PALABRAS

Unas pocas palabras en tu oido diria.
Poca es la fe de un hombre incierto.
Vivir mucho es oscuro, y de pronto saber no es conocerse.
Pero aun asi diria. Pues mis ojos repiten lo que copian: tu belleza, tu nombre, el son del rio, el bosque, el alma a solas.
Todo lo vio y lo tienen.
Eso dicen los ojos.
A quien los ve responden.
Pero nunca preguntan.
Porque si sucesivamente van tomando
de la luz el color, del oro el cieno y de todo el sabor el pozo lucido,
no desconocen besos, ni rumores, ni aromas;
han visto árboles grandes, murmullos silenciosos, hogueras apagadas, ascuas,
venas, ceniza,
y el mar, el mar al fondo, con sus lentas espinas,
restos de cuerpos bellos, que las playas devuelven.
Unas pocas palabras, mientras alguien callase;
las del viento en las hojas, mientras beso tus labios.
Unas claras palabras, mientras duermo en tu seno.
Suena el agua en la piedra. Mientras, quieto,
estoy muerto.
“Unas pocas palabras”. Vicente Aleixandre
Jugando a la ruleta rusa con las palabras, ese juego que puede matar (aunque no físicamente), que reconoce como ganador engañoso a quien pronuncie la palabra más afilada cargándose al interlocutor, dejándole sin más balas que disparar, cuando las palabras atraviesan como una estaca, cuando a veces no hay ni que pronunciarlas para aguijonear y dejar k.o.
También hay palabras que nos levantan del más profundo de los agujeros; que nos calman, palabras que funcionan como un tirón de manos hacia delante, alentadoras, que nos esperanzan como una respiración boca a boca y, otras, que nos quitan la vida sacudiéndonos como una alfombra, despojándonos de dignidad, desnudándonos, humillándonos, inquietándonos, asaltando como ladronas lo poco que nos pudiera quedar de motivación, exterminando las ganas de quererse, aquéllas que acabaron con el reconocimiento y la protección profesada, las que nos culparon y nos hundieron en el pozo sin agua.
Hay palabras entregadas con cariño, hechas de polvo de estrellas fugaces entremezcladas con pétalos de gran variedad, palabras coloridas, con muchas vocales, arrullos que llegan con la espuma de las olas y la brisa marina.
Palabras que no se saben pronunciar, las que extraviamos, de las que se desconoce el significado, las olvidadas, las que no llegaron y eran necesitadas. De aquellas palabras arrojadas a traición para herir; de las grabadas en la memoria que prometían hasta lo imposible de atisbar, aquello que ni intuyes. Palabras que pretenden convencer cual encantadoras de serpiente; palabras que salen de las entrañas para bien o para mal, palabras que mienten, palabras impregnadas de sinceridad, acompañadas de asertividad, inesperadas y sorprendentes, gratificantes…
Palabras que no quisiste pronunciar pero salieron vomitadas, imparables, destruyendo a tu alrededor y que no creíste tuyas al escucharlas.
Pronunciadas o no, las cosas nunca volvieron a ser igual, esculpidos por el tiempo como la talla de los troncos de los árboles.
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Un comentario el “PALABRAS

  1. También hay palabras que escuecen, como la sal en las heridas. Y palabras amigas, cercanas, sinceras, que te alegran el día, como las tuyas.

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