El niño pequeño

Os copio este cuento… que invita a la reflexión sobre el sistema educativo y sobre su deconstrucción, para poder inventar otro sistema válido, integrador, creativo, reflexivo y mucho más libre.

Había una vez un niño que comenzó a ir a la escuela. Una mañana la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un dibujo”. “¡Qué bien!”, pensó el pequeño. Le gustaba mucho dibujar de todo: vacas, trenes, pollos, tigres, leones, barcos. Sacó su caja de lápices y empezó a dibujar, pero la maestra le interrumpió: “¡Esperen! Todavía no he dicho lo que vamos a dibujar. Hoy vamos a dibujar flores”. “¡Qué bien!”, pensó el niño. Le gustaba hacer flores, y comenzó a dibujar algunas muy bellas con sus lápices violetas, naranjas y azules. Pero la maestra intervino de nuevo: “¡Esperen un momento! Yo les enseñaré cómo se dibujan las flores”. Y tomando una tiza, pintó una flor roja con un tallo verde. “Ahora”, añadió la maestra, “pueden comenzar”. El niño miró la flor de la pizarra y la comparó con las que él había pintado. Le gustaban más las suyas, pero guardó silencio. Volteó la hoja y dibujó una flor roja con un tallo verde.

Otro día la maestra dijo: “¡Hoy vamos a modelar con plastilina!”. “¡Qué bien!”, pensó el pequeño. Le gustaba la plastilina y podía hacer muchas cosas con ella: víboras, hombres de nieve, ratones, carros, camiones. Empezó a estirar y amasar su bola de plastilina. Pero, al momento, la maestra interrumpió: “¡Esperen, aún no es tiempo de comenzar! Vamos a hacer un plato”. “¡Qué bien!”, pensó el pequeño.

Le gustaba modelar platos y empezó a hacerlos de todas formas y tamaños. Entonces la maestra le detuvo de nuevo: “¡Esperen, yo les enseñaré cómo!”. Y les mostró cómo hacer un plato hondo. El pequeño miró el plato que había hecho la maestra, y luego los que él había modelado. Le gustaban más los suyos pero no dijo nada. Sólo modeló otra vez la plastilina e hizo un plato hondo, como la maestra había indicado.

Muy pronto el pequeño aprendió a esperar a que le dijeran qué y cómo debía trabajar, y a hacer cosas iguales a las de la maestra. No volvió a hacer nada por sí solo.

Pasó el tiempo, y el niño y su familia se mudaron a otra ciudad, donde el pequeño tuvo que ir a otra escuela. El primer día de clase, la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un dibujo”. “¡Qué bien!”, pensó el pequeño, y esperó a que la maestra le dijera lo que había que hacer, pero ella no dijo nada. Sólo caminaba por el aula, mirando lo que hacían los niños. Cuando llegó a su lado le preguntó: “¿No quieres hacer un dibujo?”. “Sí”, contestó el pequeño, “pero, ¿qué hay que hacer?”. “Puedes hacer lo que tú quieras”, dijo la maestra. “¿Con cualquier color?”, preguntó él. “¡Con cualquier color!”, le respondió la maestra. “Si todos hicieran el mismo dibujo y usaran los mismos colores, ¡cómo sabría yo lo que hizo cada cuál!”, añadió. El niño no contestó nada, y bajando la cabeza dibujó una flor roja con un tallo verde.

 “El niño pequeño”. Helen Buclelin.

Cuando el mundo da vueltas al revés…

Ahora me acuerdo muchas veces de un libro que he mantenido perdido en mi memoria durante muchas años. No sé por dónde andará, imagino que en alguna caja del desván de mis padres. Se titula “Mercedes e Inés o cuando la Tierra da vueltas al revés” de Consuelo Armijo. Un título intensamente descriptivo para los tiempos que corren. Se trata de un libro infantil, pero no es un cuento, sino la historia de cómo una niña llamada Inés se hace amiga de Mercedes, una señora a la que se le ocurren todo tipo de cosas absurdas. Y, junto a ella, lo más sorprendente, grotesco o surrealista podía suceder. Es una historia genial, rebosante de fantasía e imaginación. Y recuerdo cómo mi maestra de… 4º ó 5º de E.G.B. se desternillaba de risa cuando leíamos en voz alta, en esas clases de lectura, alguno de los capítulos. Le encantaba su protagonista, Mercedes.

