REFLEXIÓN SOBRE EL HISTRIONISMO

“Las personalidades histriónicas tienen como rasgo fundamental de su carácter la búsqueda de atención exagerada, la demanda continua de apoyo, la necesidad insaciable de aprobación. Suelen ser muy emotivos, impresionables, sugestionables e influenciables. Tienden a la teatralidad y la fantasía, no suelen tener un gran relieve en el terreno racional y sí en lo creativo e imaginativo. Tienen muy escasa tolerancia a las frustraciones y reaccionan a ellas de una manera muy intensa y dramática. Valoran mucho la apariencia, son personas muy seductoras y atractivas que erotizan siempre las relaciones interpersonales”. http://www.elmundo.es/yodonablogs/2006/05/31/miscircunstancias/1149064078.html

Iba a escribir sobre la película que ví la semana pasada pero este fin de semana leí un artículo que tenía cierta relación con la noticia que he visto colgada en Público cuyo titular rezaba así: “Un arzobispo británico alerta de que Facebook y MySpace inducen al suicidio”. Automáticamente, mi atención se desvió hacia mis contradicciones con el Facebook. Sin leer el groso del texto puedo imaginar a los curas criticando las redes sociales de Internet, su desvergüenza y su cruzada contra la decencia moral (habría que definir el concepto para saber a qué llamamos decente unos y qué es decente para otras, pero esto podría dar lugar a varios post de este blog y ahora mismo prefiero centrarme en otro tema).
Suicidios se han llevado a cabo por diversos motivos, desde tiempos inmemoriables, por supuesto antes de que apareciera Internet (para quien tenga interés, muy recomendable “El Suicidio” de Durkheim, un clásico de la sociología). La cuestión es que algunas redes también se convierten en grupos de presión contra dictámenes eclesiásticos y de otra índole, de ahí que las capas religiosas levanten su espada prejuiciosa contra este fenómeno. La noticia, mirando lo concreto, informaba que un adolescente británico se había suicidado después de un violento suceso por parte de “sus amigos”, que publicaron comentarios despectivos sobre él; y eso en la adolescencia, ya se sabe, te hunde.
Los sacerdotes aún no se han enterado de que el feisbuk funciona como la vida de los pueblos, donde el arco límite entre el ámbito público y privado se desvanece, con todo lo negativo que eso conlleva. Tiene gracia porque hay gente (pa tó) que no compartiría ciertas intimidades en la vida real pero en la virtual de su feisbuk expone todo tipo de fotografías entre su red de amigos (o amigos de sus amigos, es decir, que ni les conoces de vista), a veces gente que no tiene grandes habilidades para las relaciones interpersonales pero tras el ordenador informa de su estado de ánimo diario a todo quisqui, como si fuéramos terapéutas haciéndole el seguimiento. Me sorprende este tipo de comportamientos, de hecho, a veces, no doy crédito, pero vamos, que no soy la primera que habla de ello ni muchísimo menos.
Este fenómeno relacionado con la construcción de la identidad a través de “lo que los demás ven de mi” lo han acuñado como extimidad, un término que el psicoanalista francés Jacques Lacan utilizó por primera vez (aunque no con este sentido). Como todos los términos antagónicos, la extimidad no se puede definir sin el concepto de intimidad, este término tan denostado en la actualidad pero tan valorado por la que aquí suscribe. La curiosidad que me inspira la consecuencia directa de mostrar algo que se presupone íntimo en una ventana, es que justamente pierde su carácter íntimo, para ser éxtimo. A través de esta conmutación, se busca la valoración (positiva) de los demás en función de lo expuesto en el escaparate y, al hacerlo, tú mismo construyes de otra forma lo que está dentro, lo íntimo.
