De cómo estar demodé y soportarlo

Odio ese concepto ambiguo, que no sé quién decide, que se llama moda de temporada y que quiere dictar cómo me tengo que vestir. Igual que detesto que esa “mano invisible”, al modo Adam Smith, pretenda que todas y todos vistamos igual, nos homogenice sin tener en cuenta características propias e intrasferibles. Y me temo, lo observo todos los días, que esta tiranía afecta más intensamente al género femenino. Sin embargo, no se vive como tal, como una imposición, sino que se acata diligentemente y eso me exaspera aún más.

Y es que tengo mal recuerdo de uno de los días de la semana pasada en el que busqué y rebusqué, de tienda en tienda, desesperadamente, unos vaqueros, unos normales. Pues no, no hay, o los quieres de pitillo o los quieres de pitillo, oye, que no había manera. [Y hay que ver lo estirados que son en la cadena Mango, ¿no?] Que nooo, que no quiero ir embutida, si ya tengo de esos pantalones porque desde hace unos años es imposible encontrar otra cosa. La alternativa a los pitillo son unos vaqueros pirata, que no te llegan al tobillo. ¿Pero por qué es tan complicado? Cada año año se lleva tal cosa o cual otra y no hay forma de encontrar ningún clásico, o al menos algo fuera de lugar (fuera de lugar para la moda de temporada, claro). Inadmisible.

Menos mal que tengo una amiga con grandes ideas que me habló de una tienda cercana al rastro y que pasa totalmente desapercibida. Tiene un escaparate con ropa de profesionales (camareros, monos de trabajo, etc) y, en su interior, están atestadas un montón de cajas de cartón con vaqueros. Pues ahí los encontré, unos vaqueros, normales, ni anchos ni estrechos, ni de cintura muy baja ni alta. Lo cierto es que tiendo a los pantalones de pata ancha, pero ya he asumido que mi estilo está demodé, jeje, sabré soportarlo.

Y llegó la segunda lucha, la de la ropa interior. Increíble pero cierto. Son trágicas las pesquisas para encontrar un sujetador que no tenga miles de rellenos distintos, que no ensalce el pecho, que lo haga dos tallas más grandes o yo qué sé…  que lo convierta en todo lo imaginable en las fantasías masculinas (y algunas femeninas) menos natural. Si es que yo quiero uno que no tenga de ná, por favor, que el relleno ya lo pongo yo, que no necesito más, si yo estoy contenta con el tamaño y la forma. Pues no, que no puedes estar a gusto, que tienes que llevar uno que haga el pecho… diferente. Si ya es fastidioso de por sí el sujetador, con todo su significado cultural y que te encorseta bajo las normas de “buena chica” no entiendo por qué nos lo siguen poniendo tan difícil.

Que parece que esto de ir a contracorriente, o más bien, eso que yo creía que era tan común al resto de los mortales, de intentar ponerse lo que te es cómodo y práctico, intentando que sea lo más compatible posible con estar mona, no es tan habitual como me parecía.

Y es que me sorprendo a mi alrededor, en la calle, tacones imposibles, que su incomodidad obliga a andar con extrañas poses quedando hasta ridículo; bermudas cortísimas con medias en pleno invierno (pero coño, qué frío, ¿no?), botas altas con falda en verano, (¿no se te cuecen los pies?); escotes a punto de explotar (¿en serio eso es una oda a la comodidad?) y un sinfín de ejemplos que no sé a quién se le habrán ocurrido semejantes perversiones. Y lo peor, que una gran parte de la población hace seguimiento grotesco sin cuestionamiento alguno de lo que nos viene bien a cada una/o. Bueno, es lo que hay, ya somos mayorcitos y mayorcitas para decidir por nosotros/as mismos/as, ¿no?

[Os dejo el enlace de esta historia con moraleja titulada “El maltrato sutil“, que está relacionada con la temática del post. No estoy de acuerdo con el final de la historia: una cosa (las imposiciones sociales) no tiene que llevar necesariamente a la otra (el maltrato). No obstante, la reflexión es imprescindible para empujar los cambios.]
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7 comentarios el “De cómo estar demodé y soportarlo

  1. Muy buen texto, Silencio.
    “Violencia simbólica” creo que lo llama Pierre Bourdeau. La dictadura de la moda, de los cánones y los standards.
    Yo también opino que, en este caso concreto, el sexo femenino es el más afectado.
    Se habla desde occidente de esa deleznable imposición del burka sobre la mujer árabe. Pero lo cierto es que la mujer occidental también cuenta con una de esas terribles, un burka extremadamente sutil y mucho más difícil de erradicar porque lo lleva cosido a su mente: la talla 36.

    Otro día podemos hablar de las cadenas del hombre. Nostros tampoco nos libramos. es más, yo diría que estamos mucho más manipulados que la mujer.

    Sí, la entreda de “Lío de (mini) faldas)” es absolutamente ficcticia, aunque acabo de averiguado que la medida consistente en restringir el horario de suministro de agua, ya fue tomada en su día (años 30) por un alcalde de un pueblo extremeño. La realidad simrpe supera a la ficción.

    En beso, guapetona.

  2. Jajaja, me dejas más tranquila con lo de la noticia, ¡uf qué alivio!Se me salían los ojos de las órbitas leyéndola y tal como está el mundo, empecé a creer que podía ser verdad. No encontré nada en google y eso me hizo sospechar, jaja. La crónica era muy buena.

    Me quedo con tu idea sobre los cánones y estereotipos del hombre, que también da para hablar, pero considero que siguen siendo más permisivos, por el momento, tú dales tiempo…

    Un beso Minina y Sietemesino.

  3. Yo tengo la ventaja de no tener ningíun estilo ni interesarme mucho por la ropa (y la percha también ajajajaja, es broma)

    Pero creo que es cierto, que haya un concepto de “ir a la moda” ya es extraño, si se piensa. Que eso se imponga desde arriba además, ya es el sisnsentido total. Muy lúcido.

    Por cierto, el dibujo está fenomenal, ¿es tuyo? Un abrazo 😉

  4. ¡Hola Explorador! No, qué va, el dibujo no es mío, lo encontré googleando… ;)) Muy pintón, ¿verdad?

    En cuanto a los estilos, aunque el tema tampoco me interesa especialmente, se debería incentivar que cada uno/a buscara el propio, con el que esté a gusto o quitando ya todo apremio burgués, el que cada uno/a pueda permitirse. En cualquier caso, estas cosas no dejan de ser fruslerías en las que entreternos y, por supuesto, mantener el consumo a buen ritmo.

    Un abrazo

  5. ¡Qué descubrimiento tan interesante y tan agradable tu blog!
    En cuanto al tema de hoy, ¡cómo se nota que no eres hombre! Las presiones sociales también nos afectan, aunque concido contigo que lo de las mujeres es todavía peor. Así que como diría Hessel: ¡Indignaos y resistíos pacíficamente!
    Un saludo progresista de Madrid.

  6. Bienvenido Marcos!
    Si no dudo que a los hombres también les afecten las presiones sociales, de hecho, como le comentaba a otro compañero bloguero, puede ser un buen tema para otro post. Iré pensándomelo.

    Un abrazo

  7. ¡Cuánta razón tienes!
    ¿Y has visto lo que pasa con los zapatos? ¡Sólo los hay de punta o de princesa! (a ver si “pasan de moda” pronto) Grrrrr….
    Realmente difícil escapar a este tipo de imposiciones…

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