Y lo curioso es que a veces, muchas, más de las que me gustaría, siento que nosotros y nosotras estamos encadenados de alguna manera a esa historia, dando vueltas al revés. Sólo que en nuestro caso, no nos acompaña ninguna niña pizpireta ni ninguna señora resuelta con ideas de perogrullo. Ni tampoco hace reir, sino que produce una tristeza abrumadora, una pena insondable y profunda decepción. Eso me ocurre cuando abro la página cada mañana de alguno de los periódicos que suelo leer, pero hoy, más que otros días, no sabría decir por qué, tal vez por el hastío de varias semanas leyendo sobre lo mismo. Las noticias sobre tramas de corrupción nacionales e internacionales son las reinas de la actualidad. Crisis y más crisis con sus correspondientes reformas. Desahucios injustos y una banca devoradora de humanos. Televisión sensacionalista y cutre…

Como diría el gran Gandalf el gris, “aciagos tiempos nos ha tocado vivir”.

II Festival de Poesía Erótica

Ante la aceptación del I Festival de poesía erótica, tanto de público como de poetas que desean recitar, se pone en marcha una nueva edición, con siete poetas, que tendrán más tiempo para hacernos enrojecer.
Leerán sus textos más sensuales en un ambiente exclusivo, donde todo incita al erotismo. Los beneficios de los libros que vendan los autores irán a parar al Colectivo Hetaira, una asociación que se dedica a defender los derechos de las personas que ejercen la prostitución.
Se cobrarán 5 euros de entrada que incluye una consumición.

Poetas confirmados:
– Arantxa Rochet, Madrid (http://poekas.blogspot.com/2009/01/ayer-arantxa-rochet-muy-intimista.html)
– Belén Reyes, Madrid (http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2007/01/beln-reyes.html)
– Fanny Rubio, Madrid(http://www.fannyrubio.com/)
– Ferran Fernández, Málaga (http://www.ferranfernandez.com/)
– Hasier Larretxea, Madrid (http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/02/hasier-larretxea.html)
– José Ramón Huidobro, Madrid (http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2007/09/jos-ramn-huidobro.html), leído por la actriz Laura Camon.
– Rocío Santillana, Perú-Cuba (http://rociosantillana.blogspot.com/)

El cartel de esta edición está elaborado por:http://priscilla.com.es

El lugar de encuentro es ConSentido, espacio erótico-social: C/ Barco, 32. Madrid

Los príncipes azules destiñen

“La vida te da toques de atención, te dice no te duermas en los laureles.”
S.C.
Hay que reconocer que “la vida es una mierda”, como diría una de mis mejores amigas con la que suelo estar de acuerdo aunque intente luchar contra esta idea tan negativa. Pero, como también le apuntaba a otra colega, hay que saber rodearse de aquellas personas que nos hacen sentir mejor, que nos hacen esta vida más fácil y más amena. Y en eso estamos, intentando darme baños intensos de amigos y amigas que nos acompañan en los procesos vitales, en los insípidos, en los trágicos y en los inmejorables.

