¿Quieres libertad de expresión?

Me uno a esta campaña que he visto en el blog de César Calderón.

Vivimos tiempos oscuros, tiempos de ataques a la libertad de expresión que se han acentuado con el despido de los últimos vestigios de independencia en RTVE Y Radio Nacional, tiempos de televisiones y radios escoradas más allá de la ultraderecha y medios de comunicación en connivencia con el poder.

Tiempos de pensamiento único en el que unos pocos marcan la agenda mediática del país repitiendo los mismos mensajes por tierra mar y aire, tiempos en los que la red vuelve a convertirse en el único espacio de libertad al alcance de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Tiempos en los que nos quieren hacer tragar una crisis creada por la codicia de unos pocos a base de controlar los medios de comunicación tradicionales, minimizando las protestas e imponiéndonos un discurso oficial repleto de ideología conformista y conservadora.

No se si lo recordarán, pero hubo un tiempo en los lejanos días de 1998 en el que un grupo de jóvenes Serbios se enfrentaron a la dictadura de Milosevic al grito de Otpor! y utilizando como herramienta solamente su creatividad y unos teléfonos móviles que ni siquiera tenían internet. Y ganaron

Hubo un tiempo en el año 2004 que los españoles nos movilizamos contra las mentiras de Aznar a base unicamente de SMS, realizando concentraciones relámpago y exigiendo que se nos dijera la verdad sobre los atentados del 11M. Y ganamos.

Y hubo otro tiempo, más cercano, en el que miles de españoles escribíamos en nuestros blogs, charlábamos, nos enlazábamos, conversábamos y nos movilizábamos en micro-causas. No existían aun las redes sociales y los smartphones solo estaban al alcance de unos pocos privilegiados, pero esa constelación de blogs  se convirtió un espacio de libertad política al margen de las agendas y los discursos oficiales.

Ya no basta con las redes sociales, en una situación como la que vivimos es necesario establecer nuevos espacios de libertad de creación, de pensamiento, de debate, de acción y de movilización, y eso no puede ser otra cosa que los blogs.

Si tienes un blog, únete a esta campaña, pega la imagen en tu bitácora  y haz tu propia llamada a la acción, si no lo tienes, ábrete uno.

Conversa, enlaza, debate, enlaza, crea, enlaza, moviliza, y no dejes de enlazar.

Si quieres libertad de expresión, no te la van a regalar, abre tu blog y gánatela.

Escuela Pública: de tod@s para tod@s

La Constitución de Cádiz de 1812 contiene un artículo donde ya presupone y salvaguarda el derecho a la escolarización. Este proceso comprendía  un aprendizaje básico a leer, escribir, el catecismo y los valores civiles. No era una cuestión de política global sino local, gestionado por los municipios.

Curiosamente, es a partir de la II República cuando surge el concepto de escuela pública que hoy (des)conocemos,  en el que se integró la importancia de la formación de formadores (maestros), la elaboración de partidas para este menester en los presupuestos y que ofreció un complemento cultural (des)integrado.

En el período del franquismo, en nuestro país había un millón de niños sin escolarizar. Por ello, en la transición y, posteriormente, en democracia, se estableció el derecho de toda persona a la educación, al pleno desarrollo humano (artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos). Por ello, los poderes públicos se comprometieron a garantizar el desarrollo de la educación pública como un derecho social y no individual (artículo 27 de la Constitución Española).

Sin embargo… desde 2009 a la actualidad se ha recortado más de medio millón de euros de desembolso en educación, que realmente no es un gasto, sino una inversión en los ciudadanos del mañana, que tengan un espíritu crítico, reflexionen, inventen, gestionen su creatividad, aprendan a convivir… en definitiva, en una educación integral y una escuela democrática que fomente la participación. Hasta hace muy poco, se entendía que un servicio público, como es la educación, era universal, donde se garantizaba la igualdad, la obligatoriedad, facilitaba la movilidad social, luchaba contra el fracaso escolar, disponía de una función compensatoria para quienes tenían dificultades en el aprendizaje… Una escuela pública inclusiva.

