ha querido dejar muy claro qué tipo de personaje de cómic es, el nombre va con su sello de listillo, con su humor negro y a veces de sabelotodo, aunque cometa errores, como todo el mundo.
Después de cenar, vimos una película llamada Sud Express, una historia sobre vidas que se cruzan, teniendo como común denominador las vías del tren. No es muy prolífica en los diálogos pero tiene muchos planos que mostraban sobre todo incomunicación entre los personajes, cada uno con sus problemáticas y bastante aislados, ensimismados.
Había actores que no se miraban al hablar, o que permanecían inmersos en su dolor, sin lograr compartirlo, bien por lo duro que es reconocer los fracasos, que las cosas no son como tú desearías o habías soñado, o porque no consiguen expresar las inquietudes y las circunstancias difíciles que les rodean, reconocer las tripas trituradas de cada uno.
A Supermán la película le conmovió, a mi también me gustó pero algo le faltaba, un no sé qué, que no permitía considerarla redonda.
Me agradan las películas de cruces de caminos, de encuentros casuales, de escenas de café… porque hacen imaginar que las vidas pueden cambiar en algún instante, por azar, por golpes de suerte o de desgracia, o porque te has trabajado el cambio y no lo has dejado a su libre albedrío, como uno de los personajes, que logra un intercambio en una ciudad francesa con su amor de infancia, tras veintiocho años de separación.
Supermán, sin embargo, opinaba que los grandes acontecimientos sólo los pueden llevar a cabo los superhéroes, por realizar grandes hazañas y verse reconocidos ante los demás como lo que son.
Los granitos de arena en el día a día son importantes, aunque no siempre se aprecien, las grandes hazañas de los héroes son más visibles, más mediáticas; pero en cualquier esquina puedes encontrar un pequeño héroe que sobrevive, que combate por mantenerse a flote y por superar sus obstáculos. No sólo tiene valor luchar contra Lex Luthor o contra El Joker.

“Es difícil vivir en libertad cuando no se tiene libertad”

Hace unas semanas estuve con una panda de compañeros blogueros viendo “El patio de mi cárcel”. Ya, ¿y qué? Pues que días después, en el diario El País, adquirido con prisas en el aeropuerto de Amsterdam, mientras esperaba impaciente al avión que me devolvería a Madrid, leí una noticia que relacioné con la película: dos narcos habían pedido la vuelta a la cárcel porque están viviendo en la indigencia. Traducción: mejor encerrados que muertos de hambre y asco en la calle.
No sé si con el título de esta entrada he conseguido ser textualmente fiel a las palabras de la protagonista de El patio de mi cárcel cuando fue consciente de que no sabía vivir en el exterior de su prisión. Y que creo que representa también a los dos narcos que desean regresar a la cárcel.
Creía que sería una película española plana, no esperaba gran cosa. Igual por eso, me sorprendió, no tenía grandes expectativas. A la salida del cine, sentí que los personajes me habían resultado demasiado cercanos, qué putada. Muchas personas que vivían o vivieron esa misma situación, que salen de permiso y no tienen adonde ir, por ejemplo. Y siempre he creído que las cárceles están llenas de desdichados y desdichadas, con sus vidas rotas, que muchas veces no merecen estar encerradas por delitos menores. Su mayor pena probablemente es la falta de oportunidades, sobre todo económicas, la drogodependencia, y esa especie de sino que a veces nos ata y del que es difícil escapar; pero nada es imposible, por algo las decisiones pertenecen a las personas, esta perspectiva no la hay que perder nunca. Pero es cierto que hay ambientes, dependiendo de donde te hayas criado, que hacen que la balanza se incline a un lado o hacia otro.
Algunos de las antiheroínas de la prisión, desgarradoras. No obstante, la realidad supera a la ficción, como me demostraba la noticia del periódico.
No me quiero repetir, así que os invito a visitar los blogs de unos compañeros que han escrito sobre la película, teclead: http://entiemposdedavidelfantastico.blogspot.com/ y http://rossanova.blogspot.com/

PELÍCULAS (III)

Siguiendo con la fuente inagotable que es el cine, principalmente por lo mucho que me hace pensar en unas ocasiones y evadirme en otras, el fin de semana pasado tuve (tiempo ¡bien!) la oportunidad de ver un par de películas. Pequeña Miss Sunshine me aportó una buena crítica de la sociedad actual, en concreto de la estadounidense, aunque hay muchas características que pueden extrapolarse fácilmente al resto de la sociedad occidental. Dicen que es una comedia pero no me dio esa impresión. Creo que es un auténtico drama con gotas de humor, que pueden hacerte soltar una carcajada pero en otras escenas, ese mismo tono burlón, le proporciona más realismo absurdo y mayor intensidad a la tragedia. El ambiente familiar y el tono del guión me recordaron a American Beauty, el sueño americano como inspiración, ese sueño que dicta que si no tienes dinero, si no consigues tu meta en la vida (basándose sobre todo en la obtención de bienes materiales), eres un perdedor, un fracasado. La presión a la que sometes a los demás, pisar cabezas para conseguir lo que quieres y la exaltación de la belleza superficial es el camino de baldosas amarillas que te llevarán “al sueño”.

Otra película fue Atrapado en el tiempo. Sí, poco original, ¿verdad? Cuando hablé de ella con varias personas, ya todas las habían visto, es mi sino. En gran parte, me dio para pensar sobre la sensación de libertad, que necesariamente no tiene por qué ser real; también me recordó el libro de Erich Fromm “El miedo a la libertad”, uno de mis libros de referencia . El agobio que transmite el protagonista es justo ése, el de no poder salir del límite espacio-tiempo, que lo mantiene permanentemente estático, haciendo cosas diferentes en el mismo día, minutos y horas que se repiten una y otra vez hasta el infinito y sin la posibilidad de escapar de la esfera temporal ni espacial aunque lo intenta desesperadamente. Pues me he preguntado más de una vez a lo largo de la semana, ¿cómo sería revivir el mismo día varias veces? ¿Y cuál de mis días? No sé si querría elegir alguno concreto… Y es cierto, podrías volverte loco de remate fácilmente y eso que muchas personas hacemos lo mismo día tras día, también atrapados en nuestra rutina, pero aparentemente, la entendemos como una rutina elegida. ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de decisión? Y es que tiene algunas similitudes con la nueva película de Nacho Vigalondo, que se dirige a sí mismo como actor secundario en Cronocrímenes. Evidentemente, tramas muy diferentes, Atrapado en el tiempo tiene más connotaciones de pastel y Cronocrímenes te presenta a un tipo muy normal, que acaba un poco desquiciado por la repetición de los mismos hechos y soprendido por la perversión de aquello a lo que puede llegar para recuperar sus aburridas costumbres, ¿o no las perdió nunca?
Interrogantes sin contestar, al menos invita a darle un poco al coco, aunque algunos de los inventos del guión tienen lagunas, o a lo mejor es que no he sabido encontrar la explicación (aún).