Anoche me tomé unas cañas con Blancanieves, que me comentaba divertida tras un par de cervezas que dejó a su príncipe azul porque se sentía hastiada de creerse tan poco lo de “comer perdices”. Blancanieves siempre va monísima de la muerte, con su pelo azabache y cortado según el gusto del mes. Dice que se aburre enseguida de su pelo y que necesita hacerse cambios. Y no creais que Blancanieves se conforma con cualquier corte de pelo, ¡no, qué va! Tiene que ser uno impactante. Ya me dice, que me va a llevar a su tienda de peluquería habitual, que me tengo que hacer algo con esta melena tan tediosa, darle un color más sugerente, pintarme los labios… Y yo, que dedico poco tiempo a darme vistosidad, más por comodidad que otra cosa, la miraba aturdida.
También decía estar cansina. Cansina de cansina, afirmaba, e insuperada [este término no acabamos de centrarlo sobre qué coño significaba, pero nos servía como descripción por aquello del absurdo] de darle vueltas a las búsquedas y a las reflexiones ensimismadas, que eran harto complicadas. Y que le había regalado a su sobrina de ocho años un libro titulado “Los príncipes azules destiñen”, un libro infantil que versa de cómo aprender a cuidarse una misma sin esperar ningún sueño romántico de esos que nos hacen interiorizar desde la infancia. ¡Qué buena idea! A mi sobrino también se lo voy a regalar pero un poco más adelante, que no ha cumplido todavía ni un año; porque al final estos mitos suelen ser los mismos para hombre y para mujeres, aunque se vivan de formas diferentes en función del sesgo de género que se introduzca en la educación.
Y entre la mala leche que estoy generando en las dos últimas semanas, y las reflexiones existencialistas de mi amiga Blancanieves, por las que sentí cierta melancolía, me acordé del acto sobre la despenalización del aborto al que acudí la semana pasada. Sí, ya sé que mi asociación de pensamientos a veces me hace perder el hilo narrativo.
El caso es que allí estaba yo con algunas de mi amigas (feministas), apoyado un acto el día previo a la presentación de la nueva ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo, un poco expectante ante las noticias que se filtraban desde del gobierno. Y como las feministas somos así, que una cosa nos lleva a la otra y viceversa, acabamos hablando de sexualidad y hay ocasiones en las que es imposible contener la risa ante algunos discursos. Volviendo un poco al absurdo, el convencimiento de ser feminista suele generar algunas circunstancias de esquizofrenia, o por lo menos es lo que exige una parte importante del movimiento feminista con la que no me siento nada identificada, que especialmente las mujeres heterosexuales feministas se vean entre la espada y la pared para conciliar su ideología con sus compañeros sexo-afectivos. Seguro que más de una de mis amigas lesbianas, me dirían “te crees tú que las demás lo tenemos fácil”.
Menos mal que un día encontré a las hetairas, que muy lejos de dificultarte la vida, te la hacen más cómoda en ese sentido, aunque seamos mucho más políticamente incorrectas… pero es que una parte importante de lo que somos y lo que nos identifica son las decisiones que tomamos.

