Manos arriba, esto es un atraco

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Escuela Pública: de tod@s para tod@s

La Constitución de Cádiz de 1812 contiene un artículo donde ya presupone y salvaguarda el derecho a la escolarización. Este proceso comprendía  un aprendizaje básico a leer, escribir, el catecismo y los valores civiles. No era una cuestión de política global sino local, gestionado por los municipios.

Curiosamente, es a partir de la II República cuando surge el concepto de escuela pública que hoy (des)conocemos,  en el que se integró la importancia de la formación de formadores (maestros), la elaboración de partidas para este menester en los presupuestos y que ofreció un complemento cultural (des)integrado.

En el período del franquismo, en nuestro país había un millón de niños sin escolarizar. Por ello, en la transición y, posteriormente, en democracia, se estableció el derecho de toda persona a la educación, al pleno desarrollo humano (artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos). Por ello, los poderes públicos se comprometieron a garantizar el desarrollo de la educación pública como un derecho social y no individual (artículo 27 de la Constitución Española).

Sin embargo… desde 2009 a la actualidad se ha recortado más de medio millón de euros de desembolso en educación, que realmente no es un gasto, sino una inversión en los ciudadanos del mañana, que tengan un espíritu crítico, reflexionen, inventen, gestionen su creatividad, aprendan a convivir… en definitiva, en una educación integral y una escuela democrática que fomente la participación. Hasta hace muy poco, se entendía que un servicio público, como es la educación, era universal, donde se garantizaba la igualdad, la obligatoriedad, facilitaba la movilidad social, luchaba contra el fracaso escolar, disponía de una función compensatoria para quienes tenían dificultades en el aprendizaje… Una escuela pública inclusiva.

Una escuela pública de todxs para todxs supone la no reproducción de las jerarquías ni sus elitismos y parece que esto no gusta a un sector de la población anclado en el pasado. Es muy conocido cómo la represión se cebó sobre todo con los maestros republicanos en la etapa franquista y esto no fue una casualidad, por los valores que representaban.

La Comunidad de Madrid es, desgraciadamente, un claro ejemplo de desmantelamiento gradual y continuo de la escuela pública. Esta escuela pública joven, un concepto reciente y, por tanto, vulnerable. Una administración pública que segrega al alumnado con un ranking de excelencia de sus centros educativos. Por lo tanto, es obvio que no les importa cuidar a todos por igual, unos valen más que otros para el gobierno de esta comunidad rompiendo el principio de igualdad. Defiende la existencia de institutos de excelencia, donde vayan lxs mejores estudiantes, fomentando la segregación. Una comunidad que ofrece ventajosas deducciones fiscales a quienes lleven a sus hijxs a centros privados, mientras que reduce las partidas dirigidas a la educación pública. Una comunidad que está desintegrando los programas de compensatoria dirigidos a aquellxs alumnxs con mayores dificultades escolares. No les interesan, por tanto, no invierten. Y esto son tan solo unas brevísimas pinceladas de cómo se mercadea en nuestra comunidad autónoma con la educación pública.

Os aconsejo la lectura del manifiesto de la Plataforma por la Escuela Pública de Vallecas, donde expresan, con mayor rigor, todos los puntos clave de esta lucha, que debe ser la de tod@s.

Todo país que descuida su educación, está condenado al fracaso. Rafael Robles, profesor de filosofía del instituto Los Batanes de Viso del Marqués (Ciudad Real).

Nota: post elaborado con información proporcionada por Agustín Moreno, profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid.

