Nueva etapa

Bienvenidas y bienvenidos a mi nueva casa. Como veis, me he mudado. La decisión no ha sido fácil, llevaba años rumiándola y había llegado el momento, lo notaba, había “unnoséqué” cuando entraba en el antiguo blog que no me hacía estar a gusto, un “algo” que me pinchaba y me pedía una transformación. Huellas, que nació en blogger y que, en ocasiones, he sentido que tomaba vida propia, es como un hijo molesto o un apéndice que te demanda diferentes necesidades según transcurren los años. A veces le dejo llorar en una esquina hasta que se calla de puro cansancio y otras, no me queda más remedio que hacerle caso y atender sus exigencias. Así es como hemos llegado a wordpress, pero con un añadido decisivo: el software libre.

Así que, desde este momento, tal y como me ocurre en mi vida personal, también quiero asumir este nuevo reto en la red. Se supone que el aprendizaje debe ser continuo, intentaré gestionar Huellas con los nuevos instrumentos que tengo a mi alcance, también os pido un poco de paciencia ante mis atropellos, que seguro cometeré.

En el siglo pasado, Richard Burton, un explorador británico de tierras africanas expresó que el momento más alegre de la vida de un hombre es el de la partida de un largo viaje hacia tierras desconocidas… Algo parecido siento al abrir esta nueva etapa bloguera. Así pues, estás invitadx a participar en esta casa o bien, si lo prefieres, asómate por aquí de vez en cuando, si te coincide de paso, o cuando tengas algo de tiempo. Tu visita será de gran agrado, como antes.

Pasa, la puerta está abierta 🙂

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Desayuno con diamantes

Viernes. Otra vez cabreada al trabajo. Razón: síííí, de nuevo las Cartas de los Lectores del periódico 20 minutos. Una de ellas, titulada “Crucifijos fuera de las escuelas”, no era lo que parecía en su titular sino que su autora defendía que “Ahora bien, el Tribunal de Estrasburgo se refiere únicamente a la presencia obligatoria de crucifijos en las aulas, pero no a la presencia democráticamente decidida, por mayoría. El procedimiento a aplicar podría ser el siguiente: si nadie reclama, se seguiría la tradición del centro, dejando las cosas como hasta ahora. Cuando haya alguna reclamación, se someterá al criterio de los alumnos, que por votación decidirán demcráticamente si se mantiene o no. De esta manera, las minorías aprenderán a adaptarse a las tendencias mayoritarias. Esto en cuanto a los colegios del Estado, puesto que los privados han de poder establecer las reglas según su ideario”.

Si es que los peperos son todos iguales, porque no necesito ver a la señora meter la papeleta en la urna para saber lo que vota religiosamente. Se les llena la boca con la palabra DEMOCRACIA, de la cual desconocen su completo significado y lo pervierten, además de pasarse por el forro el respeto a las minorías. Isabel Cortés, “premio carta a la tolerancia”, ha pasado por alto que la finalidad intrínseca al concepto de democracia es la de salvaguardar los derechos de las minorías, derecho que muchas veces se viola impunemente por el “bienestar mental” de la mayoría, que esto de respetar la diversidad se nos da un poco mal. Si es que pasa no sólo con la religión, sino con la orientación sexual, la política, la actividad económica que desarrolles… y cualquiera que viva bajo unas normas diferentes a las establecidas (pero siempre desde un punto legal y sin hacer daño a nadie, eso se da por entendido).

Pero mi indignación no acababa aquí, sino que una persona llamada Maite, firmaba otra carta que me daba risa, trataba el eterno debate sobre la inmigración: “[…] en mi entorno tengo amigos inmigrantes que actualmente están en la misma situación económica que yo y gozan de unas ayudas que yo, por ser española, no tengo.
Creo que España es un país que no trata tan mal a los inmigrantes como se dice o se hace ver. Sí es cierto que existen empresas que los explotan; yo, personalmente, también me he sentido explotada por alguno. ¡No dramaticemos, por favor!”