Grisélidis Réal

“La prostitución es un arte, un humanismo y una ciencia”
Grisélidis Real. Escritora, pintora y prostituta suiza
31 de mayo de 2005 es la fecha de la muerte de Grisélidis Réal. Tal vez este nombre no os diga nada, o tal vez ya habéis podido degustar el brillante documental de Harmonía Carmona, titulado Muerte de una puta (2005), que tiene como hilo argumental la vida y vicisitudes de Grisélidis. Murió en Ginebra y fue la prostituta más célebre y mediática de Suiza. En las últimas semanas ha vuelto a ser noticia en su tierra y os contaré el motivo a través de las palabras de los miembros de Aspasie, asociación suiza, fundada por la propia Grisélidis Réal y que trabaja por los derechos de las trabajadoras/es del sexo:
“Tras el anuncio por las autoridades de la Ciudad de Ginebra que el cuerpo de Grisélidis Réal será trasladado al “cimetière des Rois” (cementerio de los Reyes), una virulenta polémica se ha desarrollado.Varias personalidades que han marcado la vida de Ginebra y de otras partes del mundo descansan en este cementerio: políticos, artistas, filósofos y entre ellos algunas mujeres (pero muy pocas). Desde hace dos semanas, artículos, cartas de lectores, mensajes en los blogs, emisiones en la radio, etc. han aparecido todos los días. Algunas personas están indignadas, horrorizadas por la idea de que una prostituta sea enterrada en el mismo lugar que Calvino y otras personalidades. Estos comentarios están generalmente moralistas o despectivos. Otros creen que es justo que Grisélidis descanse en el “Père Lachaise” de Ginebra para honrar a su extraordinario compromiso humanista contra todo tipo de opresión, a su obra literaria y artística, y a su lucha por los derechos de todas las personas prostitutas de todo tipo y origen.La última voluntad de Grisélidis fue la de ser enterrada en este prestigioso lugar. Deseaba que el epitafio en su lápida sepulcral dijera: “escritora, pintora, prostituta” para sostener la lucha por el respeto y la dignidad de los trabajadores y las trabajadoras del sexo.La obra de Grisélidis es conocida en Ginebra, pero pocas personas saben cómo ella ha inspirado, animado, apoyado las luchas en otros países.
Sería un placer si pudiera enviar su opinión (en su idioma) al encargado del Departamento de la Cultura de la Ciudad de Ginebra:
patrice.mugny@ville-ge.ch con una copia al alcalde de Ginebra manuel.tornare@ville-ge.ch y al Centro Grisélidis Réal centregriselidisreal@gmail.com.”
La mejor manera de conocer la biografía de esta incansable mujer y de acercanos al lejano mundo que puede parecernos el tímido movimiento organizativo de prostitutas en Europa, puede ser mediante Muerte de una puta, película documental de una sensibilidad exquisita e incluso buena fotografía que te arrastra por paisajes fuera de lo común: prostitutas de Bélgica, Suiza, Italia y España que comparten con Grisélidis Real la fortaleza para reivindicarse como trabajadora del sexo y no morir en el intento, rompiéndote los esquemas. Personas que narran su experiencia en la prostitución y que militan en asociaciones de toda Europa trabajando por el reconocimiento de derechos del trabajo sexual. Para quitarse el sombrero es la resuelta y atrevida entrevista de Harmonía a Sonia Verstappen, que trabaja ofreciendo servicios sexuales desde una vitrina de Bruselas: “Si pudiese cambiaría muchas cosas de mi vida, pero no mi profesión”. Sin tapujos.
Si deseas sumergirte en la vida de Grisélidis Real, puedes leer su novela autobiográfica “El negro es un color”, Ediciones Bellaterra.

Los románticos

“Una extraña agitación mental, un rumor creado por azarosos recuerdos y pensamientos, me mantenía con los ojos abiertos. En un momento dado, renuncié a mis esfuerzos por dormirme, me quedé quieto en la litera, escuchando el traqueteo y el movimiento de las ruedas, y esperé que llegara el nuevo día, un día que parecía reservarme algo de gran importancia.
Y en esa postura me fui quedando dormido.”

Los románticos. Pankaj Mishra. Ed. Anagrama
Acabo de terminar una novela titulada “Los románticos”, de un autor indio. El contexto histórico te sitúa a finales de los ochenta, principios de los 90, cuando un joven indio universitario, apasionado de la literatura, se traslada temporalmente a Benarés a estudiar y allí descubre a un grupo de personas occidentales, algunas afincadas ya en el país, que están buscando experiencias diferentes en Benarés.
Con la narrativa del protagonista en primera persona, el autor va desvelando los escondrijos de los personajes. Algunos guardan grandes secretos durante décadas, sus sinsabores y sus paradojas, siendo capaz de mostrar los contrastes de la idiosincrasia occidental e hinduista, tan contradictorios en los ojos de Samar, sin tener como objetivo que juzgues ninguno de los dos pensamientos y estilos de vida.
Son muchos los recuerdos recientes que evoca la lectura, los malos olores, los excrementos de vaca, las infraestructuras desvencijadas por doquier, el calor húmero y sofocante, algo del carácter de sus habitantes… junto a buenos ratos y aprendizaje compartidos. Mentiría si a veces no fuera capaz de transportarme directamente al país mientras leía cada capítulo, acompañando a Samar incluso en los viajes en tren, siendo testigo de las vivencias del muchacho ensimismado.