No es una crisis, es una estafa

Estas son una serie de ideas que he recogido de una conferencia de Bibiana Medialdea, economista crítica y profesora de Economía Aplicada. Una ponencia que trataba de acercarnos al entendimiento de la situación económica de una forma amena y, sobre todo, algo que es de agradecer, con un lenguaje comprensible para quienes no somos expertxs en la materia.
Durante los últimos meses, mientras la tasa de paro engordaba irremediablemente y escuchaba las noticias sobre la situación crítica de Grecia me preguntaba por qué cuando nos han explicado el origen de la crisis como algo financiero, de repente han sido los estados quienes tienen los problemas de financiación. Y por qué la deuda pública se convertía en la mayor dificultad para nuestros estados y una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.
Como en cualquier economía, sea familiar, empresarial o de cualquier otra índole, el empeoramiento de la crisis tiene que ver con una disminución muy sensible de los ingresos de un estado. El estado recauda a través de los impuestos, dinero que obtienen a través del consumo. Y ha sido notable su rebaja desde el año 2007, con lo cual había una necesidad urgente de endeudamiento. Y también, cómo no, se ha desatado un incremento sustancial de los gastos, especialmente debido a las prestaciones económicas, subsidios por desempleo, también a la extensión del fraude fiscal pero, sobre todo, por los rescates bancarios. Cantidades astronómicas que los estados, entre ellos, España, ha donado a la banca.
Desde los años 2007/2008 en la economía mundial, especialmente en la economía europea, se estaban produciendo crisis bancarias generalizadas, es decir, los sectores bancarios privados acometieron actividades muy arriesgadas pero muy rentables, hasta que más de una operación de especulación salió mal, muy mal. Fue entonces cuando el objetivo prioritario de la intervención pública se basó en salvar al sistema bancario a través de rescates (que los medios de comunicación llaman inyecciones), rescates directos a través del regalo de dinero público y rescates indirectos mediante avales que se hacen efectivos muchas veces.
[Nota: Lo curioso es que la política del BCE, en sus estatutos, tiene prohibido el respaldo económico a los estados, pero sí puede ofrecer crédito ilimitado a la banca privada con tipos de interés subvencionados de un 1%.]
¿Qué ha hecho la banca con todo ese dinero público regalado?
Sabemos que el sector bancario privado es el que sostiene el crédito. El discurso oficial es que las autoridades gobernantes, en vez de intervenir directamente en la economía de su país, les han proporcionado el dinero a los bancos para reactivar la economía de las familias.  
¿Cuál es la realidad? Que la banca, con una situación financiera discutible, ha optado por no transferir el crédito a la economía sino que lo aplican en unos fondos muy rentables llamados DEUDA PÚBLICA. Por lo tanto, al suministrar dinero a los bancos, aumenta la deuda pública, que es, a su vez, la que compran los bancos con ese dinero regalado. Parece un chiste, pero no, es una estafa. De esta manera se aseguran el reciclaje del dinero: un sector bancario con dinero público que compra deuda del estado, una inversión segura y rentable por el tipo de interés.
¿Quién pagará esta deuda pública? Al parecer, hay tres escenarios posibles:
1.      Si todo va como esperan las autoridades, quienes la financiaremos somos los contribuyentes, que para eso pagamos impuestos. En toda la periferia europea, a la que nuestro país pertenece, los impuestos provienen de rentas del trabajo y menos de un 20% proviene del capital. Un poco mal repartido, ¿no? Incluso cuando todo ha ido “bien”, años atrás, los estados han estado favoreciendo más al capital: nos lo quita a quienes menos tenemos, la ciudadanía, para dárselo a grandes inversores y a quienes detentan el poder económico. La deuda estará socializada, la pagaremos entre todos, no la pagarán más quienes la han creado, ni quienes más tienen.
2.      Si existen dificultades para afrontar el pago de la deuda es cuando se genera esta situación que hemos tenido en el estado español: “pérdida de confianza de los mercados”. El estado tiene que dar señales de que posee los recursos para pagarla y si no, que va a esforzarse para conseguirlo. Como hemos visto (y lo que nos queda por ver), al final, los ajustes económicos recaen, una vez más, sobre la población más vulnerable y quienes está en peores condiciones. Se trata de una cuestión de prioridad, de dónde prefieren gastar el dinero. Y parece claro que, antes que en educación o sanidad, van a preferir los ajustes para el pago de la deuda, ya que los mercados se lo exigen.
3.      Si las previsiones de los gobernantes se tuercen, como es el caso de Grecia, se puede dar “el rescate”. Se liberan fondos para el estado, que no podrá disponer de ellos realmente porque desembocarán directamente a quienes han comprado su deuda pública. Como veis se trata de un rescate a los bancos, no a los estados. Esta vía sale aún más cara y no hace más que agudizar la crisis, vamos, la pescadilla que se muerde la cola.
Y todo esto sucede en un contexto en el que la crisis fiscal también sirve a los bancos para obtener beneficios por las reestructuraciones de la deuda, que significa que tienen más plazos y mayor intereses que llevarse a la saca.
Sinceramente, ahora más que nunca comprendo el lema de la gente que grita en la calle que “no nos representan”. Y es más, empiezo a ver claramente que la desobediencia a los mercados es nuestra única opción para no ceder al chantaje ni a las imposiciones del Pacto del Euro. ¿Qué pensáis vosotrxs?
Para más información podéis descargaros de forma gratuita un libro muy reciente de economía crítica y muy fácil de leer, titulado “Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan. Once respuestas para entender la crisis”.

