Escuela Pública: de tod@s para tod@s

La Constitución de Cádiz de 1812 contiene un artículo donde ya presupone y salvaguarda el derecho a la escolarización. Este proceso comprendía  un aprendizaje básico a leer, escribir, el catecismo y los valores civiles. No era una cuestión de política global sino local, gestionado por los municipios.

Curiosamente, es a partir de la II República cuando surge el concepto de escuela pública que hoy (des)conocemos,  en el que se integró la importancia de la formación de formadores (maestros), la elaboración de partidas para este menester en los presupuestos y que ofreció un complemento cultural (des)integrado.

En el período del franquismo, en nuestro país había un millón de niños sin escolarizar. Por ello, en la transición y, posteriormente, en democracia, se estableció el derecho de toda persona a la educación, al pleno desarrollo humano (artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos). Por ello, los poderes públicos se comprometieron a garantizar el desarrollo de la educación pública como un derecho social y no individual (artículo 27 de la Constitución Española).

Sin embargo… desde 2009 a la actualidad se ha recortado más de medio millón de euros de desembolso en educación, que realmente no es un gasto, sino una inversión en los ciudadanos del mañana, que tengan un espíritu crítico, reflexionen, inventen, gestionen su creatividad, aprendan a convivir… en definitiva, en una educación integral y una escuela democrática que fomente la participación. Hasta hace muy poco, se entendía que un servicio público, como es la educación, era universal, donde se garantizaba la igualdad, la obligatoriedad, facilitaba la movilidad social, luchaba contra el fracaso escolar, disponía de una función compensatoria para quienes tenían dificultades en el aprendizaje… Una escuela pública inclusiva.

Una escuela pública de todxs para todxs supone la no reproducción de las jerarquías ni sus elitismos y parece que esto no gusta a un sector de la población anclado en el pasado. Es muy conocido cómo la represión se cebó sobre todo con los maestros republicanos en la etapa franquista y esto no fue una casualidad, por los valores que representaban.

La Comunidad de Madrid es, desgraciadamente, un claro ejemplo de desmantelamiento gradual y continuo de la escuela pública. Esta escuela pública joven, un concepto reciente y, por tanto, vulnerable. Una administración pública que segrega al alumnado con un ranking de excelencia de sus centros educativos. Por lo tanto, es obvio que no les importa cuidar a todos por igual, unos valen más que otros para el gobierno de esta comunidad rompiendo el principio de igualdad. Defiende la existencia de institutos de excelencia, donde vayan lxs mejores estudiantes, fomentando la segregación. Una comunidad que ofrece ventajosas deducciones fiscales a quienes lleven a sus hijxs a centros privados, mientras que reduce las partidas dirigidas a la educación pública. Una comunidad que está desintegrando los programas de compensatoria dirigidos a aquellxs alumnxs con mayores dificultades escolares. No les interesan, por tanto, no invierten. Y esto son tan solo unas brevísimas pinceladas de cómo se mercadea en nuestra comunidad autónoma con la educación pública.

Os aconsejo la lectura del manifiesto de la Plataforma por la Escuela Pública de Vallecas, donde expresan, con mayor rigor, todos los puntos clave de esta lucha, que debe ser la de tod@s.

Todo país que descuida su educación, está condenado al fracaso. Rafael Robles, profesor de filosofía del instituto Los Batanes de Viso del Marqués (Ciudad Real).

Nota: post elaborado con información proporcionada por Agustín Moreno, profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid.