Una escuela pública de todxs para todxs supone la no reproducción de las jerarquías ni sus elitismos y parece que esto no gusta a un sector de la población anclado en el pasado. Es muy conocido cómo la represión se cebó sobre todo con los maestros republicanos en la etapa franquista y esto no fue una casualidad, por los valores que representaban.

La Comunidad de Madrid es, desgraciadamente, un claro ejemplo de desmantelamiento gradual y continuo de la escuela pública. Esta escuela pública joven, un concepto reciente y, por tanto, vulnerable. Una administración pública que segrega al alumnado con un ranking de excelencia de sus centros educativos. Por lo tanto, es obvio que no les importa cuidar a todos por igual, unos valen más que otros para el gobierno de esta comunidad rompiendo el principio de igualdad. Defiende la existencia de institutos de excelencia, donde vayan lxs mejores estudiantes, fomentando la segregación. Una comunidad que ofrece ventajosas deducciones fiscales a quienes lleven a sus hijxs a centros privados, mientras que reduce las partidas dirigidas a la educación pública. Una comunidad que está desintegrando los programas de compensatoria dirigidos a aquellxs alumnxs con mayores dificultades escolares. No les interesan, por tanto, no invierten. Y esto son tan solo unas brevísimas pinceladas de cómo se mercadea en nuestra comunidad autónoma con la educación pública.

Os aconsejo la lectura del manifiesto de la Plataforma por la Escuela Pública de Vallecas, donde expresan, con mayor rigor, todos los puntos clave de esta lucha, que debe ser la de tod@s.

Todo país que descuida su educación, está condenado al fracaso. Rafael Robles, profesor de filosofía del instituto Los Batanes de Viso del Marqués (Ciudad Real).

Nota: post elaborado con información proporcionada por Agustín Moreno, profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid.

Nueva etapa

Bienvenidas y bienvenidos a mi nueva casa. Como veis, me he mudado. La decisión no ha sido fácil, llevaba años rumiándola y había llegado el momento, lo notaba, había “unnoséqué” cuando entraba en el antiguo blog que no me hacía estar a gusto, un “algo” que me pinchaba y me pedía una transformación. Huellas, que nació en blogger y que, en ocasiones, he sentido que tomaba vida propia, es como un hijo molesto o un apéndice que te demanda diferentes necesidades según transcurren los años. A veces le dejo llorar en una esquina hasta que se calla de puro cansancio y otras, no me queda más remedio que hacerle caso y atender sus exigencias. Así es como hemos llegado a wordpress, pero con un añadido decisivo: el software libre.

Así que, desde este momento, tal y como me ocurre en mi vida personal, también quiero asumir este nuevo reto en la red. Se supone que el aprendizaje debe ser continuo, intentaré gestionar Huellas con los nuevos instrumentos que tengo a mi alcance, también os pido un poco de paciencia ante mis atropellos, que seguro cometeré.

En el siglo pasado, Richard Burton, un explorador británico de tierras africanas expresó que el momento más alegre de la vida de un hombre es el de la partida de un largo viaje hacia tierras desconocidas… Algo parecido siento al abrir esta nueva etapa bloguera. Así pues, estás invitadx a participar en esta casa o bien, si lo prefieres, asómate por aquí de vez en cuando, si te coincide de paso, o cuando tengas algo de tiempo. Tu visita será de gran agrado, como antes.

Pasa, la puerta está abierta 🙂

REFLEXIÓN SOBRE EL HISTRIONISMO

“Las personalidades histriónicas tienen como rasgo fundamental de su carácter la búsqueda de atención exagerada, la demanda continua de apoyo, la necesidad insaciable de aprobación. Suelen ser muy emotivos, impresionables, sugestionables e influenciables. Tienden a la teatralidad y la fantasía, no suelen tener un gran relieve en el terreno racional y sí en lo creativo e imaginativo. Tienen muy escasa tolerancia a las frustraciones y reaccionan a ellas de una manera muy intensa y dramática. Valoran mucho la apariencia, son personas muy seductoras y atractivas que erotizan siempre las relaciones interpersonales”. http://www.elmundo.es/yodonablogs/2006/05/31/miscircunstancias/1149064078.html