Me uno al manifiesto por un consumo solidario

Los sindicatos han convocado una huelga de consumo para el día 18 de febrero. Los miembros del grupo REdSISTENCIA (hashtag #REdSISTENCIA) apoyamos dicha huelga, pero queremos aportar nuestras propuestas para una movilización más general, continua y, a la larga, eficaz.

Esas propuestas se concretan en el “Manifiesto por un consumo solidario”:
  
Compañer@s trabajador@s,

Nadie ignora la agresión que, desde hace muchos años, venimos padeciendo por parte de todos los estamentos del poder, fundamentalmente el económico. Tras años de salarios congelados, el colectivo de trabajadorxs públicos, ha visto como se le han aplicado recortes en dos ocasiones en poco más de un año. En estos momentos, la situación se agrava dramáticamente con los recortes en los servicios que se prestan a los ciudadanos.

El resto de trabajadorxs en toda Europa, pero con mayor virulencia en nuestro país, padece las consecuencias de un aumento continuo del paro, una mengua en sus salarios y condiciones laborales, y serias pérdidas en sus derechos sociales y sindicales.

Y esto no ha hecho más que empezar.

Al mismo tiempo, lxs trabajadorxs del sector público sufren una campaña de menosprecio a su trabajo, no desprovista de calumnias y medias verdades, presentándolos frente al resto de la ciudadanía como un grupo de privilegiadxs, vagxs e incompetentes; como unas rémoras  que están impidiendo la recuperación económica del país. Esta campaña puede hacerse extensiva al resto de trabajadorxs, enfrentándolos a lxs desempleadxs por el mero hecho de tener trabajo: “Divide y vencerás”. Es un lema militar, que se aplica de modo natural en esta crisis-guerra-lucha de clases.

Al poder les conviene que estemos divididxs, que no seamos capaces de fijar nuestros verdaderos objetivos, y que no sepamos discernir quiénes son los enemigos en esta lucha. Lamentablemente, lo están consiguiendo.

Sin embargo, los grandes cerebros del FMI y el Banco de España empiezan a advertir que con tanto recorte se retraerá el consumo. Y sin consumo, no podrán arrancar las economías de los países, generando más desempleo. Y -lo que realmente les importa- no se podrá pagar la deuda.

No sería raro que esas mismas instituciones acabaran por acusar a los empleados públicos de desacelerar la recuperación del país. ¿Por qué no iban a hacerlo una vez más? Ya les acusaron de vivir por encima de sus posibilidades. Aún les acusan de ser un lastre para la economía. Y ahora, podrían ser los responsables de la caída del consumo, puesto que, aun viendo mermados sus ingresos, continúan estigmatizadxs por el sambenito de ser unxs privilegiadxs al mantener sus puestos de trabajo. Acusaciones todas, de la primera a la última, falaces.

Por todo lo anterior, queremos proponeros un cambio en nuestros hábitos de consumo. Consumamos en la medida de nuestras posibilidades, pero hagámoslo de un modo “creativo”, pensando con detenimiento a quién favorecemos con cada compra que hacemos.

Esta es nuestra propuesta:

Consumamos lo que necesitamos pero favoreciendo, siempre que podamos, a los pequeños comercios, negocios y empresas, impidiendo al mismo tiempo, que la Banca siga lucrándose de forma usurera con  nuestro consumo.