No es una crisis, es una estafa

Estas son una serie de ideas que he recogido de una conferencia de Bibiana Medialdea, economista crítica y profesora de Economía Aplicada. Una ponencia que trataba de acercarnos al entendimiento de la situación económica de una forma amena y, sobre todo, algo que es de agradecer, con un lenguaje comprensible para quienes no somos expertxs en la materia.
Durante los últimos meses, mientras la tasa de paro engordaba irremediablemente y escuchaba las noticias sobre la situación crítica de Grecia me preguntaba por qué cuando nos han explicado el origen de la crisis como algo financiero, de repente han sido los estados quienes tienen los problemas de financiación. Y por qué la deuda pública se convertía en la mayor dificultad para nuestros estados y una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.
Como en cualquier economía, sea familiar, empresarial o de cualquier otra índole, el empeoramiento de la crisis tiene que ver con una disminución muy sensible de los ingresos de un estado. El estado recauda a través de los impuestos, dinero que obtienen a través del consumo. Y ha sido notable su rebaja desde el año 2007, con lo cual había una necesidad urgente de endeudamiento. Y también, cómo no, se ha desatado un incremento sustancial de los gastos, especialmente debido a las prestaciones económicas, subsidios por desempleo, también a la extensión del fraude fiscal pero, sobre todo, por los rescates bancarios. Cantidades astronómicas que los estados, entre ellos, España, ha donado a la banca.
Desde los años 2007/2008 en la economía mundial, especialmente en la economía europea, se estaban produciendo crisis bancarias generalizadas, es decir, los sectores bancarios privados acometieron actividades muy arriesgadas pero muy rentables, hasta que más de una operación de especulación salió mal, muy mal. Fue entonces cuando el objetivo prioritario de la intervención pública se basó en salvar al sistema bancario a través de rescates (que los medios de comunicación llaman inyecciones), rescates directos a través del regalo de dinero público y rescates indirectos mediante avales que se hacen efectivos muchas veces.
[Nota: Lo curioso es que la política del BCE, en sus estatutos, tiene prohibido el respaldo económico a los estados, pero sí puede ofrecer crédito ilimitado a la banca privada con tipos de interés subvencionados de un 1%.]
¿Qué ha hecho la banca con todo ese dinero público regalado?
Sabemos que el sector bancario privado es el que sostiene el crédito. El discurso oficial es que las autoridades gobernantes, en vez de intervenir directamente en la economía de su país, les han proporcionado el dinero a los bancos para reactivar la economía de las familias.  
¿Cuál es la realidad? Que la banca, con una situación financiera discutible, ha optado por no transferir el crédito a la economía sino que lo aplican en unos fondos muy rentables llamados DEUDA PÚBLICA. Por lo tanto, al suministrar dinero a los bancos, aumenta la deuda pública, que es, a su vez, la que compran los bancos con ese dinero regalado. Parece un chiste, pero no, es una estafa. De esta manera se aseguran el reciclaje del dinero: un sector bancario con dinero público que compra deuda del estado, una inversión segura y rentable por el tipo de interés.
¿Quién pagará esta deuda pública? Al parecer, hay tres escenarios posibles:
1.      Si todo va como esperan las autoridades, quienes la financiaremos somos los contribuyentes, que para eso pagamos impuestos. En toda la periferia europea, a la que nuestro país pertenece, los impuestos provienen de rentas del trabajo y menos de un 20% proviene del capital. Un poco mal repartido, ¿no? Incluso cuando todo ha ido “bien”, años atrás, los estados han estado favoreciendo más al capital: nos lo quita a quienes menos tenemos, la ciudadanía, para dárselo a grandes inversores y a quienes detentan el poder económico. La deuda estará socializada, la pagaremos entre todos, no la pagarán más quienes la han creado, ni quienes más tienen.
2.      Si existen dificultades para afrontar el pago de la deuda es cuando se genera esta situación que hemos tenido en el estado español: “pérdida de confianza de los mercados”. El estado tiene que dar señales de que posee los recursos para pagarla y si no, que va a esforzarse para conseguirlo. Como hemos visto (y lo que nos queda por ver), al final, los ajustes económicos recaen, una vez más, sobre la población más vulnerable y quienes está en peores condiciones. Se trata de una cuestión de prioridad, de dónde prefieren gastar el dinero. Y parece claro que, antes que en educación o sanidad, van a preferir los ajustes para el pago de la deuda, ya que los mercados se lo exigen.
3.      Si las previsiones de los gobernantes se tuercen, como es el caso de Grecia, se puede dar “el rescate”. Se liberan fondos para el estado, que no podrá disponer de ellos realmente porque desembocarán directamente a quienes han comprado su deuda pública. Como veis se trata de un rescate a los bancos, no a los estados. Esta vía sale aún más cara y no hace más que agudizar la crisis, vamos, la pescadilla que se muerde la cola.
Y todo esto sucede en un contexto en el que la crisis fiscal también sirve a los bancos para obtener beneficios por las reestructuraciones de la deuda, que significa que tienen más plazos y mayor intereses que llevarse a la saca.
Sinceramente, ahora más que nunca comprendo el lema de la gente que grita en la calle que “no nos representan”. Y es más, empiezo a ver claramente que la desobediencia a los mercados es nuestra única opción para no ceder al chantaje ni a las imposiciones del Pacto del Euro. ¿Qué pensáis vosotrxs?
Para más información podéis descargaros de forma gratuita un libro muy reciente de economía crítica y muy fácil de leer, titulado “Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan. Once respuestas para entender la crisis”.

Me uno al manifiesto por un consumo solidario

Los sindicatos han convocado una huelga de consumo para el día 18 de febrero. Los miembros del grupo REdSISTENCIA (hashtag #REdSISTENCIA) apoyamos dicha huelga, pero queremos aportar nuestras propuestas para una movilización más general, continua y, a la larga, eficaz.

Esas propuestas se concretan en el “Manifiesto por un consumo solidario”:
  
Compañer@s trabajador@s,

Nadie ignora la agresión que, desde hace muchos años, venimos padeciendo por parte de todos los estamentos del poder, fundamentalmente el económico. Tras años de salarios congelados, el colectivo de trabajadorxs públicos, ha visto como se le han aplicado recortes en dos ocasiones en poco más de un año. En estos momentos, la situación se agrava dramáticamente con los recortes en los servicios que se prestan a los ciudadanos.

El resto de trabajadorxs en toda Europa, pero con mayor virulencia en nuestro país, padece las consecuencias de un aumento continuo del paro, una mengua en sus salarios y condiciones laborales, y serias pérdidas en sus derechos sociales y sindicales.

Y esto no ha hecho más que empezar.