Total, que nuestros vecinos inmigrantes, deberían darnos las gracias con la mano en alto cada mañana por dejarles permanecer en Arriba España, así como no se nos ocurre para nada fomentar una solidaridad obrera y reivindicar derechos laborales tan antiguos como el pan. Ellos que vayan por su lado (llevándose todas nuestras ayudas caritativas de este, nuestro país) y nosotros, que también nos explotan, por otro. El “enemigo” común, si es que hay que llamarlo así, no es el empresariado (alabados sean) que se aprovecha de la coyuntura economica y de la vulnerabilidad de ciertos colectivos, sino que la culpa es de los inmigrantes. Si es que esto… ya lo sabíamos todos.

Maite, guapa, ¿por qué no me haces un favor? Móntate en una patera y luego cuéntame la experiencia por carta. (¡Andaaaa! Qué buena idea para el programa 21 días.)

TIEMPO PERDIDO

¿Pero qué hago perdiéndome impresionantes documentos como los de Samantha Villar y sus 21 días haciendo el chorra? Eso significa que estoy descentrada.
¿Y qué hago que no he dedicado un post con todo “mi cariño” a los cretácitos de la manifestación contra el aborto? Sí, esos que se declaran abogados de la vida y exaltan el derecho a la maternidad, por cierto, derecho que en ningún momento ha sido cuestionado, pero nada, ¡erre que erre! Con lo indignada que me sentí cuando ví en Telemandril la retransmisión en directo de tamaña demogogia. Pero lo peor fue ver a Verónica Mengod como parte de ese circo. ¡Pero si era presentadora de programas infantiles! La recuerdo como si fuera hoy, fue un shock verla en ese tipo de evento, ha caído un mito, sí.
¿Qué hago esta mañana leyendo el periódico gratuito de mi ciudad denominado 20 minutos? Pues que algo tengo que leer en el metro y lo prefiero al Qué, que con ese sí que me salen sarpullidos si toco una de sus páginas, inundadas de sensacionalismo y un amarillismo que apesta. Pero hoy se me cortaba la respiración (y no era por el agobio de gente en el vagón) con algunas de las informaciones que gentilmente nos bridaba en el periódico un (o una) periodista que firmaba la noticia como O. F. El titular era el siguiente: “Drogas, “botellón”, prostitución y robos en la noches de Madrid”. 20 minutos comprueba, recorriendo las calles de la ciudad en la madrugada del sábado, cómo se incumple habitualmente la ley ante la absoluta pasividad de la Policía Municipal. Y sin sonrojarse, fue capaz de hacer afirmaciones como tales: “La noche comienza desde las terrazas de algunos vecinos del barrio. Entre las calles Desengaño y la plaza Soledad Torres Acosta, las protitutas comienzan a tomar la vía y acaptar clientes, subiendo con ellos a los hostales y saunas de la zona. Más adelante, un grupo de proxenetas las vigila mientras otro corrillo de camellos trapichea con drogas”. […]
“Seguimos avanzando y llegamos hasta la calle Fuencarral, cuya reciente peatoninalización ha servido para que varios transexuales la ocupen como mostrador de sus servicios como meretrices. Cruzando Gran Vía, en Montera, un sin techo duerme a la intemperie. Más arriba, en una esquina, otro consume heroína”.
Todo en el mismo saco. Y con estas perlas, el periodista pretende probar que las calles de Madrid son inseguras y hacer patente la degradación del barrio “un pequeño infierno de delincuencia”, como lo describe al comenzar su abnegado artículo.
El pobre no se ha documentado, no sabe que ofrecer servicios sexuales no está prohibido, que no existe ninguna ley al respecto; y que lo que sí que se debería prohibir es que una persona que no tiene casa, duerma de cualquier forma en la calle, pero no, el sintecho es el delincuente y el causante de la degradación. Igual que los enfermos que necesitan su pico todos los días. Tío, gentuza como tú, sí que me parece la causante de la degración social, el que señala con el dedo a los cabezas de turco pero evita mirar al auténtico responsable y por supuesto, ni te atreverías a acusarle. Te crees que por salir a la calle una noche conoces la realidad de la ciudad y no tienes ni puñetera idea, a ti te ponía a picar piedras, para que estuvieras entretenido y no tener que sufrir tus sandeces en un periódico que “parece” que lee cada dia miles de personas, ojalá no se crean tus historias, pero no soy tan positiva.
Igual que la señora ultraconservadora que se atreve a escribir indignada en la sección “Cartas de los lectores” criticando la postura de Metro porque no dejó a sus hijos pedir por la red de trenes un donativo para la Cruz Roja. El motivo de su queja (¡al loro!) es que , sin embargo, sí que dejar “mendigar” a otras personas. Y cito palabras textuales “el yonqui de turno te pide, o el expresidiario te pide o…” Y termina colosalmente “parece ser que no han visto “Las chicas de la Cruz Roja”. Pues menos mal que no han visto tremendo peliculón franquista que, desde luego, no pretendía culturizar a la población. ¿Pero cómo te atreves a comparar situaciones entre tu hijo pijo y la gente que no sabes qué circunstancias rodean su vida?
De verdad, qué mal me cae la gente. Hala, me he quedado más agusto, que tenía mucha rabia contenida.

