Desayuno con diamantes

Viernes. Otra vez cabreada al trabajo. Razón: síííí, de nuevo las Cartas de los Lectores del periódico 20 minutos. Una de ellas, titulada “Crucifijos fuera de las escuelas”, no era lo que parecía en su titular sino que su autora defendía que “Ahora bien, el Tribunal de Estrasburgo se refiere únicamente a la presencia obligatoria de crucifijos en las aulas, pero no a la presencia democráticamente decidida, por mayoría. El procedimiento a aplicar podría ser el siguiente: si nadie reclama, se seguiría la tradición del centro, dejando las cosas como hasta ahora. Cuando haya alguna reclamación, se someterá al criterio de los alumnos, que por votación decidirán demcráticamente si se mantiene o no. De esta manera, las minorías aprenderán a adaptarse a las tendencias mayoritarias. Esto en cuanto a los colegios del Estado, puesto que los privados han de poder establecer las reglas según su ideario”.

Si es que los peperos son todos iguales, porque no necesito ver a la señora meter la papeleta en la urna para saber lo que vota religiosamente. Se les llena la boca con la palabra DEMOCRACIA, de la cual desconocen su completo significado y lo pervierten, además de pasarse por el forro el respeto a las minorías. Isabel Cortés, “premio carta a la tolerancia”, ha pasado por alto que la finalidad intrínseca al concepto de democracia es la de salvaguardar los derechos de las minorías, derecho que muchas veces se viola impunemente por el “bienestar mental” de la mayoría, que esto de respetar la diversidad se nos da un poco mal. Si es que pasa no sólo con la religión, sino con la orientación sexual, la política, la actividad económica que desarrolles… y cualquiera que viva bajo unas normas diferentes a las establecidas (pero siempre desde un punto legal y sin hacer daño a nadie, eso se da por entendido).

Pero mi indignación no acababa aquí, sino que una persona llamada Maite, firmaba otra carta que me daba risa, trataba el eterno debate sobre la inmigración: “[…] en mi entorno tengo amigos inmigrantes que actualmente están en la misma situación económica que yo y gozan de unas ayudas que yo, por ser española, no tengo.
Creo que España es un país que no trata tan mal a los inmigrantes como se dice o se hace ver. Sí es cierto que existen empresas que los explotan; yo, personalmente, también me he sentido explotada por alguno. ¡No dramaticemos, por favor!”

Total, que nuestros vecinos inmigrantes, deberían darnos las gracias con la mano en alto cada mañana por dejarles permanecer en Arriba España, así como no se nos ocurre para nada fomentar una solidaridad obrera y reivindicar derechos laborales tan antiguos como el pan. Ellos que vayan por su lado (llevándose todas nuestras ayudas caritativas de este, nuestro país) y nosotros, que también nos explotan, por otro. El “enemigo” común, si es que hay que llamarlo así, no es el empresariado (alabados sean) que se aprovecha de la coyuntura economica y de la vulnerabilidad de ciertos colectivos, sino que la culpa es de los inmigrantes. Si es que esto… ya lo sabíamos todos.

Maite, guapa, ¿por qué no me haces un favor? Móntate en una patera y luego cuéntame la experiencia por carta. (¡Andaaaa! Qué buena idea para el programa 21 días.)

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