Al mismo tiempo, lxs trabajadorxs del sector público sufren una campaña de menosprecio a su trabajo, no desprovista de calumnias y medias verdades, presentándolos frente al resto de la ciudadanía como un grupo de privilegiadxs, vagxs e incompetentes; como unas rémoras  que están impidiendo la recuperación económica del país. Esta campaña puede hacerse extensiva al resto de trabajadorxs, enfrentándolos a lxs desempleadxs por el mero hecho de tener trabajo: “Divide y vencerás”. Es un lema militar, que se aplica de modo natural en esta crisis-guerra-lucha de clases.

Al poder les conviene que estemos divididxs, que no seamos capaces de fijar nuestros verdaderos objetivos, y que no sepamos discernir quiénes son los enemigos en esta lucha. Lamentablemente, lo están consiguiendo.

Sin embargo, los grandes cerebros del FMI y el Banco de España empiezan a advertir que con tanto recorte se retraerá el consumo. Y sin consumo, no podrán arrancar las economías de los países, generando más desempleo. Y -lo que realmente les importa- no se podrá pagar la deuda.

No sería raro que esas mismas instituciones acabaran por acusar a los empleados públicos de desacelerar la recuperación del país. ¿Por qué no iban a hacerlo una vez más? Ya les acusaron de vivir por encima de sus posibilidades. Aún les acusan de ser un lastre para la economía. Y ahora, podrían ser los responsables de la caída del consumo, puesto que, aun viendo mermados sus ingresos, continúan estigmatizadxs por el sambenito de ser unxs privilegiadxs al mantener sus puestos de trabajo. Acusaciones todas, de la primera a la última, falaces.

Por todo lo anterior, queremos proponeros un cambio en nuestros hábitos de consumo. Consumamos en la medida de nuestras posibilidades, pero hagámoslo de un modo “creativo”, pensando con detenimiento a quién favorecemos con cada compra que hacemos.

Esta es nuestra propuesta:

Consumamos lo que necesitamos pero favoreciendo, siempre que podamos, a los pequeños comercios, negocios y empresas, impidiendo al mismo tiempo, que la Banca siga lucrándose de forma usurera con  nuestro consumo.

Si la compra resulta un poco más cara, debemos pensar que esos pocos euros que ahorramos consumiendo en grandes empresas se detraen, en parte, de las condiciones laborales de sus trabajadorxs, de las inversiones poco limpias de esas empresas, de la explotación indiscriminada de la agricultura, la pesca y la ganadería. No debemos tolerar que nadie use tu dinero para presionar al gobierno con el objetivo de conseguir mayores beneficios para ellos y mayores recortes para nosotrxs.

Pensemos también en el colectivo al que –en cierto modo- ayudaríamos. Los autónomos y pequeños empresarios son el patito feo de nuestra sociedad. La patronal los pone por delante en sus negociaciones, puesto que efectivamente son los más desfavorecidos, pero se olvidan de ellos en sus reivindicaciones, que pasan siempre por pedir peores condiciones laborales para los trabajadores. Estas peticiones en nada favorecen al pequeño comerciante, al autónomo, al pequeño empresario que ve cómo le pisotean los mismos que dicen defenderlos, haciéndoles competencia desleal, presionando a la baja con precios inasumibles, imponiendo horarios que ellos no pueden seguir.

Nada pueden imponernos acerca de nuestro consumo. Nuestros conciudadanxs, que lo están pasando tan mal o peor que nosotrxs, se verían favorecidos, y aquellos que dicen defenderlos no podrían decir nada, pues eso es lo que haríamos: defender lo que ellxs afirman defender.

Por todo ello, si estás de acuerdo con nosotrxs:

  • Procura consumir, siempre que sea posible, en los comercios de tu ciudad. Los tienes cerca y aunque gastes algo más, lo estás invirtiendo en calidad de vida para todos. De esta forma no subvencionarás a quien te insulta abiertamente, como el dueño de la cadena Mango o Adolfo Domínguez, entre otros. Los beneficios de estas cadenas los mantienen en una auténtica posición de privilegio desde la que pueden hacer mucho daño a toda la ciudadanía.
  • Si no queda más remedio que acudir a una gran empresa o comercio, intenta averiguar cuáles de ellas tienen mejores condiciones laborales, cuáles explotan menos el medio ambiente, cuáles pertenecen o no a grupos de presión. Intenta no cribar sólo por el precio, porque cualquier euro que ahorremos hoy, puede ser pan para hoy y hambre para mañana.
  • Procura comprar en aquellos comercios o empresas que facilitan el consumo a los desempleadxs, mediante descuentos o facilidades en el pago. No hay demasiadas aún, pero estamos convencidos de que, si con nuestro apoyo facilitamos su labor y la difundimos, cada vez habrá más.
  • Trata de pagar siempre en efectivo, sobre todo en el pequeño comercio. Conseguiremos dos objetivos: que el comerciante no tenga que pagar comisiones por la venta y que su banco deje de ganar dinero con operaciones a crédito por las que nos cobran intereses que superan la usura.
  • Plantéate  cambiar de banco. Busca uno que no invierta en asuntos sucios como especular con alimentos, presionar con la deuda de un país o invertir en armas. La banca ética puede ser una opción, pero no es la única. Hay que informarse, porque no toda la banca es igual. Si somos clientes de un banco cuyos dirigentes aconsejan la reducción de más prestaciones sociales o laborales, debemos  plantearnos  recortarles  a ellos sus beneficios.
  • Procura repostar en gasolineras con dependientes en los servidores. Ten en cuenta que los establecimientos autoservicio han eliminado un buen número de puestos de trabajo. Este factor se traduce en un incremento de beneficios dado que no implica menor importe, además muchas veces ni siquiera te ofrecen el servicio adecuado (guantes, papel de manos, etc.)