Aflicción

No hay nada como tú

probablemente nada como tú.
Si te quieres ir
adelante, vete si te quieres ir.
Yo no se que haré,
me vendaré el corazón.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
Quizá haga frío en la playa
y alguien cubra mis piernas con una manta.
Quizá me susurren al oido
y me cuenten historias de piratas.
A lo mejor me gustan,
pero no serán las tuyas.
En las que nunca sé el final
callado por mis besos.
En las que nunca sé el final
callado por tus besos.
Y espero que el parador
no cierre los inviernos.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
No hay nada como tú.
No hay nada como tu (soberbia). Esclarecidos
Qué pocos favores nos hacen los mitos, la creencia sobre las entregas incondicionales, los valores de lo eterno, los modelos sociales a seguir, las fábulas, las ilusiones… Si es que nos lo creemos todo ingenuamente. Es posible tropezar más de una vez con la misma piedra, aunque el tropiezo sea distinto, unas veces te falla la pierna derecha, otras la izquierda y otras veces, simplemente, no viste la piedra y fue sin querer (evitarlo).
No hace mucho, ví una película titulada Stardust (Matthew Vaughn, 2007), llena de mitos románticos, una historia fantástica, entretenida, con una atmósfera similar a El Señor de los Anillos en cuanto a fantasía de los personajes y las tomas de los paisajes. En ese mundo recreado, diferente al nuestro, las estrellas caían del cielo en forma de mujer, mujeres guapísimas, que ni siquiera se despeinaban con la caída desde lo más alto del universo; con melenas rubias infinitas bien cuidadas y que brillaban con el sentimiento del amor. También había brujas sin escrúpulos, que deseaban y envidiaban los valores de belleza y juventud que les podía brindar el corazón de la mujer-estrella. Había un chico, mucho más normal estéticamente, porque ya se sabe que no tienen que ser tan espectaculares, a ellos les sirve con ser valientes y gentiles, que se enamoraba de la estrella. Tenía su gracia pero la peli atufaba a esterotipos, a sexismo, si es que hasta me provocó tristeza. Tanto trabajo de desconstrucciones de género, de echar por tierra ideales trasnochados, esteretipados, mitos romáticos… y ¡zas! En un momento, ahí los tienes todos juntos, haciéndote heriditas porque claro, nunca vamos a ser tan guapas y delgadas como la protagonista, nunca nos pasará esa historia de amor tan irrepetible, ni brillaremos…
Por eso hay que hacer un ejercicio de más valentía aún que el bizarro protagonista del cuento, de autoaformación para no creerse nada sobre estrellas preciosas ni sobre muchachos valerosos que protegen, ni hechizos de magas malvadas.
Igual no quiero creerme nada que no pueda comprobar por mi misma en el mundo terrenal, como las promesas que no toman forma, ni el futuro que no construyes a pachas, ante palabras que no dejan silueta nítida en los hechos.
Cuántas veces nos hemos sentido Brigted Jones aterrizando en lo real forzosamente y, por ejemplo, los viajes idílicos que imaginabas se convierten en algo difícil de consensuar por fechas, obligaciones, trabajos, ¿falta de ganas?; y los cuentos tienen finales más dramáticos donde lloras cuando abandonas las llaves sobre la mesa y donde necesitas elaborar el duelo ante lo perdido pensando si en algún momento pudiste cambiar el final… Cuántas veces nos comparamos con aquellos que sí que tienen lo anhelado.
Mientras unos a tu alrededor dan pasos de gigante, importantes, más o menos convencidos por aquello que sienten, tú te quedas como una hormiga, pequeña, poco agraciada, mediocre, cerca del hormiguero por el miedo a errar, tal vez perdida sin encontrar el camino de vuelta al subterráneo.
No quiero conformarme con “lo normal”, pero tal vez sea lo único que exista. Como decía la Yeye, idealizamos, pero a veces necesitamos creer que no hay nadie como nosotros, que la magia existe, que no hay nadie como tú.