Si la compra resulta un poco más cara, debemos pensar que esos pocos euros que ahorramos consumiendo en grandes empresas se detraen, en parte, de las condiciones laborales de sus trabajadorxs, de las inversiones poco limpias de esas empresas, de la explotación indiscriminada de la agricultura, la pesca y la ganadería. No debemos tolerar que nadie use tu dinero para presionar al gobierno con el objetivo de conseguir mayores beneficios para ellos y mayores recortes para nosotrxs.

Pensemos también en el colectivo al que –en cierto modo- ayudaríamos. Los autónomos y pequeños empresarios son el patito feo de nuestra sociedad. La patronal los pone por delante en sus negociaciones, puesto que efectivamente son los más desfavorecidos, pero se olvidan de ellos en sus reivindicaciones, que pasan siempre por pedir peores condiciones laborales para los trabajadores. Estas peticiones en nada favorecen al pequeño comerciante, al autónomo, al pequeño empresario que ve cómo le pisotean los mismos que dicen defenderlos, haciéndoles competencia desleal, presionando a la baja con precios inasumibles, imponiendo horarios que ellos no pueden seguir.

Nada pueden imponernos acerca de nuestro consumo. Nuestros conciudadanxs, que lo están pasando tan mal o peor que nosotrxs, se verían favorecidos, y aquellos que dicen defenderlos no podrían decir nada, pues eso es lo que haríamos: defender lo que ellxs afirman defender.

Por todo ello, si estás de acuerdo con nosotrxs:

  • Procura consumir, siempre que sea posible, en los comercios de tu ciudad. Los tienes cerca y aunque gastes algo más, lo estás invirtiendo en calidad de vida para todos. De esta forma no subvencionarás a quien te insulta abiertamente, como el dueño de la cadena Mango o Adolfo Domínguez, entre otros. Los beneficios de estas cadenas los mantienen en una auténtica posición de privilegio desde la que pueden hacer mucho daño a toda la ciudadanía.
  • Si no queda más remedio que acudir a una gran empresa o comercio, intenta averiguar cuáles de ellas tienen mejores condiciones laborales, cuáles explotan menos el medio ambiente, cuáles pertenecen o no a grupos de presión. Intenta no cribar sólo por el precio, porque cualquier euro que ahorremos hoy, puede ser pan para hoy y hambre para mañana.
  • Procura comprar en aquellos comercios o empresas que facilitan el consumo a los desempleadxs, mediante descuentos o facilidades en el pago. No hay demasiadas aún, pero estamos convencidos de que, si con nuestro apoyo facilitamos su labor y la difundimos, cada vez habrá más.
  • Trata de pagar siempre en efectivo, sobre todo en el pequeño comercio. Conseguiremos dos objetivos: que el comerciante no tenga que pagar comisiones por la venta y que su banco deje de ganar dinero con operaciones a crédito por las que nos cobran intereses que superan la usura.
  • Plantéate  cambiar de banco. Busca uno que no invierta en asuntos sucios como especular con alimentos, presionar con la deuda de un país o invertir en armas. La banca ética puede ser una opción, pero no es la única. Hay que informarse, porque no toda la banca es igual. Si somos clientes de un banco cuyos dirigentes aconsejan la reducción de más prestaciones sociales o laborales, debemos  plantearnos  recortarles  a ellos sus beneficios.
  • Procura repostar en gasolineras con dependientes en los servidores. Ten en cuenta que los establecimientos autoservicio han eliminado un buen número de puestos de trabajo. Este factor se traduce en un incremento de beneficios dado que no implica menor importe, además muchas veces ni siquiera te ofrecen el servicio adecuado (guantes, papel de manos, etc.)

En nuestras manos está. Podemos conseguirlo. Podemos poner nuestro pequeño grano de arena, humilde, pero creativo, social y solidario.

HAZ DEL CAPITALISMO TU CLIENTE.

Crisis vs. guerras

La semana pasada fue un gustazo escuchar a Arcadi Oliveres i Boadella, un activista por la paz y la justicia social, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Nos habló de algunas cuestiones relacionadas con la crisis alimentaria, los medicamentos y las farmacéuticas y la escasez del agua. De entre todos los capítulos, expuestos con maestría y, sobre todo, con elocuencia, incapaz de aburrir a nadie, una de las temáticas que trató fue la maquinaria de guerra y su crítica de cómo los países gastan sus presupuestos en los Ministerios de Defensa, cuando las necesidades sociales, sin embargo, son otras muy diferentes.