Iba a escribir sobre la película que ví la semana pasada pero este fin de semana leí un artículo que tenía cierta relación con la noticia que he visto colgada en Público cuyo titular rezaba así: “Un arzobispo británico alerta de que Facebook y MySpace inducen al suicidio”. Automáticamente, mi atención se desvió hacia mis contradicciones con el Facebook. Sin leer el groso del texto puedo imaginar a los curas criticando las redes sociales de Internet, su desvergüenza y su cruzada contra la decencia moral (habría que definir el concepto para saber a qué llamamos decente unos y qué es decente para otras, pero esto podría dar lugar a varios post de este blog y ahora mismo prefiero centrarme en otro tema).
Suicidios se han llevado a cabo por diversos motivos, desde tiempos inmemoriables, por supuesto antes de que apareciera Internet (para quien tenga interés, muy recomendable “El Suicidio” de Durkheim, un clásico de la sociología). La cuestión es que algunas redes también se convierten en grupos de presión contra dictámenes eclesiásticos y de otra índole, de ahí que las capas religiosas levanten su espada prejuiciosa contra este fenómeno. La noticia, mirando lo concreto, informaba que un adolescente británico se había suicidado después de un violento suceso por parte de “sus amigos”, que publicaron comentarios despectivos sobre él; y eso en la adolescencia, ya se sabe, te hunde.
Los sacerdotes aún no se han enterado de que el feisbuk funciona como la vida de los pueblos, donde el arco límite entre el ámbito público y privado se desvanece, con todo lo negativo que eso conlleva. Tiene gracia porque hay gente (pa tó) que no compartiría ciertas intimidades en la vida real pero en la virtual de su feisbuk expone todo tipo de fotografías entre su red de amigos (o amigos de sus amigos, es decir, que ni les conoces de vista), a veces gente que no tiene grandes habilidades para las relaciones interpersonales pero tras el ordenador informa de su estado de ánimo diario a todo quisqui, como si fuéramos terapéutas haciéndole el seguimiento. Me sorprende este tipo de comportamientos, de hecho, a veces, no doy crédito, pero vamos, que no soy la primera que habla de ello ni muchísimo menos.
Este fenómeno relacionado con la construcción de la identidad a través de “lo que los demás ven de mi” lo han acuñado como extimidad, un término que el psicoanalista francés Jacques Lacan utilizó por primera vez (aunque no con este sentido). Como todos los términos antagónicos, la extimidad no se puede definir sin el concepto de intimidad, este término tan denostado en la actualidad pero tan valorado por la que aquí suscribe. La curiosidad que me inspira la consecuencia directa de mostrar algo que se presupone íntimo en una ventana, es que justamente pierde su carácter íntimo, para ser éxtimo. A través de esta conmutación, se busca la valoración (positiva) de los demás en función de lo expuesto en el escaparate y, al hacerlo, tú mismo construyes de otra forma lo que está dentro, lo íntimo.
La introspección no está cotizada, por eso estas cosas virtuales tienen un punto muy perverso. En las redes (la única que conozco es feisbuk, y no en profundidad), la popularidad (como en los programas del corazón) o el caché te la ofrece el número de amigos que consigues agregar, es decir, cuantos más amigos parece que tienes, más valorado o aceptado demuestras que estás, así que hay usuarios que tienen ahí metido de todo, desde gente que han visto dos veces en su vida, amigos de la infancia con los que no hablan desde hace años (por algo será) o amantes de una noche de borrachera, que hasta les ha costado recordar el nombre, por no nombrar a la panda de desconocidos que quieren ser tus amigos y no sabes ni por dónde aparecen… Todos agregados, porque claro… tener cincuenta amigos no mola, pero ¡tener doscientos! Guaaaaoooo! Es otro nivel, sin duda. Y yo me pregunto, ¿pero lo realmente valorado en algunos sectores (materialistas) no era la exclusividad? Pues no, pues no, ahora lo que se lleva es coleccionar colegas, como si no costara.
