¿Quieres libertad de expresión?

Me uno a esta campaña que he visto en el blog de César Calderón.

Vivimos tiempos oscuros, tiempos de ataques a la libertad de expresión que se han acentuado con el despido de los últimos vestigios de independencia en RTVE Y Radio Nacional, tiempos de televisiones y radios escoradas más allá de la ultraderecha y medios de comunicación en connivencia con el poder.

Tiempos de pensamiento único en el que unos pocos marcan la agenda mediática del país repitiendo los mismos mensajes por tierra mar y aire, tiempos en los que la red vuelve a convertirse en el único espacio de libertad al alcance de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Tiempos en los que nos quieren hacer tragar una crisis creada por la codicia de unos pocos a base de controlar los medios de comunicación tradicionales, minimizando las protestas e imponiéndonos un discurso oficial repleto de ideología conformista y conservadora.

No se si lo recordarán, pero hubo un tiempo en los lejanos días de 1998 en el que un grupo de jóvenes Serbios se enfrentaron a la dictadura de Milosevic al grito de Otpor! y utilizando como herramienta solamente su creatividad y unos teléfonos móviles que ni siquiera tenían internet. Y ganaron

Hubo un tiempo en el año 2004 que los españoles nos movilizamos contra las mentiras de Aznar a base unicamente de SMS, realizando concentraciones relámpago y exigiendo que se nos dijera la verdad sobre los atentados del 11M. Y ganamos.

Y hubo otro tiempo, más cercano, en el que miles de españoles escribíamos en nuestros blogs, charlábamos, nos enlazábamos, conversábamos y nos movilizábamos en micro-causas. No existían aun las redes sociales y los smartphones solo estaban al alcance de unos pocos privilegiados, pero esa constelación de blogs  se convirtió un espacio de libertad política al margen de las agendas y los discursos oficiales.

Ya no basta con las redes sociales, en una situación como la que vivimos es necesario establecer nuevos espacios de libertad de creación, de pensamiento, de debate, de acción y de movilización, y eso no puede ser otra cosa que los blogs.

Si tienes un blog, únete a esta campaña, pega la imagen en tu bitácora  y haz tu propia llamada a la acción, si no lo tienes, ábrete uno.

Conversa, enlaza, debate, enlaza, crea, enlaza, moviliza, y no dejes de enlazar.

Si quieres libertad de expresión, no te la van a regalar, abre tu blog y gánatela.

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No es una crisis, es una estafa