Redescubrir

Lo que son las noches en vela… Hablaba hace un rato con una amiga sobre la comunicación humana, no en tono trascendental sino sobre la comunicación de andar por casa, lo normal del día a día y lo difícil que parece entendernos y las diferentes interpretaciones que pueden darse sobre un mismo hecho, sobre el tono de una expresión verbal, por ejemplo. Y es que a veces, los motivos de los desencuentros residen en grandes chorradas o en importantísimos detalles minúsculos que no hemos interceptado.
Hoy he podido disfrutar de un paseo por mi barrio, a una hora en la que no suelo estar por aquí, una mañana de un día laborable. Fui a paso de jubilada, tampoco podía ir a mucha más velocidad, mientras redescubría diferentes escondrijos a una hora desconocida para mi. He visitado por primera vez en mucho tiempo la biblioteca municipal, junto al bulevar. Miré las películas, me cogí dos, La educación de las hadas y Rompiendo las olas (ya os contaré, no os libráis seguro); revisé los libros, me llevé tres, dos de poesía, para intentar relajar la mente (de la generación del 27 y de Benedetti) y, el último, ha sido una curiosidad, “La tienda de los suicidas”. Es que estoy practicando el humor negro, que últimamente se me está dando bien y pensé que ésta podía ser otra buena oportunidad. Trata de una familia que regenta una tienda donde se venden todo tipo de artículos para quitarse la vida. La familia, como no podía ser de otra manera, es un poco tétrica hasta que tienen un niño encantador y simpático, muy alegre, con el que ver peligrar la continuidad del negocio. Me lo llevé entusiasmada, hacía varios meses que no me ilusionaba tanto un libro.
También pensé en qué hacer el resto del día, si leer noticias de periódicos, archivar papeles o ponerme a estudiar, un desastre cualquier intento de concentración. Y mientras estaba intentando ordenar mi debacle mental, recordé lo contento que se puso un chico inmigrante, un poco tiradillo, de los que deambulan por el bulevar, emocionarse igual que yo pero porque la biblioteca ¡no cerraba a medio día, tiene horario continuo! Exclamó con regocijo un ¡qué bien, entonces me puedo coger una película ahora para verla y devolverla más tarde! Le miré con una sonrisa, me devolvió una expresión parecida a la mía con el libro elegido entre las manos.
¡Coño! Qué instantes disfrutados por cada uno con su pequeño redescubrimiento. Y me gustó la sensación de cotidianeidad rara, la idea de la lectura y volver a casa con mi tesoro, eso sí, con el mismo paso lento con el que salí.

DE CUENTO

Anoche vino a verme Cenicienta. La habíamos concebido como una visita rápida, de dos amigas que hace tiempo que no se ven pero tampoco disponen de demasiadas horas libres para disfrutar juntas. La noté algo mohína, con sus harapos de siempre, que marcaron tendencia en su época, y con la cara manchada de su eterna ceniza.
Chica, estoy harta de esperar– comentó con resignación desmedida, seguido de un suspiro.
-¿A qué te refieres?- le pregunté.
Pues que llevo años esperando que alguien venga a ponerme el zapatito de cristal y no hay forma.-
Joder, Cenicienta, ¿te creíste el cuento? Tantos años perdida en el bosque de Blancanieves y ¿no has aprendido nada? – le respondí. -Los príncipes azules, por suerte, no existen. Los descubrimientos que te has perdido, Ceni…¿Pero qué quieres? ¿Pasarte la vida encerrada en un palacete, con unos zapatos de cristal que te provocarán juanetes y que te limitan el movimiento?-
Me miraba alucinada: -Chica, tú ya no eres la misma desde que te juntas con esas feministas. […] Me siento muy sola…-
La soledad, que tema tan interesante a la par que abrumador– comenté poco entusiasmada. ¡Que nos han vendido la moto, Cenicienta!- le contesté con el acento más vallecano que pude. –Mira, te voy a dejar un libro de un psicólogo social que se llama Carlos Yela, verás como se te caerán una serie de mitos que tenemos interiorizados, hombre y mujeres…- Y continué… –Tiene gracia, hace semanas, en el metro, cuando me miré en el cristal de la puerta, el reflejo me devolvió a una mujer adulta, que no era fácil de convencer, que miraba gravemente a su alrededor y se sentía un poco alienígena. ¿Tú no te sientes así?-
Sí, pero por otros motivos– y comenzó a llorar desconsoladamente.
Verla así y saber que ya no había nada que le pudiera decir para que se sintiera mejor, me decidió para llamar a mi amigo Drácula, que no era la mejor opción, pero fue el que se me ocurrió. El colega vino volando apresuradamente desde su castillo de Transilvania al saber que le esperaba una joven virgen (¿?) a la que chupar la sangre. Les presenté. A Drácula se le caía la baba a pesar de las pintas cenizas de mi amiga. Ella dudó más al verle, pero descubrió una oportunidad para cumplir su sueño de comer perdices. Total, que se quedaron a cenar y después, mientras yo me estaba quedando dormida en el sofá, se la llevó volando hacia el Templo de Debod, buscando intimidad. Debió funcionar la cita porque según me cuenta Cenicienta en los mails que he recibido desde Transilvania, está muy contenta con este hombre que le chupa la sangre casi cada noche. Esperan ya a un Draculín y aunque el castillo es un poco lúgubre, ella le está dando su toque de ceniza.
Hay que joderse, tantos años de lucha feminista para que luego la Ceni acabe así… Bueno, ella dice ser feliz. Hay gustos para todas, pensé, pero no sé quién es ahora más extraterrestre.