El otro aspecto que también da caché es el de las fotos, cuantas más fotos exhibi(mos) mejor estatus tendremos en nuestra red social. Mi conclusión es que al igual que es importante no ser undonnadie terrenal, parece también importante no serlo en la red social y eso al final es presión ¿virtual? (pero real). ¡Ay! Me sigo felicitando por haber superado la adolescencia, qué difícil lo tienen nuestros chavales de hoy en día y aquellos que a pesar de ir camino de los cuarenta siguen igual, impermeables al tiempo mentalmente.
Y digo yo… ¿realmente se ha incrementado la comunicación? Comunicación entendida como calidad de una relación… Por ejemplo, siempre me ha llamado la atención aquellos comportamientos que me parecen casi compulsivos, de llamadas desde el teléfono móvil sin ningún objetivo concreto, el hablar por hablar, las conversaciones de besugos, el cotilleo, el intercambio de palabras con quien sea mientras espera impaciente en cualquier lugar por aquello del tiempo muerto…
Decía un profesor de mi facultad, jubilado ya, que los móviles no habían mejorado la comunicación humana, sino que lo único que había aumentado era el nivel de cotilleo. Y ¡joder! Después de unos años me he dado cuenta de que tenía razón, que no ha aumentado la calidad de la comunicación entre personas sino más bien todo lo contrario. Cuántas veces nos ha ocurrido que estamos con alguien compartiendo un rato, un café, un DVD, un paseo… ¡y más de la mitad del tiempo se lo ha pasado hablando con otras personas por teléfono! Conmigo desde luego no se ha comunicado, bueno sí, me ha comunicado su desinterés porque otra cosa no me ha llegado. Y digo yo, pudo haberme avisado con un mensaje al móvil, porque si lo sé, la que intenta no perder su tiempo en tal “compañía” soy yo.
De todas formas, ejemplos de extimidad los hay a patadas por doquier, no hay más que escuchar algún programa de televisión estilo “Diario de Patricia” o bien abrir cualquier revista de prensa rosa. Pienso que el punto a favor que percibo es la posibilidad de destruir algún prejuicio mediante la extimidad, como los casos de personajes conocidos que salen del armario, que dan fuerza a muchas otras personas que no se atreven a dar el paso o ejemplos de caras conocidas que confiesan sufrir enfermedades raras y que ante esa exposición de lo íntimo, puede dar lugar a que se investigue o se dé a conocer ese tipo de padecimientos.
Ciertamente, en ocasiones este blog también puede ser un ejemplo de extimidad, entre otras cosas, porque no he pretendido lo contrario, si no tendría los escritos guardados celosamente debajo del colchón, como antaño. Pero es verdad, que la pantalla del ordenador no refleja mejillas coloradas, ni risas nerviosas, ofrece un cierto desapego emocional ante quien lo pueda leer y es el cajón donde puedes expresar sin ser vista. Todo ello bajo pseudónimo, así semos.
Si queréis profundizar en este tema, una opción puede ser el ensayo “La intimidad como espectáculo” de la antropóloga argentina Paula Sibilia, publicado en Fondo de Cultura Económica. Ella asegura que “Lo que ha sucedido es que ha cambiado la forma en que nos construimos como sujetos, la forma en que nos definimos. Lo introspectivo está debilitado. Cada vez nos definimos más a través de lo que podemos mostrar y que los otros ven. La intimidad es tan importante para definir lo que somos que hay que mostrarla. Eso confirma que existimos”.
Mmm, es para tener miedo, ¿o no?