Los presupuestos de Defensa se distribuyen en personal, mantenimiento e inversiones (I+D,  instalaciones de bases militares, excavación de caminos, armas…) El presupuesto militar se aprueba, como todos los presupuestos ministeriales, cada año. Para elaborarlo no tienen en cuenta el incremento o desaparición de enemigos, sino que toman de referencia las partidas del año anterior, por inercia, para seguir una línea continuista, sin cuestionamientos incómodos y por modernización tecnológica.

Todo esto hace crecer el gasto militar inconmensurablemente hasta llegar a un billón y medio de dólares al año. En España, el gasto militar supone 54 millones de euros diarios, de los cuales 27 millones salen directamente del Ministerio de Defensa y el resto está “escondido” en partidas de otros ministerios. Por ejemplo, la construcción de un avión pertenece al Ministerio de Industria; la construcción de una base militar se hace pasar por Obras Públicas… ¿Por qué? Porque el gasto militar está mal visto por la ciudadanía y más en tiempos de crisis. Para más inri, el Ministerio que menos cumple sus números presupuestados a final de año es el de Defensa, esto ocurre desde hace veinte años atrás, desde la entrada de España en al OTAN.

En cuanto al personal, en el mundo hay 22 millones de militares. ¿Para qué sirven? Nos dicen que para labores humanitarias, sin embargo, Naciones Unidas asegura que para este tipo de emergencias serían suficientes 400.000 soldados. Sin ir más lejos, el ejército español cuenta con 170.000 soldados, de los cuales 20.000 realizan labores humanitarias. ¿Y los 150.000 restantes?

También es curioso el gasto en investigación científica para fines militares. Una pequeña parte de lo que se investiga es la que se vuelca al resto de la sociedad. Lo demás está sacralizado, no se filtra, más de la mitad de las investigaciones militares nunca se hacen públicas por motivos de secreto. Entonces, ¿de qué nos sirve ese pago tan cuantioso si la población nunca vamos a ser lxs beneficiadxs? 

Cuando escucho este tipo de informaciones, me autoafirmo en la idea de que la estupidez humana es infinita. Poblaciones de millones de personas estamos en un juego donde realmente no movemos ficha ni somos protagonistas, sino meras marionetas al servicio de unos pocos que sí les interesa este juego de la guerra. ¿Y si el norte abandonara definitivamente el comercio de armas con el sur? ¿Y si dejaran de investigar sobre bombas y no enrolaran adeptxs para matar a gente? ¿Y si pensaran en formas más optimas de convivencia y en técnicas de negociación? No sé, a lo mejor ya no seríamos seres humanos…

 Para más info visita In.Ci.So. Instituto de Ciencia Social Crítica

El paradigma ecológico y la intoxicación ideológica extrema

La semana pasada tuve la suerte de escuchar a dos extraordinarios divulgadores del paradigma ecológico. Ambos con un currículum asombroso que solamente voy a resumir aquí. Uno de ello, Pedro Prieto, es ingeniero técnico y vicepresidente en la Asociación Española para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN), miembro de Científicos por el Medio Ambiente (CiMA) y del consejo internacional de ASPO.  Y a Jorge Riechmann, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador en cuestiones medioambientales.

En una conferencia con unos 50 asistentes que escuchábamos boquiabiertos, a la par que desasosegados, fuimos conscientes del fino y sutil entramado geopolítico que supone la negación sistemática de un desastre energético, del calentamiento climatológico inminente y la desaparición de la biodiversidad, ante cuya alarma, la clase política, los grandes magnates y empresarios, hacen caso omiso. ¿Por qué?

Pues no es por repetirme, pero la clave se encuentra en que la economía capitalista es un auténtico cáncer para nuestra biosfera debido a nuestro grave problema central: buscamos constantemente el crecimiento infinito en un mundo finito. Estamos siendo testigos mudos de una crisis de energías, de recursos y también de residuos. Una crisis de los sistemas diversos, la destrucción de la biodiversidad.