 

Hablo de tu soledad

Hablo de tu infinita soledad
dijo el fulano
quisiera entrar al saco de tu memoria
apoderarme de ella
desmantelarla desmentirla
despojarla de su último reducto.
Tu soledad me abruma/ me alucina
dijo el fulano con dulzura
quisiera que en las noches me añorara
que me echara de menos
me recibiera a solas.
Pero sucede que/dijo calmosamente la mengana/
si tu bendita soledad
se funde con la mía
ya no sabré si soy en vos
o vos terminás siéndome.
¿Cuál de los dos será
después de todo
mi soledad legítima?.
Mirándose a los ojos
como si perdonaran
perdonarse
adiós
dijo el fulano;
y la mengana
adiós.
Mario Benedetti

Hay pocos como él, que cuando escuchas sus letras a veces es como si las hubiera escrito para ti, haciéndote sentir especial, que te trasladan, alguien con quien te sientes comprendida, como un amigo. Y que hace tan especiales los acústicos, las cadencias de los acordes del piano… Música para momentos de tristeza, pero también para enfrentarla y olvidarla en un rincón cuando ataca (“ahí donde me recreo”).
Muy machacado por las circunstancias que eligió en la vida, nos deja un sinfín de temas recurrentes de los que podremos disfrutar toda la eternidad.
En un día como hoy, en el que la lluvia acompaña su recuerdo, La Gramola guarda un pequeño resquicio de Antonio Vega, mi humilde homenaje a este hombre que ha puesto banda sonora a muchos momentos de mi vida y de quien descubrí la más preciosa versión de “Me quedo a tu lado”, tema compuesto por Los Chunguitos y que conocí en el cierre de un concierto de Manu Chao. Letra que me llama poderosamente la atención por la insólita capacidad de entrega del autor:
“si me das a elegir
entre tú y mis ideas,
que yo sin ellas
soy un hombre perdido,
¡ay amor!
me quedo contigo”.