 

VICTORIA KENT

Escuchaba en el programa de “Los mejores años de nuestra vida” esa canción de “un diamante es para siempre, entre tú y yo, nuestro amor es para siempre”, esos mensajes que tuvieron tanto éxito en los 80. Teniendo esta banda sonora de fondo, mientras curioseaba en internet, concretamente cotilleando sobre la vida de los demás en el feisbuk (la curiosidad mató al gato)… me acordé de Victoria Kent. De esas veces en las que no sé por qué, su nombre apareció, de repente. En el fondo, algo de injusto me parece su recuerdo en la historia, si a alguien le suena su nombre es por defender la postura opuesta a Clara Campoamor sobre el sufragio femenino durante la Segunda República… Esta anécdota sugiere que cuando oyes hablar por primera vez de ella, no te caiga bien, ¿cómo podía ser femenista y defender la postura negada a proporcionar a las mujeres el derecho al voto? Bien no empezó mi relación con ella. Además esta discusión se dio entre las dos únicas mujeres en el hemiciclo. Ella creía que había que esperar e inculcar un ideal a las mujeres, porque si no, votarían a los conservadores. 161 votos a favor del “sí”, la postura de Clara Campoamor. No fue entendida en ese momento la forma de actuar desde el feminismo de Victoria Kent; ella pensaba que primero debían hacerse realidad los derechos sociales para las mujeres y, luego, los políticos. Sin embargo, Clara Campoamor pensaba lo contrario, los derechos políticos eran su primera línea. Cada una abanderaba dos formas diferentes de considerar el feminismo. Efectivamente, en 1933, las mujeres votaron por primera vez y ganó la derecha por varios factores: el desprestigio del gobierno, la división de los partidos de izquierda y por el voto de las mujeres.

Pero también dejó otro legado, quizá más desconocido, y que me hizo admirarla. Hubo un antes y un después de Victoria Kent en el ámbito penitenciario, ya que el gobierno de la República le encomendó la gestión de las cárceles. Ante esta misión, ella optó por devolver la dignidad a esta institución haciendo reformas imprescindibles: abolió el uso de los grilletes, fue la precursora de un funcionariado exclusivamente femenino para las cárceles de mujeres y consiguió cerrar algunas prisiones por sus pésimas condiciones. Introdujo una visión humanista en la prisión aunque no siempre se haya logrado en la práctica, fue quien potenció el uso de los permisos, los regímenes abiertos… porque sí creía en un sistema de re-integración, la regeneración para un mundo nuevo. Todas estas reformas fueron atrevidas en su tiempo y no estaban exentas de críticas, pero bien parece que algunos de estos avances corren serio peligro en la actualidad.
Nació en 1892, tuvo la suerte de tener una madre progresista, que estuvo pendiente de los estudios de sus hijos. Se crió en un ambiente burgués, de tendencias liberales. En 1911 obtuvo un título superior de maestra de enseñanza y, posteriormente, estudió en Madrid la carrera de Derecho, alojándose en la residencia de señoritas, como hacían todas las primeras generaciones de mujeres estudiantes. Éste será su núcleo de socialización y de formación política. La facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, era reticente a abrir las puertas a las mujeres, pero en 1924 conseguirá doctorarse y solicita el ingreso en el Colegio de Abogados, la primera mujer entre sus filas. Un mes después se inscribe Clara Campoamor.
Durante la consolidación de la dictadura de Primo de Rivera, Victoria Kent consigue abrir su propio despacho. Esto le da la oportunidad de ser la primera abogada que defendería a sus compañeros ante un tribunal militar. Se hizo cargo de la defensa de Albornoz en el Palacio de Justicia, acusado de rebelión militar contra un gobierno legítimo. Entre sus actividades políticas consta como cofundadora del Partido Radical Socialista y, más tarde, miembro de Partido Republicano.
Tras la derrota del bando republicano, se exilió en París, ciudad en la que permaneció cuatro años, y donde necesitó una nueva identidad para la supervivencia ya que había dado comienzo la Segunda Guerra Mundial. Utilizó el nombre de Madam Duval.
Victoria Kent murió en Nueva York en 1987, fiel a sus ideas, diez años después de su última visita a España. Ella siempre estará unida a las reformas de la política penitenciaria y su nombre va unido a la II República española, como tantos otros nombres, dignos de recordar en este próximo 14 de abril, se acerca un nuevo aniversario de la proclamación de la República de 1931. Año tras año, no lo olvidamos.