Pedro Prieto aseguraba, de una forma muy sencilla y fácilmente comprensible, que el crecimiento económico del 3% que siempre prometen los políticos cuando llegan al gobierno es insostenible. Si se produjera este incremento cada año o cada legislatura, por ejemplo, en cuanto al turismo, la producción de coches, la construcción de viviendas y carreteras… llegaría un momento en que nuestro país estaría totalmente colapsado, tanto de visitantes, como de vehículos, edificaciones sin sentido y alquitrán por doquier.

¿Por qué esta obsesión por el crecimiento económico? El sistema socioeconómico no puede funcionar sin crecimiento constante. En el imaginario colectivo es sinónimo de empleo, de progreso, riqueza y bienestar. Pero estas afirmaciones son falsas, ya que tampoco se puede crecer económicamente sin consumir energía. Y aquí está el quid de la cuestión. El consumo de energía es el motivo por el que se ha generado una crisis ecológica y climática. Es decir, si crece el PIB, crece el consumo de energía. Y en la actualidad se consume 21 veces más que a principios de siglo. Hay un 80% de la población que sólo consume un 20% de la energía. Por lo tanto, hay un 20% de la población que consume el 80% de la energía. Está bastante mal repartido, ¿no?

Los países del Primer Mundo, para garantizar las ganancias de los grandes rentistas, de los poderosos,  se aprovechan de los flujos energéticos, los flujos de materias primas y los flujos monetarios y financieros de los países empobrecidos. Una trampa fácil, se permite la libertad de movimiento del dinero del Sur al Norte, pero… ¡anda! no la libertad de movimiento de las personas.

Dada la situación de alarma, la única dirección es decrecer voluntariamente, pero políticamente no parece una opción. Sin embargo, un hecho innegable y objetivo que ofrece la huella ecológica es que la capacidad de carga del planeta está sobrepasada.

Algunos datos. La Brithis Petroleum ha admitido que no hay petróleo en el mundo para más de cuarenta años. Desde el año 2005 las producciones de petróleo no están creciendo. El cénit y el agotamiento son fenómenos físicos y geológicos que ya están experimentando más de 50 petroestados que están en proceso de declive.

Una forma de medir estos datos es la Tasa de Retorno Energético (TRE). Este cálculo es la división entre la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético. En el caso del petróleo de EEUU, su tasa es de 100 a 1, es decir, hay que gastar la misma energía para obtener un barril de petróleo que lo que se obtiene a cambio, lo que se traduce en más esfuerzo para conseguir la misma cantidad de petróleo y, sin embargo, de peor calidad. El mundo está consumiendo más petróleo del que la humanidad descubre. Hay menos yacimientos y, cada vez, están más lejos. Por ejemplo, en Bahía de Santos (Brasil), las tuberías para la extracción son de veinte veces la altura de la Torre Eiffel, unos 6000 metros de profundidad. Por eso las plataformas petrolíferas son más costosas que la propia venta del petróleo.

Desde un punto de vista climatológico, la media de incremento de los grados climáticos es de 6 si el crecimiento económico continúa como hasta ahora. Eso se transcribirá, como ya sabemos, en sequías y hambrunas, en una zona habitable del planeta muy reducida, en la desaparición de costas, islas, etc… Y este fenómeno ya está sucediendo. Es más, en 1999, los refugiados por causas medioambientales creció más que el resto de refugiados por otras causas, incluso debido a las guerras, y este número no ha dejado de aumentar. También es el año en que comenzó la explotación del fondo marino para la obtención de minerales.

Lo que parece obvio es que, en el futuro, no habrá la sobreabundancia de recursos con los que se ha construido la sociedad ni se podrán invertir del mismo modo en bienes y servicios.

Con todos estos datos, reconozco que, escuchando en aquella sala, me sentí en un callejón sin salida. Debemos despertarnos. Ahora, ¡ya! toca otro modo de vivir pensando en no crecer económicamente. Decrecer en el norte para conseguir un modelo de sostenibilidad real y que nuestro planeta no sea un despojo de la obsolescencia programada al servicio de unos pocos. Nuestra biosfera no puede ser de usar y tirar, sólo existe una.