YA NO SOMOS INVENCIBLES

“Acaba de empezar
mi aventura en esta ciudad
y ya me he vuelto loca de pensar
que no sé donde estás
No es que te vaya a buscar,
pero verte no está de más,
y yo qué hago aquí si éste no es mi lugar
Aquí tampoco soy feliz […]
Y mis ojos tóxicos no quieren ver
ni sostener…
que ya no somos invencibles
ni increíbles
Tú y yo ya no nos queremos
y por eso no nos vemos
Ya no somos invencibles. Tulsa. Disco “Sólo me has rozado”
Hace años leí “Crecimiento Económico con Equidad, lecciones del Este Asiático”. En su momento significó un impacto personal porque el autor, Kevin Watkins, planteaba un modelo cuyos principios se sustentaban en la erradicación de la pobreza, el crecimiento con equidad y el compromiso político. Y en la fecha en que se editó el libro, 1999, se hablaba mucho en la facultad de este tipo de cuestiones.
El caso es que tiempo después, este mundo nuestro parece no haber avanzado en ese sentido un ápice, es más, va como el cangrejo. La pobreza, según el G8, la erradicarán en el 2050… ¡ansiado año en el que marcaremos una nueva promesa incumplida! Mientras que la equidad y el compromiso político son conceptos, nuevamente, que sólo entienden unos pocos mandatarios y una pequeña parte de la población mundial. Unos porque están tan inmersos en este sistema tan desigualitario y caprichoso, que ni se plantean que pueda haber otro; y es cierto que uno de los grandes éxitos del capitalismo es que ha convencido con la idea de que es el mejor de los sistemas económicos. Por otro lado se encuentran otros millones de personas, los desposeídos, los desheredados, cuya primera preocupación la ocupa buscar qué se llevarán a la boca al día siguiente.
Por eso, entre las muchas cosas que me rondan la cabeza últimamente, me acordé del título de la canción de Tulsa, que da nombre a esta entrada. Debe ser que los comienzos del otoño, esta estación que ya empieza a adivinarse entre las temperaturas más frescas y el hecho de añadir una manta en la cama, conlleva algunas melancolías, ganas de recogimiento, cierta apatía… Y es que dicen los psicólogos que el otoño y la primavera son las estaciones más “peligrosas” para los estados de ánimo.
Tantas cosas por cambiar que imaginas que poniendo tu granito de arena, algo se hará, y te esfuerzas por combatir argumentos, intentar buscar coherencia entre la idea y la praxis, también a nivel personal, porque se predica con el ejemplo… Pero hay momentos en que no se puede más, ni política, ni personal ni vitalmente en general, como que te cansas de que las cosas no sean como uno espera, o mejor dicho, como no esperabas.
Hay una persona que a veces me dice que me revise los efectos del Síndrome de Ulises. La primera vez que me lo dijo, le contesté con una burla, pero luego entendí su sentido. Como ya sabéis, Ulises es el protagonista de La Odisea, un personaje mitológico que añoraba su casa pero no podía volver a ella. En la actualidad, este fenómeno viene representado por una serie de problemas socio-afectivos que afecta a todo tipo de inmigrantes, más allá de los problemas económicos y legales ya conocidos. Joseba Achótegui, el psiquiatra que le dio nombre a este mal, lo define como una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: soledad, sentimiento interno de fracaso, sentimiento de miedo y sentimiento de lucha por sobrevivir.
Y a lo que voy es que aprender a reconocerse en un constante estado de emergencia, de autodefensa, y a sobrevivir a los naufragios pasa factura, no cabe duda, y también agota. A veces se necesitan señales para saber que uno no está en el camino equivocado.
Ideológicamente, esta semana he tenido una señal: los periódicos anunciaban con bombo y platillo la intervención económica del gobierno estadounidense como respuesta a la crisis. ¡Anda! El país ejemplo del neoliberalismo, saltándose las normas que enunció sagradas? ¿Qué ha sido de la mano invisible? Tanto tiempo defendiendo la idea de un estado intervencionista, escuchando burlas y comentarios fuera de tono, y resulta que teníamos razón, que mala idea no es cuando la deben utilizar para que su “magnífico” sistema no se derrumbe (por el momento).
Todo pasa, todo queda…