En nuestras manos está. Podemos conseguirlo. Podemos poner nuestro pequeño grano de arena, humilde, pero creativo, social y solidario.

HAZ DEL CAPITALISMO TU CLIENTE.

Cuando el mundo da vueltas al revés…

Ahora me acuerdo muchas veces de un libro que he mantenido perdido en mi memoria durante muchas años. No sé por dónde andará, imagino que en alguna caja del desván de mis padres. Se titula “Mercedes e Inés o cuando la Tierra da vueltas al revés” de Consuelo Armijo. Un título intensamente descriptivo para los tiempos que corren. Se trata de un libro infantil, pero no es un cuento, sino la historia de cómo una niña llamada Inés se hace amiga de Mercedes, una señora a la que se le ocurren todo tipo de cosas absurdas. Y, junto a ella, lo más sorprendente, grotesco o surrealista podía suceder. Es una historia genial, rebosante de fantasía e imaginación. Y recuerdo cómo mi maestra de… 4º ó 5º de E.G.B. se desternillaba de risa cuando leíamos en voz alta, en esas clases de lectura, alguno de los capítulos. Le encantaba su protagonista, Mercedes.

Y lo curioso es que a veces, muchas, más de las que me gustaría, siento que nosotros y nosotras estamos encadenados de alguna manera a esa historia, dando vueltas al revés. Sólo que en nuestro caso, no nos acompaña ninguna niña pizpireta ni ninguna señora resuelta con ideas de perogrullo. Ni tampoco hace reir, sino que produce una tristeza abrumadora, una pena insondable y profunda decepción. Eso me ocurre cuando abro la página cada mañana de alguno de los periódicos que suelo leer, pero hoy, más que otros días, no sabría decir por qué, tal vez por el hastío de varias semanas leyendo sobre lo mismo. Las noticias sobre tramas de corrupción nacionales e internacionales son las reinas de la actualidad. Crisis y más crisis con sus correspondientes reformas. Desahucios injustos y una banca devoradora de humanos. Televisión sensacionalista y cutre…

Como diría el gran Gandalf el gris, “aciagos tiempos nos ha tocado vivir”.

Mayo de 2011

A mí también me pasaba. Estaba hastiada y rabiosa. Con lo peleona que soy y, desde hace tiempo, me sentía en un cierto letargo, no creía que las cosas fueran a cambiar por mucho que me enfadara, había perdido la esperanza y no estoy hablando de la Aguirre que, por desgracia, no la perdemos de vista ni a tiros.
Recortes sociales fuera del programa del gobierno, un gobierno que en el momento crucial no se ha atrevido a liderar una política alternativa en Europa que no fuera el voraz capitalismo neoliberal dictado por Alemania y el FMI ¿Qué ha sido del intervencionismo económico del que hablaron al comienzo de la crisis? Y esto, seguido de indignantes inyecciones millonarias  a la banca. En los medios, el PP y el PSOE siempre a la gresca, aburridos, sin nuevas propuestas que no fueran “sí bwana” a los mercados; una Comunidad de Madrid con unos servicios “públicos” deteriorados, especialmente la sanidad y la educación, y donde es cada vez más difícil vivir; equilibrios infinitos para llegar a fin de mes, un Alcalde faraónico que inventa una ciudad para el mercadeo, para las empresas privadas, para el turismo y no para sus habitantes… 
Tramas de corrupción tapadas con mentiras, provocando sólo que queden aún más en evidencia, si cabe; un estilo de vida en la que sólo es posible la sumisión a los poderosos, donde falta el tiempo para disfrutar con l@s nuestr@s, para pensar y reflexionar qué es lo que queremos, para ser críticos y actuar.
Son muchas las tonterías e incoherencias que he estado escuchando desde los medios de comunicación estos días sobre los movimientos 15M. Un movimiento social que ha comenzado a trabajar propuestas concretas, que no es sólo una pataleta. Pero los medios y los políticos aún no se han enterado de qué va esto.
Sin ir más lejos, Gallardón ha dicho esta mañana que no ha fallado el sistema, sino el gobierno. Que noooo, chico, aún no te has enterado. Creo que si el PP hubiera estado en el poder el resultado hubiera sido el mismo o aún peor. Porque representan un sistema injusto y lo legitiman, les parece válido, no promueven otro tipo de políticas que no favorezcan siempre a los mismos. Porque la mayoría de la clase política sólo se mira el ombligo y no tienen ni idea de cuál es la realidad de la calle. No trabajan por el bienestar común, sino por suyo propio. ¡Si lo antiguos filósofos griegos levantaran la cabeza!
En la Puerta del Sol estos días he visto mucha gente joven pero también de todas las edades, jubilados, de treinta y tantos, cuarenta y tantos, cincuenta y tantos… Estamos tod@s. Yo mismamente no sé si cumplo el perfil que ya han dibujado en los medios de comunicación. Tengo treinta y pocos y soy del grupo muuuy privilegiado de tener trabajo, además, uno que me gusta y en un sector que yo misma he elegido. Soy una suertuda, puede ser. 
Dicen que la gente que se concentra en las plazas piden la abstención. En mi caso (que es el de muchas personas que están o han estado en Sol) he votado desde la mayoría de edad, hasta en las europeas, que hubo una abstención amplísima. Siempre he votado al mismo partido, uno minoritario, que si leéis algún post de más abajo, sabréis cuál es. Y no me guste el sistema, es injusto, atropella a los más vulnerables, no es humanista sino pesetero a más no poder; sin unos valores éticos: para conseguir pasta, todo vale. Fomenta la competitividad, la envidia, los altercados, la desconfianza, las angustias de qué vendrá mañana… Una mano invisible que maneja nuestras vidas a sus antojo como meras marionetas. Y es que nos adormece para que no le demos problemas; mientras consumamos, todo está bien, así no molestamos, cualquier cosa que pensemos que se sale de “lo normal” es duramente criticado, exterminado antes de su florecimiento. 