Para más info, puedes visitar esta web
O bien leer este artículo

Discusiones sobre la crisis (otra vez)

Después de una comida familiar, ¿qué toca? Pues discutir, pasa en las mejores familias. Los temas suelen ser variados, aunque la política suele ser muy recurrente. En este caso concreto, surgieron las alternativas de la crisis económica y lo irreal de las propuestas socialistas-comunistas. Afirmaban que su fracaso estaba demostrado en más de una experiencia (Rusia, Rumanía…). Lo que se suele sacar a flote en menos ocasiones es el desastre de nuestro sistema capitalista neoliberal, que parece perfecto y, sin embargo, nunca ha habido tanta pobreza como en la actualidad ni tantos millones de personas muriendo, literalmente, de hambre en el mundo. Dicen que los países ricos son cada vez más ricos, habría que ver quién se está quedando toda esa riqueza en nuestro Primer Mundo, que se lo pregunten a los cuatro millones de parados españoles, por ejemplo, a ver qué respuestas barajan. Han sido muchos los beneficios empresariales en los años anteriores, mucha felicidad productiva gracias a los trabajadores pero de eso, los obreros y obreras no hemos visto apenas nada en nuestra saca, excepto nuestro salario mensual y, con eso, solemos estar más que satisfechos, si es que conseguimos llegar más o menos a final de mes; y si no, pues la coyuntura económica nos ofrecía puestos de trabajo con los que pluriemplearnos. Ahora ni lo uno ni lo otro. Me han contado, personas muy cercanas, que ha sido bastante normal que en algunas empresas los asalariados han aceptado un porcentaje de decremento en su sueldo a cambio de dar por finalizado el despido de más compañeros y, por supuesto, evitar sufrir esa situación en carnes propias. Se admite la medida por el bien común.

Parece bochornoso ver cómo todas estas cosas están sucediendo, esto no es lo peor, es más, parece una orden bastante aceptable en contra de todos los abusos patronales que se están cometiendo en pro de salvaguardarse de la crisis; mientras que la clase trabajadora, estamos temblando de miedo y hasta damos las gracias por poder mantener nuestro empleo y poder continuar siendo explotados por los mismos, porque plantearnos en este momento reivindicar alguna mejora laboral en nuestro sector, ni se nos ocurre. No me extraña, no está el horno para bollos. La otra realidad es que hay empresas que han aprovechado esta situación para “librarse” de algunos trabajadores y reducir costes, bien porque empresarialmente se veían favorecidos, o porque son asalariados con los que no estaban contentos, por los motivos que sean.
Me comentaban también estos días, que a veces, los propios trabajadores generamos las necesidades en las empresas. Me decían que en una empresa se habían acostumbrado a que los trabajadores hicieran horas extras, porque a los curritos les venía bien ese dinero extra (al menos era un lugar donde las horas extras se pagan) y ahora era difícil que en la empresa no plantearan a los trabajadores quedarse más tiempo de su jornada habitual y no todos estaban dispuestos a hacerlo, porque entre los individuos, cada uno tiene sus prioridades (que puede oscilar entre ganar dinero, o poder dedicarle tiempo de calidad a la familia, o puede ser que sea pasar el tiempo viendo películas en el sófá de tu casa). ¡Hay de todo! Igual que disfrutar bajas laborales que realmente no necesitas, pero bueno… caraduras los hay en todos los sitios, entre los trabajadores y entre el empresariado.
Ya sé que no he contado ninguna novedad, ni nada del otro mundo. Tal vez unas propuestas un poco más concretas por parte de los teóricos de un sistema económico alternativo al actual, alejarían muchos fantasmas que asustan a la gente que no apoyaría un paso como ése, pero inexplicablemente, apuntala un sistema económico tan desigual y destructivo como el actual. Se suponía que la panacea del capitalismo era que generaba más fortuna que cualquier otro sistema estudiado. Bien, una vez que se ha demostrado que eso no es así, que el capitalismo genera dinero, sí, pero favoreciendo a los mismos de siempre… estaría bien explorar otras fronteras. No perdemos nada, quiero decir, no más de lo que ya no tenemos.