Estas son una serie de ideas que he recogido de una conferencia de Bibiana Medialdea, economista crítica y profesora de Economía Aplicada. Una ponencia que trataba de acercarnos al entendimiento de la situación económica de una forma amena y, sobre todo, algo que es de agradecer, con un lenguaje comprensible para quienes no somos expertxs en la materia.
Durante los últimos meses, mientras la tasa de paro engordaba irremediablemente y escuchaba las noticias sobre la situación crítica de Grecia me preguntaba por qué cuando nos han explicado el origen de la crisis como algo financiero, de repente han sido los estados quienes tienen los problemas de financiación. Y por qué la deuda pública se convertía en la mayor dificultad para nuestros estados y una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.
Como en cualquier economía, sea familiar, empresarial o de cualquier otra índole, el empeoramiento de la crisis tiene que ver con una disminución muy sensible de los ingresos de un estado. El estado recauda a través de los impuestos, dinero que obtienen a través del consumo. Y ha sido notable su rebaja desde el año 2007, con lo cual había una necesidad urgente de endeudamiento. Y también, cómo no, se ha desatado un incremento sustancial de los gastos, especialmente debido a las prestaciones económicas, subsidios por desempleo, también a la extensión del fraude fiscal pero, sobre todo, por los rescates bancarios. Cantidades astronómicas que los estados, entre ellos, España, ha donado a la banca.
Desde los años 2007/2008 en la economía mundial, especialmente en la economía europea, se estaban produciendo crisis bancarias generalizadas, es decir, los sectores bancarios privados acometieron actividades muy arriesgadas pero muy rentables, hasta que más de una operación de especulación salió mal, muy mal. Fue entonces cuando el objetivo prioritario de la intervención pública se basó en salvar al sistema bancario a través de rescates (que los medios de comunicación llaman inyecciones), rescates directos a través del regalo de dinero público y rescates indirectos mediante avales que se hacen efectivos muchas veces.
[Nota: Lo curioso es que la política del BCE, en sus estatutos, tiene prohibido el respaldo económico a los estados, pero sí puede ofrecer crédito ilimitado a la banca privada con tipos de interés subvencionados de un 1%.]
¿Qué ha hecho la banca con todo ese dinero público regalado?
Sabemos que el sector bancario privado es el que sostiene el crédito. El discurso oficial es que las autoridades gobernantes, en vez de intervenir directamente en la economía de su país, les han proporcionado el dinero a los bancos para reactivar la economía de las familias.  
¿Cuál es la realidad? Que la banca, con una situación financiera discutible, ha optado por no transferir el crédito a la economía sino que lo aplican en unos fondos muy rentables llamados DEUDA PÚBLICA. Por lo tanto, al suministrar dinero a los bancos, aumenta la deuda pública, que es, a su vez, la que compran los bancos con ese dinero regalado. Parece un chiste, pero no, es una estafa. De esta manera se aseguran el reciclaje del dinero: un sector bancario con dinero público que compra deuda del estado, una inversión segura y rentable por el tipo de interés.
¿Quién pagará esta deuda pública? Al parecer, hay tres escenarios posibles:
1.      Si todo va como esperan las autoridades, quienes la financiaremos somos los contribuyentes, que para eso pagamos impuestos. En toda la periferia europea, a la que nuestro país pertenece, los impuestos provienen de rentas del trabajo y menos de un 20% proviene del capital. Un poco mal repartido, ¿no? Incluso cuando todo ha ido “bien”, años atrás, los estados han estado favoreciendo más al capital: nos lo quita a quienes menos tenemos, la ciudadanía, para dárselo a grandes inversores y a quienes detentan el poder económico. La deuda estará socializada, la pagaremos entre todos, no la pagarán más quienes la han creado, ni quienes más tienen.
2.      Si existen dificultades para afrontar el pago de la deuda es cuando se genera esta situación que hemos tenido en el estado español: “pérdida de confianza de los mercados”. El estado tiene que dar señales de que posee los recursos para pagarla y si no, que va a esforzarse para conseguirlo. Como hemos visto (y lo que nos queda por ver), al final, los ajustes económicos recaen, una vez más, sobre la población más vulnerable y quienes está en peores condiciones. Se trata de una cuestión de prioridad, de dónde prefieren gastar el dinero. Y parece claro que, antes que en educación o sanidad, van a preferir los ajustes para el pago de la deuda, ya que los mercados se lo exigen.
3.      Si las previsiones de los gobernantes se tuercen, como es el caso de Grecia, se puede dar “el rescate”. Se liberan fondos para el estado, que no podrá disponer de ellos realmente porque desembocarán directamente a quienes han comprado su deuda pública. Como veis se trata de un rescate a los bancos, no a los estados. Esta vía sale aún más cara y no hace más que agudizar la crisis, vamos, la pescadilla que se muerde la cola.
Y todo esto sucede en un contexto en el que la crisis fiscal también sirve a los bancos para obtener beneficios por las reestructuraciones de la deuda, que significa que tienen más plazos y mayor intereses que llevarse a la saca.
Sinceramente, ahora más que nunca comprendo el lema de la gente que grita en la calle que “no nos representan”. Y es más, empiezo a ver claramente que la desobediencia a los mercados es nuestra única opción para no ceder al chantaje ni a las imposiciones del Pacto del Euro. ¿Qué pensáis vosotrxs?
Para más información podéis descargaros de forma gratuita un libro muy reciente de economía crítica y muy fácil de leer, titulado “Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan. Once respuestas para entender la crisis”.

POR NUESTROS DERECHOS, LEY DE ABORTO SIN RECORTES

Concentración-fiesta en Madrid el 26 de septiembre, de 18 h. a 21 h. en la Plaza del Museo Reina Sofía, en Madrid

El manifiesto feminista ANTE LA NUEVA REGULACIÓN DEL ABORTO (“Mujeres ante el Congreso”), en el que se inspira esta concentración, cuenta con la adhesión de 81 asociaciones. http://mujeresantecongreso.blogspot.com

Las fuerzas anti-elección están preparando movilizaciones para octubre con el objetivo inmediato de impedir que la ley sea reformada y, a medio plazo, restringir aún más su interpretación e incluso sus contenidos. Eso hace aún más urgente que quienes defendemos el derecho a decidir de las mujeres sobre su maternidad nos movilicemos para garantizar la aprobación de una nueva ley acorde con ese derecho.
Por la reforma de la ley y por una buena reforma.