Me pregunto, ¿qué hay de peyorativo en ser antisistema? Sin embargo, dedican horas de tertulia a desprestigiarnos. Aquí os dejo un artículo de Juan Carlos Escudier sobre “los antisistemas”, donde está francamente bien explicado. Las personas que hemos estado y que volveremos a Sol, que nos concentramos durante unas horas, todo el día o simplemente un ratito, el que se puede, para apoyar este movimiento social, son muy heterogéneas, pero me temo que se caracteriza por ser crítico, propositivo, pacífico y fundamentalmente de izquierdas, aunque haya personas que no se identifiquen con ninguna ideología concreta. No está Rubalcaba detrás ni ningún personaje del PSOE, ni tampoco engrosa a personas conservadoras, justamente, las más contrarias a los cambios, vamos, que yo no las he visto.

Se fomenta la asistencia a las urnas, ya que es una de las escasa vías actuales de participación, pero se lanza el mensaje de que no se vote a los dos partidos mayoritarios, es preciso una mayor diversidad en el Congreso, o si lo prefieren, que se vote en blanco. Pero la movilización no es para quedarnos en nuestra casa el domingo sino para ser testigos de un cambio que se concretará en estos días mediante propuestas elaboradas en asamblea. Uno de los caballos de batalla será  la Ley Electoral.

También he escuchado que por qué no se han ido a la Moncloa, como le gustaría a Esperanza Aguirre. Pero es que no hay nada más visible en Madrid que la Puerta del Sol. Se ha perseguido visibilidad y reivindicación, fomentar las plazas de nuestras ciudades como lugares de encuentro y no como sitios de paso, tal como se ha planificado en Madrid, que se ha convertido en la ciudad con las plazas menos acogedoras de nuestro país.
Soy consciente de que no voy a vivir nunca mejor que mis padres, que la inestabilidad laboral me perseguirá hasta el fin de mis días; no sé si podré tener jubilación; no sé si conseguiré mejorar, en función de mis logros profesionales y mis responsabilidades, mi salario anual; no sé si podré ser madre y poder ofrecer a mi hij@ un mundo digno en el que vivir…  Tengo un montón de motivos imparables para estar indignada, para sentirme hastiada, para estar en la Puerta del Sol cada día y para votar el domingo en las urnas. Pero todo esto va acompañado de una gran ilusión por volver a creer que es posible otra manera de hacer las cosas.


Hablando de todo un poco, ya sabéis que tiendo al barullo, no sé si recordaréis una histórica promesa que suscribieron 189 jefes de estado y de gobierno durante la Cumbre del Milenio, en el año 2000. Para el año 2015 se supone que ese objetivo debería estar cumplido y, sinceramente, a razón de tres/cuatro años que faltan, la pobreza en el mundo no ha hecho más que aumentar.
Para más información sobre el significado de la abstención y del voto en blanco, pinchad aquí

Desayuno con diamantes

Viernes. Otra vez cabreada al trabajo. Razón: síííí, de nuevo las Cartas de los Lectores del periódico 20 minutos. Una de ellas, titulada “Crucifijos fuera de las escuelas”, no era lo que parecía en su titular sino que su autora defendía que “Ahora bien, el Tribunal de Estrasburgo se refiere únicamente a la presencia obligatoria de crucifijos en las aulas, pero no a la presencia democráticamente decidida, por mayoría. El procedimiento a aplicar podría ser el siguiente: si nadie reclama, se seguiría la tradición del centro, dejando las cosas como hasta ahora. Cuando haya alguna reclamación, se someterá al criterio de los alumnos, que por votación decidirán demcráticamente si se mantiene o no. De esta manera, las minorías aprenderán a adaptarse a las tendencias mayoritarias. Esto en cuanto a los colegios del Estado, puesto que los privados han de poder establecer las reglas según su ideario”.