YA NO SOMOS INVENCIBLES

“Acaba de empezar
mi aventura en esta ciudad
y ya me he vuelto loca de pensar
que no sé donde estás
No es que te vaya a buscar,
pero verte no está de más,
y yo qué hago aquí si éste no es mi lugar
Aquí tampoco soy feliz […]
Y mis ojos tóxicos no quieren ver
ni sostener…
que ya no somos invencibles
ni increíbles
Tú y yo ya no nos queremos
y por eso no nos vemos
Ya no somos invencibles. Tulsa. Disco “Sólo me has rozado”
Hace años leí “Crecimiento Económico con Equidad, lecciones del Este Asiático”. En su momento significó un impacto personal porque el autor, Kevin Watkins, planteaba un modelo cuyos principios se sustentaban en la erradicación de la pobreza, el crecimiento con equidad y el compromiso político. Y en la fecha en que se editó el libro, 1999, se hablaba mucho en la facultad de este tipo de cuestiones.
El caso es que tiempo después, este mundo nuestro parece no haber avanzado en ese sentido un ápice, es más, va como el cangrejo. La pobreza, según el G8, la erradicarán en el 2050… ¡ansiado año en el que marcaremos una nueva promesa incumplida! Mientras que la equidad y el compromiso político son conceptos, nuevamente, que sólo entienden unos pocos mandatarios y una pequeña parte de la población mundial. Unos porque están tan inmersos en este sistema tan desigualitario y caprichoso, que ni se plantean que pueda haber otro; y es cierto que uno de los grandes éxitos del capitalismo es que ha convencido con la idea de que es el mejor de los sistemas económicos. Por otro lado se encuentran otros millones de personas, los desposeídos, los desheredados, cuya primera preocupación la ocupa buscar qué se llevarán a la boca al día siguiente.
Por eso, entre las muchas cosas que me rondan la cabeza últimamente, me acordé del título de la canción de Tulsa, que da nombre a esta entrada. Debe ser que los comienzos del otoño, esta estación que ya empieza a adivinarse entre las temperaturas más frescas y el hecho de añadir una manta en la cama, conlleva algunas melancolías, ganas de recogimiento, cierta apatía… Y es que dicen los psicólogos que el otoño y la primavera son las estaciones más “peligrosas” para los estados de ánimo.
Tantas cosas por cambiar que imaginas que poniendo tu granito de arena, algo se hará, y te esfuerzas por combatir argumentos, intentar buscar coherencia entre la idea y la praxis, también a nivel personal, porque se predica con el ejemplo… Pero hay momentos en que no se puede más, ni política, ni personal ni vitalmente en general, como que te cansas de que las cosas no sean como uno espera, o mejor dicho, como no esperabas.
Hay una persona que a veces me dice que me revise los efectos del Síndrome de Ulises. La primera vez que me lo dijo, le contesté con una burla, pero luego entendí su sentido. Como ya sabéis, Ulises es el protagonista de La Odisea, un personaje mitológico que añoraba su casa pero no podía volver a ella. En la actualidad, este fenómeno viene representado por una serie de problemas socio-afectivos que afecta a todo tipo de inmigrantes, más allá de los problemas económicos y legales ya conocidos. Joseba Achótegui, el psiquiatra que le dio nombre a este mal, lo define como una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: soledad, sentimiento interno de fracaso, sentimiento de miedo y sentimiento de lucha por sobrevivir.
Y a lo que voy es que aprender a reconocerse en un constante estado de emergencia, de autodefensa, y a sobrevivir a los naufragios pasa factura, no cabe duda, y también agota. A veces se necesitan señales para saber que uno no está en el camino equivocado.
Ideológicamente, esta semana he tenido una señal: los periódicos anunciaban con bombo y platillo la intervención económica del gobierno estadounidense como respuesta a la crisis. ¡Anda! El país ejemplo del neoliberalismo, saltándose las normas que enunció sagradas? ¿Qué ha sido de la mano invisible? Tanto tiempo defendiendo la idea de un estado intervencionista, escuchando burlas y comentarios fuera de tono, y resulta que teníamos razón, que mala idea no es cuando la deben utilizar para que su “magnífico” sistema no se derrumbe (por el momento).
Todo pasa, todo queda…