Tonada navideña

Hoy varias personas me han dicho eso de “¡Feliz navidad!” y yo he contestado cada vez “sí, sí, que pasen pronto” y han puesto un gesto parecido a una sonrisa cuando han escuchado la ocurrencia. Hasta mi compañera de trabajo se ha reído por lo bajo cuando oyó en una de esas ocasiones mi contestación al teléfono.
-¡Qué macarra!-
-¿Yooo? Los macarras son ellos que dicen frases hechas sin ningún sentido.
Creo que con la próxima persona que me diga feliz navidad me pondré agresiva, con tanta felicidad saliendo de los poros de esta ciudad, no puedo pensar con claridad. ¡Apelo a mi derecho a estar triste! No sé por qué, si dicen que éste es un país democrático, no se respeta a las minorías a las que no nos gusta la navidad, que no disfrutamos cantando villancicos y a los que la melancolía nos abrasa, estos días más que otros. Bueno, lo primero habría que realizar un estudio social y averiguar si realmente somos minoría o, por el contrario, cada año somos más, pero muy aislados y poco organizados. Si fuéramos conscientes de la gran mayoría en la que nos estamos convirtiendo, entonces podríamos emprender una gran agitación social que derrocara las fechas navideñas del calendario y suprimiera las tradiciones católicas de este país “tan laico”, jeje.
Lo mejor de las navidades es el día 5. No porque sea la víspera del Día de Reyes, sino porque por fin se ve un destello al final del túnel y sabes que en dos días se evaporarán todas las luces excéntricas de la ciudad, recuperarás tu compás de siempre, tal vez feliz o desdichado, pero sin la obligación de una cosa ni de la otra, como parece que transmiten estas odiosas fiestas. Ah, y también comenzarán los anuncios en todos los comercios invitándote a continuar consumiendo sin ton ni son, porque tienes que aprovechar las oportunidades. Bien, el sistema neoliberal continuará su ritmo.
Puede que mi reacción sea, después de todo, una respuesta a la oleada social general, que mi padre siempre me dice que a contracorriente nunca es fácil y yo me empeño una y otra vez, año tras año, deseando que estas terribles celebraciones hagan sus estragos lo antes posible para poder retomar tranquilamente lo cotidiano, sin luces que te deslumbren sin razones aparentes, ni canciones absurdas que la gente corea después de emborracharse, ni celebraciones católicas a las que atender si uno no quiere.
En su lugar, podría instaurarse la celebración del solsticio de invierno que, al menos, eso sí es un hecho objetivo.

Buscando en el baúl de los recuerdos

Me llevo todas las noches en vela,
el peso de tu ausencia,
tu olvido del tiempo,
la sal de tu mar.
Me arropa la yema de tu dedo,
la memoria de la intensidad,
él deseo de seguir viviendo,
las ganas de pelear.
La vida es silbar. La Kermés
¿Habéis rebuscado alguna vez en el baúl de los recuerdos? Me pasa que buceo en él cuando menos me lo espero, mientras estoy conduciendo, en medio de una conversación o en un viaje en metro. A veces, si lo abro, estoy perdida. En otras ocasiones puede provocar más de una sonrisa; porque el baúl acumula de todo, es como el bolso de Mary Poppins, está lo bueno, lo malo, lo regular, lo que es preferible olvidar y también momentos que te encantaría tener siempre presentes, pero inconscientemente, se quedan en un rincón de la memoria. Así es mi baúl de los recuerdos, caótico, ordenado, abandonado y encontrado… todo a la vez.
Cuando me da por vaciarlo, encuentro bolsitas pequeñas de esperanza, de esas que se guardan “por si acaso”; tengo también cuadernos de amistad, de esos escritos con letras mayúsculas y aniñadas; en el fondo, polvorientas, se hallan los castigos y broncas de mis padres en una caja de madera cerrada con un candado; algún desengaño; encontré más de un “lo que pudo ser y no fue” desperdigados por el baúl; había unos recipientes de cristal con lágrimas de cocodrilo; muchos olores sueltos por aquí y por allá; alguna fotografía, aunque de esas no hay muchas; un par de cojines viejos hechos jirones, de esos a los que te abrazas cuando estás triste; un sobre de vergüenza y timidez; cartas “secretas” y mails que al final no envías a nadie; muchas conchas de mar, algunas de ellas, si te las acercas al oído puedes oír un grito, unos chillidos son de dicha y otros de auxilio; hay hasta un piano olvidado en lo más hondo… Una vez me topé con mimos de abuelos, bien recogidos entre papel pinocho de color fuxia; también hay un conejo de peluche, ya muy sucio, que era mi preferido (o eso me dijeron) junto con la casa de Pin y Pon y muñecas recortables que me regalaba mi abuela. Todo esto convive con un montón de imágenes de la tele, sobre todo de Barrio Sésamo, que por cierto, no sé si lo sabéis, pero Espinete vivía en la Casa de Campo de Madrid, que me lo dijeron a muy tierna edad, pero ahora, que voy a menudo, no me lo he encontrado nunca, ¿me habrán timado? Eso cohabita a su vez con la idea de que los Reyes Magos tenían alfombras voladoras, por eso el día de la Cabalgata te los podías encontrar en varios pueblos a la vez repartiendo caramelos. Junto con la genial idea de mi madre, cuando me explicó que el club de prostitutas de mi pueblo, era realmente un club de fans de ¡Julio Iglesias! ¿Y qué hacen ahí todas las tardes, mamá? Pues van a bailar, escuchan su música y charlan de sus cosas. Fue muy convincente.
Ahora que sé hace mucho que los Reyes Magos no existen ni que el club de mi pueblo era de Julio Iglesias, me gustaría creer en algunos de los cuentos de hadas, de esos en los que todo el mundo come perdices y todas las historias, sean de la índole que sean, acaban bien. Conozco a un retoño que estrenará en breve su baúl, en el que tengo pensado meter un montón de fotografías para empezar, espero que sus recuerdos sean mayoritariamente dulces, como el chocolate que tanto le gusta a su tía.