Si es que los peperos son todos iguales, porque no necesito ver a la señora meter la papeleta en la urna para saber lo que vota religiosamente. Se les llena la boca con la palabra DEMOCRACIA, de la cual desconocen su completo significado y lo pervierten, además de pasarse por el forro el respeto a las minorías. Isabel Cortés, “premio carta a la tolerancia”, ha pasado por alto que la finalidad intrínseca al concepto de democracia es la de salvaguardar los derechos de las minorías, derecho que muchas veces se viola impunemente por el “bienestar mental” de la mayoría, que esto de respetar la diversidad se nos da un poco mal. Si es que pasa no sólo con la religión, sino con la orientación sexual, la política, la actividad económica que desarrolles… y cualquiera que viva bajo unas normas diferentes a las establecidas (pero siempre desde un punto legal y sin hacer daño a nadie, eso se da por entendido).

Pero mi indignación no acababa aquí, sino que una persona llamada Maite, firmaba otra carta que me daba risa, trataba el eterno debate sobre la inmigración: “[…] en mi entorno tengo amigos inmigrantes que actualmente están en la misma situación económica que yo y gozan de unas ayudas que yo, por ser española, no tengo.
Creo que España es un país que no trata tan mal a los inmigrantes como se dice o se hace ver. Sí es cierto que existen empresas que los explotan; yo, personalmente, también me he sentido explotada por alguno. ¡No dramaticemos, por favor!”

Total, que nuestros vecinos inmigrantes, deberían darnos las gracias con la mano en alto cada mañana por dejarles permanecer en Arriba España, así como no se nos ocurre para nada fomentar una solidaridad obrera y reivindicar derechos laborales tan antiguos como el pan. Ellos que vayan por su lado (llevándose todas nuestras ayudas caritativas de este, nuestro país) y nosotros, que también nos explotan, por otro. El “enemigo” común, si es que hay que llamarlo así, no es el empresariado (alabados sean) que se aprovecha de la coyuntura economica y de la vulnerabilidad de ciertos colectivos, sino que la culpa es de los inmigrantes. Si es que esto… ya lo sabíamos todos.

Maite, guapa, ¿por qué no me haces un favor? Móntate en una patera y luego cuéntame la experiencia por carta. (¡Andaaaa! Qué buena idea para el programa 21 días.)

TIEMPO PERDIDO

¿Pero qué hago perdiéndome impresionantes documentos como los de Samantha Villar y sus 21 días haciendo el chorra? Eso significa que estoy descentrada.
¿Y qué hago que no he dedicado un post con todo “mi cariño” a los cretácitos de la manifestación contra el aborto? Sí, esos que se declaran abogados de la vida y exaltan el derecho a la maternidad, por cierto, derecho que en ningún momento ha sido cuestionado, pero nada, ¡erre que erre! Con lo indignada que me sentí cuando ví en Telemandril la retransmisión en directo de tamaña demogogia. Pero lo peor fue ver a Verónica Mengod como parte de ese circo. ¡Pero si era presentadora de programas infantiles! La recuerdo como si fuera hoy, fue un shock verla en ese tipo de evento, ha caído un mito, sí.
¿Qué hago esta mañana leyendo el periódico gratuito de mi ciudad denominado 20 minutos? Pues que algo tengo que leer en el metro y lo prefiero al Qué, que con ese sí que me salen sarpullidos si toco una de sus páginas, inundadas de sensacionalismo y un amarillismo que apesta. Pero hoy se me cortaba la respiración (y no era por el agobio de gente en el vagón) con algunas de las informaciones que gentilmente nos bridaba en el periódico un (o una) periodista que firmaba la noticia como O. F. El titular era el siguiente: “Drogas, “botellón”, prostitución y robos en la noches de Madrid”. 20 minutos comprueba, recorriendo las calles de la ciudad en la madrugada del sábado, cómo se incumple habitualmente la ley ante la absoluta pasividad de la Policía Municipal. Y sin sonrojarse, fue capaz de hacer afirmaciones como tales: “La noche comienza desde las terrazas de algunos vecinos del barrio. Entre las calles Desengaño y la plaza Soledad Torres Acosta, las protitutas comienzan a tomar la vía y acaptar clientes, subiendo con ellos a los hostales y saunas de la zona. Más adelante, un grupo de proxenetas las vigila mientras otro corrillo de camellos trapichea con drogas”. […]
“Seguimos avanzando y llegamos hasta la calle Fuencarral, cuya reciente peatoninalización ha servido para que varios transexuales la ocupen como mostrador de sus servicios como meretrices. Cruzando Gran Vía, en Montera, un sin techo duerme a la intemperie. Más arriba, en una esquina, otro consume heroína”.
Todo en el mismo saco. Y con estas perlas, el periodista pretende probar que las calles de Madrid son inseguras y hacer patente la degradación del barrio “un pequeño infierno de delincuencia”, como lo describe al comenzar su abnegado artículo.
El pobre no se ha documentado, no sabe que ofrecer servicios sexuales no está prohibido, que no existe ninguna ley al respecto; y que lo que sí que se debería prohibir es que una persona que no tiene casa, duerma de cualquier forma en la calle, pero no, el sintecho es el delincuente y el causante de la degradación. Igual que los enfermos que necesitan su pico todos los días. Tío, gentuza como tú, sí que me parece la causante de la degración social, el que señala con el dedo a los cabezas de turco pero evita mirar al auténtico responsable y por supuesto, ni te atreverías a acusarle. Te crees que por salir a la calle una noche conoces la realidad de la ciudad y no tienes ni puñetera idea, a ti te ponía a picar piedras, para que estuvieras entretenido y no tener que sufrir tus sandeces en un periódico que “parece” que lee cada dia miles de personas, ojalá no se crean tus historias, pero no soy tan positiva.
Igual que la señora ultraconservadora que se atreve a escribir indignada en la sección “Cartas de los lectores” criticando la postura de Metro porque no dejó a sus hijos pedir por la red de trenes un donativo para la Cruz Roja. El motivo de su queja (¡al loro!) es que , sin embargo, sí que dejar “mendigar” a otras personas. Y cito palabras textuales “el yonqui de turno te pide, o el expresidiario te pide o…” Y termina colosalmente “parece ser que no han visto “Las chicas de la Cruz Roja”. Pues menos mal que no han visto tremendo peliculón franquista que, desde luego, no pretendía culturizar a la población. ¿Pero cómo te atreves a comparar situaciones entre tu hijo pijo y la gente que no sabes qué circunstancias rodean su vida?
De verdad, qué mal me cae la gente. Hala, me he quedado más agusto, que tenía mucha rabia contenida.

