TIEMPO PERDIDO

¿Pero qué hago perdiéndome impresionantes documentos como los de Samantha Villar y sus 21 días haciendo el chorra? Eso significa que estoy descentrada.
¿Y qué hago que no he dedicado un post con todo “mi cariño” a los cretácitos de la manifestación contra el aborto? Sí, esos que se declaran abogados de la vida y exaltan el derecho a la maternidad, por cierto, derecho que en ningún momento ha sido cuestionado, pero nada, ¡erre que erre! Con lo indignada que me sentí cuando ví en Telemandril la retransmisión en directo de tamaña demogogia. Pero lo peor fue ver a Verónica Mengod como parte de ese circo. ¡Pero si era presentadora de programas infantiles! La recuerdo como si fuera hoy, fue un shock verla en ese tipo de evento, ha caído un mito, sí.
¿Qué hago esta mañana leyendo el periódico gratuito de mi ciudad denominado 20 minutos? Pues que algo tengo que leer en el metro y lo prefiero al Qué, que con ese sí que me salen sarpullidos si toco una de sus páginas, inundadas de sensacionalismo y un amarillismo que apesta. Pero hoy se me cortaba la respiración (y no era por el agobio de gente en el vagón) con algunas de las informaciones que gentilmente nos bridaba en el periódico un (o una) periodista que firmaba la noticia como O. F. El titular era el siguiente: “Drogas, “botellón”, prostitución y robos en la noches de Madrid”. 20 minutos comprueba, recorriendo las calles de la ciudad en la madrugada del sábado, cómo se incumple habitualmente la ley ante la absoluta pasividad de la Policía Municipal. Y sin sonrojarse, fue capaz de hacer afirmaciones como tales: “La noche comienza desde las terrazas de algunos vecinos del barrio. Entre las calles Desengaño y la plaza Soledad Torres Acosta, las protitutas comienzan a tomar la vía y acaptar clientes, subiendo con ellos a los hostales y saunas de la zona. Más adelante, un grupo de proxenetas las vigila mientras otro corrillo de camellos trapichea con drogas”. […]
“Seguimos avanzando y llegamos hasta la calle Fuencarral, cuya reciente peatoninalización ha servido para que varios transexuales la ocupen como mostrador de sus servicios como meretrices. Cruzando Gran Vía, en Montera, un sin techo duerme a la intemperie. Más arriba, en una esquina, otro consume heroína”.
Todo en el mismo saco. Y con estas perlas, el periodista pretende probar que las calles de Madrid son inseguras y hacer patente la degradación del barrio “un pequeño infierno de delincuencia”, como lo describe al comenzar su abnegado artículo.
El pobre no se ha documentado, no sabe que ofrecer servicios sexuales no está prohibido, que no existe ninguna ley al respecto; y que lo que sí que se debería prohibir es que una persona que no tiene casa, duerma de cualquier forma en la calle, pero no, el sintecho es el delincuente y el causante de la degradación. Igual que los enfermos que necesitan su pico todos los días. Tío, gentuza como tú, sí que me parece la causante de la degración social, el que señala con el dedo a los cabezas de turco pero evita mirar al auténtico responsable y por supuesto, ni te atreverías a acusarle. Te crees que por salir a la calle una noche conoces la realidad de la ciudad y no tienes ni puñetera idea, a ti te ponía a picar piedras, para que estuvieras entretenido y no tener que sufrir tus sandeces en un periódico que “parece” que lee cada dia miles de personas, ojalá no se crean tus historias, pero no soy tan positiva.
Igual que la señora ultraconservadora que se atreve a escribir indignada en la sección “Cartas de los lectores” criticando la postura de Metro porque no dejó a sus hijos pedir por la red de trenes un donativo para la Cruz Roja. El motivo de su queja (¡al loro!) es que , sin embargo, sí que dejar “mendigar” a otras personas. Y cito palabras textuales “el yonqui de turno te pide, o el expresidiario te pide o…” Y termina colosalmente “parece ser que no han visto “Las chicas de la Cruz Roja”. Pues menos mal que no han visto tremendo peliculón franquista que, desde luego, no pretendía culturizar a la población. ¿Pero cómo te atreves a comparar situaciones entre tu hijo pijo y la gente que no sabes qué circunstancias rodean su vida?
De verdad, qué mal me cae la gente. Hala, me he quedado más agusto, que tenía mucha rabia contenida.

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