No es nada personal

“21 días” una vez más. La semana pasada vivimos en amor y compañía una entrega más de este prestigiosísimo programa sin el cual, nuestra vida sería más aburrida y que va ganando adeptos, unos más “obligados” que otros.
Sí, Samanta, ya lo había dicho, te he estado esperando impaciente desde que te ví por última vez emporrada y teatralizando, lo nuestro es una relación de amor-odio. Que no, mujer, que esta vez no voy a meterme contigo nada más que un poquito. Haciendo pis, sin duchar, vestida de gitana o con harapos de la calle, colocada hasta las trancas de marihuana… tú siempre me sales divina de la muerte.
No sé si es que no estuve demasiado atenta a la chicha o qué, pero se te ha quedado un poco corto de contenido, ¿no?. Y luego, chica, que parece que no has salido de tu barrio nunca, no sé si eres pija repija o simplemente algo corta. Déjate de comentarios despreciativos (“así vive esta gente”) y no flipes tanto cuando vas a robar chatarra (“no volvimos a hablar del tema”), que por desgracia, no estás dentro de una peli de Walt Disney, sino en un poblado chabolista. Oye, y con estas cosas que intentas hacer tú, de docudrama social, por qué no aprovechas para hacer reivindicaciones, porque de ésas no oí ninguna y eso es lo que más me cuesta perdonarte. No puede ser tan difícil para tí protestar para que se cumplan los derechos básicos, derechos humanos que realmente brillan por su ausencia, tales como reclamar viviendas dignas para la población o dar alguna explicación de los factores de la exclusión de este colectivo, qué sé yo, que se note que no vienes a hacer un espectáculo con algunas de sus miserias y que no sólo quieres chupar cámara. Por cierto, Samanta, déjate de tanta lágrima de cocodrilo, que me da vergüenza ajena y a ver si somos más profesionales. ¿Has visto Invisibles? Es un conjunto de películas documentales donde han participado Isabel Coixet, Fernando León, Mariano Barroso, Javier Corcuera y Win Wenders. Cada historia versa sobre conflictos y circunstancias bien dramáticas, pero ninguno salía llorando ante la cámara a pesar de todo y me consta que no se quedaron indiferentes ante lo que rodaban.
En fin… que sí, tienes razón, que las comparaciones son odiosas y tú eres incomparable a ellos, sólo te quedas en la superficie demostrando lo guay que eres. Otra cosa, el 21 días de culto al cuerpo, ¿cómo se os habrá ocurrido? ¿Vas a hacerte operaciones de cirugía estética seguidas? Entonces sí que deberían pagarte un plus de peligrosidad. Y rodeada de musculitos que, de tanto machacarse durante horas, tendrán unos bíceps de la leche, pero seguro que el cerebro se les ha atrofiado, a ver si consigues declaraciones donde unan tres frases seguidas con su sujeto, verbo y predicado. ¡Hale! Nos vemos el mes que viene, con un bol de palomitas.
Y lo que te digo siempre, querida, que no es personal.

NOTAS DISCORDANTES DE LA ACTUALIDAD

Lo bueno que tiene aislarse del mundo de vez en cuando es que te enteras poco de las noticias y, a veces, eso es una suerte, pero… ¡llegó el día! Esta gran herramienta que es internet me ha traído la actualidad de diversos acontecimientos y claro, con la Iglesia hemos topado (otra vez). He leído que van a comenzar una campaña para “dar voz a los que van a nacer” y además, se ha presentado un manifiesto en contra de la reforma de la legislación del aborto firmado por 300 personas. Espero que el gobierno no ceda ante este tipo de presiones que pretenden decirnos a los demás cómo tenemos que vivir y qué tipo de familia queremos formar. Parece que tenemos que esforzarnos por recordar que éste es un Estado laico, empiezo a pensar si lo será de verdad. Y encima ellosquieren hablar por los que no han nacido, no es suficiente que pretendan mangonear y hablar por las mujeres, por las familias, por la sociedad en su conjunto… que ahora también quieren poner palabras en boca de los engendros de dos células. Si es que se aburren, por eso necesitan cotillear en la vida de los demás. Es que tienden a tratar la cuestión de una forma tan banal, culpabilizando a las mujeres, que parece que sólo estamos pensando en quedarnos embarazadas para poder abortar después y fastidiarles, como si esto fuera una fiesta.

