Ley de los Derechos Reproductivos de las Mujeres

Por fin llegó a mis manos un artículo de opinión de Mariló Montero, publicado en el mes de marzo en el Diario de Sevilla. Para qué voy a decir que lo leí por casualidad, NO, lo estaba deseando, porque tenía garantizada una excusa para volver a argumentar a favor de la nueva Ley de los Derechos Reproductivos de las Mujeres. Y es que… resulta tan fácil replicar sus líneas… Como la demagogia que utiliza al final del susodicho escrito (“¿Meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente?”) ante la desesperación de la propia periodista al comprobar por sí misma lo poco convincente que resultaba desde la primera palabra.
No es de lo peor que he leído sobre el tema, he tenido “el gusto” de escuchar cosas aún más bochornosas e intragables, del estilo de “mis amigos” de la Conferencia Episcopal, pero bueno… Como voy a terminar la temporada de mi campaña feminista bloguera a favor de la nueva Ley que regula la interrupción VOLUNTARIA del embarazo, que espero se consiga aprobar y poner en práctica más pronto que tarde, no voy a ser especialmente agria ni cruel.
La autora del artículo está muy preocupada “como madre” porque cree que sus hijas de 16 años no le dirán nada si necesitan abortar. Así es la cosa, Mariló, esto es lo que pasa cuando los padres no se han currado la confianza con sus hijas e hijos, que te pasan cosas y no te apoyas en los progenitores, porque más que apoyo, pueden darte una cruz más con la que cargar, dependiendo de sus reacciones frente a las distintas problemáticas.
Ésta es la realidad en muchas familias, por cierto, en muchas familias con tendencias conservadoras o/y de derechas, que son las que votan al PP, que, por ende, no es precisamente un partido que esté apoyando esta Ley. El hecho de ser padre o madre no otorga una presuposición de “sabio/a”, de hecho, tanto quejarse por el derecho a abortar, que parece que quedarse preñado/a ya da la idoneidad a todo el mundo que tiene hijos, ¡hay que joderse!
En cualquier caso, si estás tan preocupada, creo que deberías formarte con algún manual de psicología o con uno de esos libros de autoayuda de cómo mejorar las relaciones padres e hijos. La Ley no prohíbe la confianza entre ambos, pero sí da autonomía a la chica de 16 que desea abortar, que a lo mejor ha tenido una “relación sexual precipitada”, como tú dices, o a lo mejor no, y tiene una vida sexual sana con su pareja sexo-afectiva, quién sabe… porque en esto, cada una también elige lo que quiere o lo que va descubriendo que es mejor para sí misma.
Dices que una niña de 16 años no está capacitada para abortar ni para casarse… no lo sé, pero entonces… ¿sí está capacitada para ser madre? Tampoco lo sé, por eso prefiero que ella misma lo decida y si tiene gente a su lado en la que confiar para tomar esta decisión, mejor, sean sus madres, padres, amigas, pareja, abuelos, tíos, profesores… (Tranquilízate, porque aconsejar y orientar tampoco lo prohíbe la Ley).
Si es que al final, lo que más os asusta es la capacidad de decisión, pero sí, las hijas, aunque sean menores de edad, pueden decidir ya algunas cosas en las que los padres no entran, sería horrible controlar y querer invadir todos los ámbitos vitales de los hijos, ¿no? Pero parece que es lo deseable para esos padres que se quejan tanto y se llevan las manos a la cabeza si desconocen que su hija va a abortar sin decírselo a ellos.
“Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia”. ¡Ay, Mariló! Me plantearía seriamente qué origen tienen estos miedo paternales, ¿dudas de la educación que has dado a tus hijas tal vez? Probablemente lo mejor contra este pánico atroz tuyo es darles herramientas para prevenir ese tipo de situaciones. Mariló, a qué no has hablado a tus hijas del uso del condón ni entra un porcentaje en la paga semanal para comprárselos…

Las grandes olvidadas son las chicas que están tuteladas en los centros del estado y que lo tienen muy difícil para conseguir un permiso para abortar por parte de la administración de la Comunidad Autónoma que les da largas interminables hasta que es incluso demasiado tarde para entrar dentro de las tres excepciones de nuestro Código Penal (imaginaros en Madrid, que los Provida manejan algunos de los recursos dirigidos a chicas jóvenes con estas características).
Resulta, por otra parte, que los grupos feministas no están pletóricos con esta Ley, ya lo sé, que no es una maravilla, pero es mucho mejor, pero mucho, mucho, de lo que tenemos ahora. Justamente porque reconoce la no necesidad de tutelaje para las chicas de 16 a 18 años, porque permite el aborto libre hasta las 14 semanas, cuando los estudios aseguran que el 90% de los casos de aborto se dan en el límite de las 12 semanas. Esta Ley también incluye educación sexo-afectiva en las escuelas, no admite la posibilidad de que las mujeres vayan a la cárcel, aunque sí se establecen multas en caso de aborto fuera de la Ley.
A mejorar:
-El límite de tiempo de doce semanas, que se considera escaso.
-Establece la obligatoriedad de un permiso de reflexión de tres días, que hace presuponer que la decisión de interrumpir tu embarazo se toma a la ligera y necesita ser tutelada por el estado.
-Se implantan penas mayores para los profesionales que infrinjan la Ley fuera de los supuestos y quienes no cumplan con todos los protocolos de actuación.
-Se presuponen los abortos en la red sanitaria pública pero no se ha regulado la objeción de conciencia sobre este tema, con lo cual, la realización de abortos en un hospital público, sigue sin estar garantizada.
Terminaba la escritora: “Señorita Aído (que no es precisamente de mi devoción), me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre”.
Lo que te digo, que a algunas personas se les va la pinza y consideran suyo a un ser humano que han parido o para el cual han colaborado con su esperma, y creen que alguien les pertenece desde la acepción más posesiva y material del mundo, como la propiedad privada. Me gustaría que hubiera un sentido de la maternidad/ paternidad bien distinto, encargado de forjar personas autónomas, libres e igualitarias.

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