PELÍCULAS (III)

Siguiendo con la fuente inagotable que es el cine, principalmente por lo mucho que me hace pensar en unas ocasiones y evadirme en otras, el fin de semana pasado tuve (tiempo ¡bien!) la oportunidad de ver un par de películas. Pequeña Miss Sunshine me aportó una buena crítica de la sociedad actual, en concreto de la estadounidense, aunque hay muchas características que pueden extrapolarse fácilmente al resto de la sociedad occidental. Dicen que es una comedia pero no me dio esa impresión. Creo que es un auténtico drama con gotas de humor, que pueden hacerte soltar una carcajada pero en otras escenas, ese mismo tono burlón, le proporciona más realismo absurdo y mayor intensidad a la tragedia. El ambiente familiar y el tono del guión me recordaron a American Beauty, el sueño americano como inspiración, ese sueño que dicta que si no tienes dinero, si no consigues tu meta en la vida (basándose sobre todo en la obtención de bienes materiales), eres un perdedor, un fracasado. La presión a la que sometes a los demás, pisar cabezas para conseguir lo que quieres y la exaltación de la belleza superficial es el camino de baldosas amarillas que te llevarán “al sueño”.

Otra película fue Atrapado en el tiempo. Sí, poco original, ¿verdad? Cuando hablé de ella con varias personas, ya todas las habían visto, es mi sino. En gran parte, me dio para pensar sobre la sensación de libertad, que necesariamente no tiene por qué ser real; también me recordó el libro de Erich Fromm “El miedo a la libertad”, uno de mis libros de referencia . El agobio que transmite el protagonista es justo ése, el de no poder salir del límite espacio-tiempo, que lo mantiene permanentemente estático, haciendo cosas diferentes en el mismo día, minutos y horas que se repiten una y otra vez hasta el infinito y sin la posibilidad de escapar de la esfera temporal ni espacial aunque lo intenta desesperadamente. Pues me he preguntado más de una vez a lo largo de la semana, ¿cómo sería revivir el mismo día varias veces? ¿Y cuál de mis días? No sé si querría elegir alguno concreto… Y es cierto, podrías volverte loco de remate fácilmente y eso que muchas personas hacemos lo mismo día tras día, también atrapados en nuestra rutina, pero aparentemente, la entendemos como una rutina elegida. ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de decisión? Y es que tiene algunas similitudes con la nueva película de Nacho Vigalondo, que se dirige a sí mismo como actor secundario en Cronocrímenes. Evidentemente, tramas muy diferentes, Atrapado en el tiempo tiene más connotaciones de pastel y Cronocrímenes te presenta a un tipo muy normal, que acaba un poco desquiciado por la repetición de los mismos hechos y soprendido por la perversión de aquello a lo que puede llegar para recuperar sus aburridas costumbres, ¿o no las perdió nunca?
Interrogantes sin contestar, al menos invita a darle un poco al coco, aunque algunos de los inventos del guión tienen lagunas, o a lo mejor es que no he sabido encontrar la explicación (aún).
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