Cambiando a un tema más divertido, porque hay que reconocer que el portavoz de la Conferencia Episcopal resulta anodino, también leí que el PP quiere que se persiga al sastre de Camps, el presidente de la Generalitat Valenciana (casi como McGiver, hombres con “recursos”), por desvelar “secretos”. Me hace gracia, al sastre por revelar secretos, ahora a Camps que no se le chiste aunque sea un gualtrapa y haya ejercido la prevaricación a sus anchas. La realidad construída en forma de contradicción.
Hablando de contradicciones, una película de actualidad: “Slumdog Millonaire”. Aún no he encontrado a nadie que me haya dicho que no le ha gustado. Y es que la fotografía está muy cuidada y los planos de las persecuciones me han llamado la atención especialmente; mezcla la fantasía de la televisión con la trágica realidad conformando una historia difícil de digerir, con las barriadas depauperadas de Bombay y la belleza y exuberancia del Taj Mahal. No cuento más, mucho mejor verla.

Circulando los espacios

Obama tomaba el mes pasado posesión del cargo de presidente de EEUU, ceremonia acompañada de grandes expectativas de cambio, de esperanza, de mejora; se desata el caos en la cúpula de la Comunidad de Madrid por una acusación de espionaje; una gran amiga nos hace pasar un susto de muerte; otra amiga se casa con su compañero de hace casi veinte años; cumplimos años; el nuevo gobierno norteamericano da la orden para cerrar Guántanamo; la crisis económica y financiera se agudiza por días (o eso dicen); el paro crece en nuestro país; Chávez gana el referéndum en Venezuela que le permitirá enfrentarse a las próximas elecciones en 2012 (¡bien!); un chico de 20 años asesina a un ex novia, menor de edad (qué pena de mundo)… Y con todo, el planeta sigue girando.

Tonada navideña

Hoy varias personas me han dicho eso de “¡Feliz navidad!” y yo he contestado cada vez “sí, sí, que pasen pronto” y han puesto un gesto parecido a una sonrisa cuando han escuchado la ocurrencia. Hasta mi compañera de trabajo se ha reído por lo bajo cuando oyó en una de esas ocasiones mi contestación al teléfono.
-¡Qué macarra!-
-¿Yooo? Los macarras son ellos que dicen frases hechas sin ningún sentido.
Creo que con la próxima persona que me diga feliz navidad me pondré agresiva, con tanta felicidad saliendo de los poros de esta ciudad, no puedo pensar con claridad. ¡Apelo a mi derecho a estar triste! No sé por qué, si dicen que éste es un país democrático, no se respeta a las minorías a las que no nos gusta la navidad, que no disfrutamos cantando villancicos y a los que la melancolía nos abrasa, estos días más que otros. Bueno, lo primero habría que realizar un estudio social y averiguar si realmente somos minoría o, por el contrario, cada año somos más, pero muy aislados y poco organizados. Si fuéramos conscientes de la gran mayoría en la que nos estamos convirtiendo, entonces podríamos emprender una gran agitación social que derrocara las fechas navideñas del calendario y suprimiera las tradiciones católicas de este país “tan laico”, jeje.
Lo mejor de las navidades es el día 5. No porque sea la víspera del Día de Reyes, sino porque por fin se ve un destello al final del túnel y sabes que en dos días se evaporarán todas las luces excéntricas de la ciudad, recuperarás tu compás de siempre, tal vez feliz o desdichado, pero sin la obligación de una cosa ni de la otra, como parece que transmiten estas odiosas fiestas. Ah, y también comenzarán los anuncios en todos los comercios invitándote a continuar consumiendo sin ton ni son, porque tienes que aprovechar las oportunidades. Bien, el sistema neoliberal continuará su ritmo.
Puede que mi reacción sea, después de todo, una respuesta a la oleada social general, que mi padre siempre me dice que a contracorriente nunca es fácil y yo me empeño una y otra vez, año tras año, deseando que estas terribles celebraciones hagan sus estragos lo antes posible para poder retomar tranquilamente lo cotidiano, sin luces que te deslumbren sin razones aparentes, ni canciones absurdas que la gente corea después de emborracharse, ni celebraciones católicas a las que atender si uno no quiere.
En su lugar, podría instaurarse la celebración del solsticio de invierno que, al menos, eso sí es un hecho objetivo.