Aflicción

No hay nada como tú

probablemente nada como tú.
Si te quieres ir
adelante, vete si te quieres ir.
Yo no se que haré,
me vendaré el corazón.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
Quizá haga frío en la playa
y alguien cubra mis piernas con una manta.
Quizá me susurren al oido
y me cuenten historias de piratas.
A lo mejor me gustan,
pero no serán las tuyas.
En las que nunca sé el final
callado por mis besos.
En las que nunca sé el final
callado por tus besos.
Y espero que el parador
no cierre los inviernos.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
No hay nada como tú.
No hay nada como tu (soberbia). Esclarecidos
Qué pocos favores nos hacen los mitos, la creencia sobre las entregas incondicionales, los valores de lo eterno, los modelos sociales a seguir, las fábulas, las ilusiones… Si es que nos lo creemos todo ingenuamente. Es posible tropezar más de una vez con la misma piedra, aunque el tropiezo sea distinto, unas veces te falla la pierna derecha, otras la izquierda y otras veces, simplemente, no viste la piedra y fue sin querer (evitarlo).
No hace mucho, ví una película titulada Stardust (Matthew Vaughn, 2007), llena de mitos románticos, una historia fantástica, entretenida, con una atmósfera similar a El Señor de los Anillos en cuanto a fantasía de los personajes y las tomas de los paisajes. En ese mundo recreado, diferente al nuestro, las estrellas caían del cielo en forma de mujer, mujeres guapísimas, que ni siquiera se despeinaban con la caída desde lo más alto del universo; con melenas rubias infinitas bien cuidadas y que brillaban con el sentimiento del amor. También había brujas sin escrúpulos, que deseaban y envidiaban los valores de belleza y juventud que les podía brindar el corazón de la mujer-estrella. Había un chico, mucho más normal estéticamente, porque ya se sabe que no tienen que ser tan espectaculares, a ellos les sirve con ser valientes y gentiles, que se enamoraba de la estrella. Tenía su gracia pero la peli atufaba a esterotipos, a sexismo, si es que hasta me provocó tristeza. Tanto trabajo de desconstrucciones de género, de echar por tierra ideales trasnochados, esteretipados, mitos romáticos… y ¡zas! En un momento, ahí los tienes todos juntos, haciéndote heriditas porque claro, nunca vamos a ser tan guapas y delgadas como la protagonista, nunca nos pasará esa historia de amor tan irrepetible, ni brillaremos…
Por eso hay que hacer un ejercicio de más valentía aún que el bizarro protagonista del cuento, de autoaformación para no creerse nada sobre estrellas preciosas ni sobre muchachos valerosos que protegen, ni hechizos de magas malvadas.
Igual no quiero creerme nada que no pueda comprobar por mi misma en el mundo terrenal, como las promesas que no toman forma, ni el futuro que no construyes a pachas, ante palabras que no dejan silueta nítida en los hechos.
Cuántas veces nos hemos sentido Brigted Jones aterrizando en lo real forzosamente y, por ejemplo, los viajes idílicos que imaginabas se convierten en algo difícil de consensuar por fechas, obligaciones, trabajos, ¿falta de ganas?; y los cuentos tienen finales más dramáticos donde lloras cuando abandonas las llaves sobre la mesa y donde necesitas elaborar el duelo ante lo perdido pensando si en algún momento pudiste cambiar el final… Cuántas veces nos comparamos con aquellos que sí que tienen lo anhelado.
Mientras unos a tu alrededor dan pasos de gigante, importantes, más o menos convencidos por aquello que sienten, tú te quedas como una hormiga, pequeña, poco agraciada, mediocre, cerca del hormiguero por el miedo a errar, tal vez perdida sin encontrar el camino de vuelta al subterráneo.
No quiero conformarme con “lo normal”, pero tal vez sea lo único que exista. Como decía la Yeye, idealizamos, pero a veces necesitamos creer que no hay nadie como nosotros, que la magia existe, que no hay nadie como tú.

 