La introspección no está cotizada, por eso estas cosas virtuales tienen un punto muy perverso. En las redes (la única que conozco es feisbuk, y no en profundidad), la popularidad (como en los programas del corazón) o el caché te la ofrece el número de amigos que consigues agregar, es decir, cuantos más amigos parece que tienes, más valorado o aceptado demuestras que estás, así que hay usuarios que tienen ahí metido de todo, desde gente que han visto dos veces en su vida, amigos de la infancia con los que no hablan desde hace años (por algo será) o amantes de una noche de borrachera, que hasta les ha costado recordar el nombre, por no nombrar a la panda de desconocidos que quieren ser tus amigos y no sabes ni por dónde aparecen… Todos agregados, porque claro… tener cincuenta amigos no mola, pero ¡tener doscientos! Guaaaaoooo! Es otro nivel, sin duda. Y yo me pregunto, ¿pero lo realmente valorado en algunos sectores (materialistas) no era la exclusividad? Pues no, pues no, ahora lo que se lleva es coleccionar colegas, como si no costara.
El otro aspecto que también da caché es el de las fotos, cuantas más fotos exhibi(mos) mejor estatus tendremos en nuestra red social. Mi conclusión es que al igual que es importante no ser undonnadie terrenal, parece también importante no serlo en la red social y eso al final es presión ¿virtual? (pero real). ¡Ay! Me sigo felicitando por haber superado la adolescencia, qué difícil lo tienen nuestros chavales de hoy en día y aquellos que a pesar de ir camino de los cuarenta siguen igual, impermeables al tiempo mentalmente.
Y digo yo… ¿realmente se ha incrementado la comunicación? Comunicación entendida como calidad de una relación… Por ejemplo, siempre me ha llamado la atención aquellos comportamientos que me parecen casi compulsivos, de llamadas desde el teléfono móvil sin ningún objetivo concreto, el hablar por hablar, las conversaciones de besugos, el cotilleo, el intercambio de palabras con quien sea mientras espera impaciente en cualquier lugar por aquello del tiempo muerto…
Decía un profesor de mi facultad, jubilado ya, que los móviles no habían mejorado la comunicación humana, sino que lo único que había aumentado era el nivel de cotilleo. Y ¡joder! Después de unos años me he dado cuenta de que tenía razón, que no ha aumentado la calidad de la comunicación entre personas sino más bien todo lo contrario. Cuántas veces nos ha ocurrido que estamos con alguien compartiendo un rato, un café, un DVD, un paseo… ¡y más de la mitad del tiempo se lo ha pasado hablando con otras personas por teléfono! Conmigo desde luego no se ha comunicado, bueno sí, me ha comunicado su desinterés porque otra cosa no me ha llegado. Y digo yo, pudo haberme avisado con un mensaje al móvil, porque si lo sé, la que intenta no perder su tiempo en tal “compañía” soy yo.
De todas formas, ejemplos de extimidad los hay a patadas por doquier, no hay más que escuchar algún programa de televisión estilo “Diario de Patricia” o bien abrir cualquier revista de prensa rosa. Pienso que el punto a favor que percibo es la posibilidad de destruir algún prejuicio mediante la extimidad, como los casos de personajes conocidos que salen del armario, que dan fuerza a muchas otras personas que no se atreven a dar el paso o ejemplos de caras conocidas que confiesan sufrir enfermedades raras y que ante esa exposición de lo íntimo, puede dar lugar a que se investigue o se dé a conocer ese tipo de padecimientos.
Ciertamente, en ocasiones este blog también puede ser un ejemplo de extimidad, entre otras cosas, porque no he pretendido lo contrario, si no tendría los escritos guardados celosamente debajo del colchón, como antaño. Pero es verdad, que la pantalla del ordenador no refleja mejillas coloradas, ni risas nerviosas, ofrece un cierto desapego emocional ante quien lo pueda leer y es el cajón donde puedes expresar sin ser vista. Todo ello bajo pseudónimo, así semos.
Si queréis profundizar en este tema, una opción puede ser el ensayo “La intimidad como espectáculo” de la antropóloga argentina Paula Sibilia, publicado en Fondo de Cultura Económica. Ella asegura que “Lo que ha sucedido es que ha cambiado la forma en que nos construimos como sujetos, la forma en que nos definimos. Lo introspectivo está debilitado. Cada vez nos definimos más a través de lo que podemos mostrar y que los otros ven. La intimidad es tan importante para definir lo que somos que hay que mostrarla. Eso confirma que existimos”.
Mmm, es para tener miedo, ¿o no?

 

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