MUNDOS COLECTIVOS

Esta mañana me sorprendía gratamente una conversación en el metro. Eran dos agentes de seguridad de Prosegur, un chico y una chica. Ella le comentaba a su compañero que cada vez tenían menos derechos y más obligaciones, que imponerles una jornada de trabajo de 12 horas era un abuso. No digo que me haya sorprendido gratamente por el contenido en sí de la conversación, bastante lamentable que unos trabajadores estén viviendo esa situación, pero suspiré porque al menos escuchaba una queja de otras personas que no tenían nada que ver conmigo, a veces tengo la sensación de que los demás están dormidos ante ciertas injusticias laborales o de cualquier índole. Pero no.
El mundo del asociacionismo es variadísimo. No me parece fácil aprender a vivir en colectivo y compartir ciertos valores en los que destaque el bien común y no sólo el individual. Incluso pueden darse estas contradicciones en grupos que crees que tienen este debate superado. No sé si es imprescindible algún tipo de predisposición concreta (no lo creo) para trabajar en comunidad, ni cómo la puedes obtener, pero es curiosa la manera en que el mundo colectivo puede ser una esfera de grandes satisfacciones y donde la identidad se forja a fuego, como también un espacio donde se fraguan grandes frustraciones y pérdidas de orientación.
Me siento afortunada, porque mi mundo colectivo es rico, con sinsabores amargos, muy amargos, pero plural, donde se pueden vomitar grandes problemas y buscar soluciones conjuntas, o compartir una alegría desmedida, una pompa sin la cual no podría ya respirar. Pero me dan lástima otros espacios, donde tengo la oportunidad de participar y compruebo que esos valores se quedan aletargados, donde parece que hacer una asamblea es “el novamás”, cuando puede haber más formas de participación, y siendo consciente, por supuesto, que siempre se necesita un órgano de toma de decisiones lo más democrático posible. Sin embargo, no se saben tomar decisiones acertadas al evaluar la evolución grupal, se establecen divisiones insalvables y se pierden de vista los valores clave sine qua non que deben estar presentes en cada instante para que el colectivo se desarrolle y evolucione de una forma más positiva. Al final todo puede traducirse en falta de experiencia o simplemente en una confrontación de intereses individuales, en cualquier caso, el bien común siempre es lo que debería primar.
Nada, ante lo obvio, sólo debo decir que es una mera reflexión sin importancia en voz alta.