Ley de los Derechos Reproductivos de las Mujeres

Por fin llegó a mis manos un artículo de opinión de Mariló Montero, publicado en el mes de marzo en el Diario de Sevilla. Para qué voy a decir que lo leí por casualidad, NO, lo estaba deseando, porque tenía garantizada una excusa para volver a argumentar a favor de la nueva Ley de los Derechos Reproductivos de las Mujeres. Y es que… resulta tan fácil replicar sus líneas… Como la demagogia que utiliza al final del susodicho escrito (“¿Meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente?”) ante la desesperación de la propia periodista al comprobar por sí misma lo poco convincente que resultaba desde la primera palabra.
No es de lo peor que he leído sobre el tema, he tenido “el gusto” de escuchar cosas aún más bochornosas e intragables, del estilo de “mis amigos” de la Conferencia Episcopal, pero bueno… Como voy a terminar la temporada de mi campaña feminista bloguera a favor de la nueva Ley que regula la interrupción VOLUNTARIA del embarazo, que espero se consiga aprobar y poner en práctica más pronto que tarde, no voy a ser especialmente agria ni cruel.
La autora del artículo está muy preocupada “como madre” porque cree que sus hijas de 16 años no le dirán nada si necesitan abortar. Así es la cosa, Mariló, esto es lo que pasa cuando los padres no se han currado la confianza con sus hijas e hijos, que te pasan cosas y no te apoyas en los progenitores, porque más que apoyo, pueden darte una cruz más con la que cargar, dependiendo de sus reacciones frente a las distintas problemáticas.
Ésta es la realidad en muchas familias, por cierto, en muchas familias con tendencias conservadoras o/y de derechas, que son las que votan al PP, que, por ende, no es precisamente un partido que esté apoyando esta Ley. El hecho de ser padre o madre no otorga una presuposición de “sabio/a”, de hecho, tanto quejarse por el derecho a abortar, que parece que quedarse preñado/a ya da la idoneidad a todo el mundo que tiene hijos, ¡hay que joderse!
En cualquier caso, si estás tan preocupada, creo que deberías formarte con algún manual de psicología o con uno de esos libros de autoayuda de cómo mejorar las relaciones padres e hijos. La Ley no prohíbe la confianza entre ambos, pero sí da autonomía a la chica de 16 que desea abortar, que a lo mejor ha tenido una “relación sexual precipitada”, como tú dices, o a lo mejor no, y tiene una vida sexual sana con su pareja sexo-afectiva, quién sabe… porque en esto, cada una también elige lo que quiere o lo que va descubriendo que es mejor para sí misma.
Dices que una niña de 16 años no está capacitada para abortar ni para casarse… no lo sé, pero entonces… ¿sí está capacitada para ser madre? Tampoco lo sé, por eso prefiero que ella misma lo decida y si tiene gente a su lado en la que confiar para tomar esta decisión, mejor, sean sus madres, padres, amigas, pareja, abuelos, tíos, profesores… (Tranquilízate, porque aconsejar y orientar tampoco lo prohíbe la Ley).
Si es que al final, lo que más os asusta es la capacidad de decisión, pero sí, las hijas, aunque sean menores de edad, pueden decidir ya algunas cosas en las que los padres no entran, sería horrible controlar y querer invadir todos los ámbitos vitales de los hijos, ¿no? Pero parece que es lo deseable para esos padres que se quejan tanto y se llevan las manos a la cabeza si desconocen que su hija va a abortar sin decírselo a ellos.
“Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia”. ¡Ay, Mariló! Me plantearía seriamente qué origen tienen estos miedo paternales, ¿dudas de la educación que has dado a tus hijas tal vez? Probablemente lo mejor contra este pánico atroz tuyo es darles herramientas para prevenir ese tipo de situaciones. Mariló, a qué no has hablado a tus hijas del uso del condón ni entra un porcentaje en la paga semanal para comprárselos…

Las grandes olvidadas son las chicas que están tuteladas en los centros del estado y que lo tienen muy difícil para conseguir un permiso para abortar por parte de la administración de la Comunidad Autónoma que les da largas interminables hasta que es incluso demasiado tarde para entrar dentro de las tres excepciones de nuestro Código Penal (imaginaros en Madrid, que los Provida manejan algunos de los recursos dirigidos a chicas jóvenes con estas características).
Resulta, por otra parte, que los grupos feministas no están pletóricos con esta Ley, ya lo sé, que no es una maravilla, pero es mucho mejor, pero mucho, mucho, de lo que tenemos ahora. Justamente porque reconoce la no necesidad de tutelaje para las chicas de 16 a 18 años, porque permite el aborto libre hasta las 14 semanas, cuando los estudios aseguran que el 90% de los casos de aborto se dan en el límite de las 12 semanas. Esta Ley también incluye educación sexo-afectiva en las escuelas, no admite la posibilidad de que las mujeres vayan a la cárcel, aunque sí se establecen multas en caso de aborto fuera de la Ley.
A mejorar:
-El límite de tiempo de doce semanas, que se considera escaso.
-Establece la obligatoriedad de un permiso de reflexión de tres días, que hace presuponer que la decisión de interrumpir tu embarazo se toma a la ligera y necesita ser tutelada por el estado.
-Se implantan penas mayores para los profesionales que infrinjan la Ley fuera de los supuestos y quienes no cumplan con todos los protocolos de actuación.
-Se presuponen los abortos en la red sanitaria pública pero no se ha regulado la objeción de conciencia sobre este tema, con lo cual, la realización de abortos en un hospital público, sigue sin estar garantizada.
Terminaba la escritora: “Señorita Aído (que no es precisamente de mi devoción), me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre”.
Lo que te digo, que a algunas personas se les va la pinza y consideran suyo a un ser humano que han parido o para el cual han colaborado con su esperma, y creen que alguien les pertenece desde la acepción más posesiva y material del mundo, como la propiedad privada. Me gustaría que hubiera un sentido de la maternidad/ paternidad bien distinto, encargado de forjar personas autónomas, libres e igualitarias.