Chocolate, mejor vivirlo a que te lo cuenten

Chocolate. Chocolate. Chocolate. No hay en ninguna parte de la casa.
-¡Mamá! ¿Dónde puedo encontrar chocolate? ¿Dónde lo guardáis?-
Nosotros no comemos chocolate, ya no compro.
¿Quéeeeee? ¡No puede ser verdad! ¡No hay chocolate en ningún escondrijo de la casa! ¡Mientes! ¡No puede ser verdad!
Y mi padre me ilusiona un poquito: -¡Busca por ahí, que seguro que encuentras algo!-
Joder, qué tragedia más dramática. Creo que me voy a morir… ¡NO HAY CHOCOLATE! Por lo menos, si estuviera en Madrid, podría acercarme al chino de debajo de mi casa y comprar una tableta o un bol de helado (de chocolate). ¡Sííí! De esas con avellanas… Bueno, en este caso, chocolate normal, del extrafino, me valdría. ¡Dios, no sé cómo sobrevivir al fin de semana sin chocolate!
Y es que a veces me quedo sin ganas, en principio, sin motivo especialmente aparente. No disponer de chocolate, me afecta al estado de ánimo. Si me deprimo, no tengo con qué contrarrestar y el chocolate, aunque no lo cura todo, aseguro que ayuda y bastante. No es sustitutivo de nada, como dicen las habladurías, sino un aporte complementario básico, si lo sabré yo… que soy cum lauden en materia chocolatil. ¡Aahhhggg! ¡Pero ahora no tengo chocolate! ¡Buuuuaaaaaa! No tengo chocolate ni ganas de hablar. Me pasa en algunas épocas, más a menudo de lo que me gustaría, que no tengo ganas de hablar. A veces, cuando me preguntan sobre alguna cuestión sobre la que no tengo fuerzas para comentar, no por motivos inquietantes o malévolos, es que… me cuesta encontrar las palabras adecuadas, no sé explicarme y como me parece difícil decirlo y que lo entiendan, me atasco, me emboto y ya me he bloqueado. Así es la historia, una jodienda, porque suelo quedar fatal. Encima, odio esa frase después de haber hecho un esfuerzo sobrehumano por explicar algo emocional y me dicen: “explícate mejor“. ¡Buf, déjame tranquila, no puedo más! Después de estas situaciones “límite”, el chocolate es un atenuante. Aunque no es necesario llegar a esos extremos, si lo que me pasa es que no me apetece conversar de nada con nadie porque no me siento bien, (y eso no significa que la cabecita deje de dar vueltas, una tras otra, asfixiante e inagotable) también en ese caso, la solución más apremiante es:¡Tacháaan! ¡Chocolate!
También ayuda después de un enfado, de esas veces que te irritas y te lo guisas tú solita. Pues no sé… cuando no te han llamado y lo esperabas, cuando no has sentido que hayan contado contigo, cuando tienes serias dudas, cuando las cosas no salen como esperas, cuando sientes que te han ocultado algo, cuando sientes a la persona querida lejos, lejos… y ya no sabes qué hacer con tanta mala leche acumulada: ¡Chocolate! ¡Que te lo digo yo! Lo de la decepción es otro cantar, eso sí que deja sin ganas de nada, ni de chocolate siquiera.
Y preguntaréis… ¿qué hacemos después de tanto atracón de chocolate? Porque después de tanto desahogo acabaremos pesando más que un elefante… Mmmm, ahí ya no tengo la respuesta, a mi me sirve integrar el dulce con andar y… bueno… se me ocurre que si puedes hacerte con un amigo/a que te haga favores, o pareja o ligue que te siga el ritmo durante toda la noche… pues chica/o… eso también ayuda, para qué vamos a decir lo contrario. Dos horas seguidas de sexo queman una burrada de calorías, así que aprovecha, tú que puedes.
¡Ah! Por cierto, se me ocurre que nuestra reportera más dicharachera de Cuatro, a la que espero cada mes ansiosamente, y que lidera el programa”21 días“, podría jugar en su próxima edición a sobrevivir comiendo chocolate durante X días (porque es mejor vivirlo a que te lo cuenten). Por el cotilleo de ver qué caras pone ante la cámara y qué conjeturas profundas será capaz de hilar chocolate en mano… ¡con el seguimiento estricto de un médico!; eso sí, se presentará divina de la muerte y sin falta de maquillaje tras pasar unas “vacaciones” en un poblado chabolista (y me muerdo la lengua para no encajarle ninguna indirecta más, que luego tengo quienes me censuran por ser tan mala pécora). Ummm, pese a todo, creo que sigo prefiriendo lo de 21 días en un campo de entrenamiento para terroristas suicidas, no sé, lo veo con más chicha (juas juas, nunca mejor dicho). En ese sentido, encontré a alguien que parece entender de verdad lo que siento por Samanta Villalar. Me quedo con las Meditaciones de una Rosquilla, aquélla que escribió: “[…] lo mal que me caes y lo bien que me lo paso criticándote…para que veas que los demás también vivimos los contrastes… petarda,que eres una petarda!”