PELÍCULAS (III)

Siguiendo con la fuente inagotable que es el cine, principalmente por lo mucho que me hace pensar en unas ocasiones y evadirme en otras, el fin de semana pasado tuve (tiempo ¡bien!) la oportunidad de ver un par de películas. Pequeña Miss Sunshine me aportó una buena crítica de la sociedad actual, en concreto de la estadounidense, aunque hay muchas características que pueden extrapolarse fácilmente al resto de la sociedad occidental. Dicen que es una comedia pero no me dio esa impresión. Creo que es un auténtico drama con gotas de humor, que pueden hacerte soltar una carcajada pero en otras escenas, ese mismo tono burlón, le proporciona más realismo absurdo y mayor intensidad a la tragedia. El ambiente familiar y el tono del guión me recordaron a American Beauty, el sueño americano como inspiración, ese sueño que dicta que si no tienes dinero, si no consigues tu meta en la vida (basándose sobre todo en la obtención de bienes materiales), eres un perdedor, un fracasado. La presión a la que sometes a los demás, pisar cabezas para conseguir lo que quieres y la exaltación de la belleza superficial es el camino de baldosas amarillas que te llevarán “al sueño”.

Otra película fue Atrapado en el tiempo. Sí, poco original, ¿verdad? Cuando hablé de ella con varias personas, ya todas las habían visto, es mi sino. En gran parte, me dio para pensar sobre la sensación de libertad, que necesariamente no tiene por qué ser real; también me recordó el libro de Erich Fromm “El miedo a la libertad”, uno de mis libros de referencia . El agobio que transmite el protagonista es justo ése, el de no poder salir del límite espacio-tiempo, que lo mantiene permanentemente estático, haciendo cosas diferentes en el mismo día, minutos y horas que se repiten una y otra vez hasta el infinito y sin la posibilidad de escapar de la esfera temporal ni espacial aunque lo intenta desesperadamente. Pues me he preguntado más de una vez a lo largo de la semana, ¿cómo sería revivir el mismo día varias veces? ¿Y cuál de mis días? No sé si querría elegir alguno concreto… Y es cierto, podrías volverte loco de remate fácilmente y eso que muchas personas hacemos lo mismo día tras día, también atrapados en nuestra rutina, pero aparentemente, la entendemos como una rutina elegida. ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de decisión? Y es que tiene algunas similitudes con la nueva película de Nacho Vigalondo, que se dirige a sí mismo como actor secundario en Cronocrímenes. Evidentemente, tramas muy diferentes, Atrapado en el tiempo tiene más connotaciones de pastel y Cronocrímenes te presenta a un tipo muy normal, que acaba un poco desquiciado por la repetición de los mismos hechos y soprendido por la perversión de aquello a lo que puede llegar para recuperar sus aburridas costumbres, ¿o no las perdió nunca?
Interrogantes sin contestar, al menos invita a darle un poco al coco, aunque algunos de los inventos del guión tienen lagunas, o a lo mejor es que no he sabido encontrar la explicación (aún).