INCÓGNITA DESPEJADA

Obama será proclamado presidente de EEUU en enero de 2009. Después de ocho largos años soportando las idioteces de George Bush (y tantos otros energúmenos), por fin huele distinto, un olor suave que no sabemos aún en qué puede desembocar, espero que no sea a tufo republicano. No habrá cambios profundos ni el mundo será muy diferente a lo que ahora es, pero un pequeño pasito sí que puede significar. Me agrada este político afroamericano, aunque le haya faltado más contenido político en los discursos. Escuché su alegato de cierre de campaña, le importaba el acceso a la sanidad de la población, la educación como inversión segura del país, la economía de las familias, la mejora de las relaciones en política exterior… También parece un gran actor, un personaje que sabe aglutinar masas e ilusionar.
Bien, me decantaba por Obama (sin exaltación) y ha conseguido su objetivo, ganar las elecciones. Sin embargo, habrá que ver cómo afectará al resto del mundo su mandato. En principio, se intuye dialogante, abierto, preocupado por las desigualdades… ¿He dicho que me encanta que sea negro? Pues sí, una entrada a la historia de la comunidad afroamericana por la puerta grande, la presencia multirracial estadounidense en la Casa Blanca, ojalá que también la interculturalidad, pero eso ya es otro cantar.
Hay grandes expectativas hacia este hombre, que se ha convertido en símbolo del sueño americano, eso es lo que menos me gusta, ese concepto cultural americano que desarrollan los estadounidenses, de alcanzar espectaculares mejoras personales cuando tus condiciones de partida no son favorables. En el caso de Obama, una persona hecha a sí misma, perteneciente a una familia de clase trabajadora que llega a la élite política. Sin embargo, en nuestro pequeño mundo, eso no es lo más normal, probablemente sólo unos pocos consiguen hacer sus sueños realidad, con lo que la frustración, la ira y la resignación están al orden del día de la población obrera mundial prácticamente. No digo que no haya que tener cierta ambición y tener deseos, grandes deseos, pero los prefiero cuando son compartidos, colectivos y que afecten no sólo a una persona o familia, sino a un conjunto mucho más amplio. La satisfacción del logro entonces se multiplica.
El próximo presidente tiene grandes cosas que solventar, George Bush no le deja un buen legado, un país hecho trizas económicamente, una guerra inacabable que causa constantemente pérdidas de personas (de ambos bandos), y de dinero que es necesario en otras cuitas; además de la susceptibilidad y rechazo que provoca EEUU por la línea política de los últimos tiempos.
Obama no es Ralph Nader ni El Partido Verde de EEUU, ya, pero creo que es la más izquierdosa de las facciones demócratas, ahora sólo le queda demostrarlo. Un poco de paciencia y cautela.

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