Entre cartones

“21 Días: Entre cartones. 21 días dará a conocer, desde un primerísimo plano, el cruel mundo de la indigencia. Durante esas tres semanas completas, Samanta Villar convivirá en algunos de los rincones del núcleo urbano junto a los “sin hogar”.
De esta forma se anunciaba el programa de ¿investigación? “21 días: Entre cartones” donde una intrépida periodista se disfraza de “sin hogar” y pretendió sentir y vivir tal como ellos y ellas. Tampoco vamos a decir que no hay nada rescatable porque no sería cierto, hay cosas muy válidas, como por ejemplo, los relatos de las personas con las que la periodista se topa en la calle. Uno de ellos exponía claramente qué era lo peor de vivir a la intemperie, no era el frío, no era la soledad, no era el hambre: “Las miradas de la gente, te miran con asco”.
Aunque, por otra parte, la protagonista de todo este jardín fue, por desgracia, “la sin hogar falsa”, demasiados planos dedicados a ella y a sus sentimientos en cada escenario. Entiendo que, para cualquiera, sería una situación penosa si unos chicos sin escrúpulos, te dan una patada al cartón donde duermes en la Plaza Mayor, pero me sobraron ciertos minutos de victimismo y lagrimeo por parte de la susodicha.
Mucho más interesante cuando enfocaba la forma de vida de Manuel, que lleva en la calle catorce años, ¡cuántas cosas que contarnos tendría este hombre!; o cuando se presentó a Saib, que duerme en un coche de la Calle Monte Perdido en Vallecas. Tal vez una falta de respeto cuando “la sin hogar” impostora aprovecha que Saib se ha ido, de hecho la había dejado plantada (cosa que no me extraña), y a ella no se le ocurre otra cosa que ir a “su casa”, al coche donde duerme, para enfocar toda la basura que le rodea en el vehículo.
Otro punto a su favor: narró las mayores dificultades en la calle por ser mujer, no podía quedarse muchos días con ningún hombre “sin hogar” porque enseguida se daban malentendidos, que te consideraban parte de su propiedad y que se sentía más vulnerable por su condición femenina.
De todas maneras, a pesar de todo lo positivo que puede tener un programa como éste, hay algo que no acaba de ser lícito: la forma de venderlo al espectador, por eso mismo no acaban de ser serias las opiniones de periodista intrépida; que me parece injusto que quiera pasarse por una mujer que vive en la calle cuando realmente no lo es, simulando un documental social. Después de grabar su maravilloso trabajo, tiene una casa a la que volver, a la que probablemente haya ido más de una vez durante esos días, por eso es televisión, es ficción.
Me faltó aún mucha más crítica a las administraciones, al Ayuntamiento de Madrid en concreto, la ciudad por donde se movió la periodista. No me gustó la intención de vender victimismo en algunas ocasiones, mejor vende soluciones. Y la sensibilización social, puede llegar por sus propias bocas, por la voz de los protagonistas de la calle, si quieres poner la cámara y el micrófono a su servicio y no hacer espectáculo.
La siguiente entrega será buena, aún mejor. La muchacha se nos va 21 días a un centro de rehabilitación de anoréxicas y bulímicas, anuncia que dejará de comer. Sí, señora, ¡valiente! Ahora va a aparentar que tiene un transtorno grave de alimentación. Digo yo, ¿por qué no se irá durante 21 días a un campo de entrenamiento de terroristas suicidas? A ver si dura los 21 días…
En fin… querida periodista, entiéndeme, no es nada personal.