DE LUNES

Ya lo sé, ya lo sé, no actualizo el blog desde ni se sabe. Hasta A. me ha preguntado qué pasa, que no escribo. Pues… nada… ¡y mucho a la vez! No he tenido ganas, me costaba poner en orden ideas, algún día me intenté enfrentar a la página en blanco, pero no salía nada digno, así que me he tomado un pequeño descanso. Obviamente me había abandonado la creatividad, ésa de la que nunca he tenido mucha; y me he sentido presa de un cúmulo de circunstancias entre las que también pesa la falta de tiempo. Pero ayer saboreé unos dulces momentos de dedicación a una misma.
Qué agitación la de estos días con el fútbol. Y yo, sin enterarme apenas, por suerte. Tan sólo escuchaba algunos comentarios de amigos, sobre la selección española y un campeonato europeo. Fue inevitable. Ayer por la tarde, unas cañas con amigos me invitaron a sentarme delante del aparato televisor. ¡Cuánta expectación! Hasta resultó entretenido aunque incapaz de disfrutarlo lo suficiente por todo lo que arrastra consigo este tipo de acontecimientos. En primer lugar, porque tengo serias dificultades para identificarme con la bandera española, impuesta… no lo llevo bien, cuando la veo evoco grandes desastres de la historia, de nuestra historia, y no puedo evitar sentir cierto rechazo. Por otra parte, la utilización que hacen de estos eventos grupos concretos para destacar la exaltación del patriotismo, ese patriotismo que a mi tampoco me integra. Y sin comentarios cuando divisé en el estadio las banderas del pollo (o águila).
Ayer me sentí una observadora social externa. Me imaginaba como un extraterrestre recién llegado a la tierra que presta atención a todo aquello que acontece, como un personaje de la canción de Ismael Serrano Habitantes de Alfa-Centauro encuentran la sonda Voyager.
Un partido (de lo que sea) me parece un gran entretenimiento, como irse al cine o jugar unas cartas, pero de todo lo demás, algo me sobra. Lo que siente la mayoría de la gente es una explosión de emoción inexplicable, irracional, cuando su equipo marca gol; y si gana, ni te cuento. Eso ocurrió anoche. La masa madrileña se lanzó a la calle a celebrar la Eurocopa (por fin me he aprendido el nombre). Coches portando banderas desde la tarde, pitidos, petardos que rompían el silencio de la noche, esas noches veraniegas de domingo que suelen ser tranquilas, apacibles. Algunos coches a toda velocidad, exaltación, gritos de “¡España, España!”, como si les fuera la vida en ello. Pensaba que qué suerte, ¿será que cambiarán sus vidas a partir de mañana? ¿Qué será lo que les ofrece esta victoria a todos ellos para que estén así de eufóricos y descontrolados? ¿Qué tiene de importante un partido de fútbol para que exista este paréntesis en el país? Un seguimiento que no tienen ni las elecciones presidenciales… y de esos resultados dependerá el tipo de políticas que se realicen en los próximos cuatro años. Pero no, lo básico en sus vidas era esa copa que ganaba la selección española de fútbol.
Una vez más, cuántas preguntas sin respuesta y lo curioso y peligroso que me parece todo esto. La gente se identificaba plenamente con el equipo, con su equipo, que no ganarían o perderían, sino que ganábamos o perdíamos, el fútbol como elemento integrador y de creación de pertenencia de grupo como creo que no lo hace ninguna otra cosa. Lo positivo es que ví a varios grupos de inmigrantes que también se sentían parte de esta expectación, llevando contentos las camisetas del equipo español.
Al finalizar el tiempo dedicado a las cañas y los amigos, de vuelta al barrio, crucé el bulevar, y entre todo ese jolgorio, una persona sin hogar, una mujer alcohólica, ajena a todo lo que sucedía (qué bien, ya somos dos), dormitaba el colocón en el banco de madera. Qué vida esta… como siempre, desbordada de contrastes.