LOST IN TRANSLATION

Se suceden los derribos en la Cañada Real Galiana. Anoche ví en el telediario las imágenes, las casas destruidas sin previo aviso, sus habitantes lamentándose y un enjambre de periodistas morbosos dispuestos a grabar las lágrimas brotando de los ojos.
Pensé en la desgracia de la gente que esa noche ya no tenía hogar, ni siquiera un triste techo donde guarecerse o caerse muerto. Y también me acordé de los educadores sociales que trabajan en el poblado, en cómo estarían ellos y ellas, que tantas veces se han traído el trabajo a casa, que han sufrido con los habitantes de la Cañada y que les han echado una mano para organizar protestas a pesar de la escasez de recursos y muchas veces arriesgando su puesto de trabajo.
Me pareció una escena surrealista. Unas casas (chabolas), que llevan construidas hace años, que incluso a muchos de sus “propietarios” la Comunidad de Madrid les pasaba el recibo de la contribución… Las cartas de correos también llegaban a sus destinos. Es decir, que es una población reconocida, se sabía que estaban ahí. Para que luego digan que no tenían conocimiento de este poblado ilegal. ¿Algún poblado es legal? Espero que no porque las condiciones de vida en Cañada, como en Las Barranquillas, Pitis o El Salobral dejan mucho que desear. Admitir que un poblado es legal, significa admitir que a la administración pública le importa una mierda cómo vive la gente en su territorio y lo que aún es peor, que no tiene ninguna intención de hacer nada para transformarlo. Esto es lo que figuraría en términos oficiales, porque en la práctica ya es así.
Mientras las potentes máquinas demolían las construcciones, las familias no sabían dónde irían, ¿tan complicado hubiera sido buscar una alternativa más organizada para ellos? Se me olvidaba, es que no dan votos. Dicen que próximamente les tocará el turno a las construcciones de los marroquíes.
Luego está la otra parte, la de los individuos que se aprovechan de la situación de precariedad de los demás. Una de las casas que se destruyó era una pensión, donde vivían familias pagando un alquiler de 500 ó 600 €, sí, sí, ¡en la Cañada! Sinvergüenzas los hay en todas partes, está claro, en el barrio de Salamanca, en La Moraleja y en los poblados de la periferia.
Antes de los derribos, los habitantes de Cañada, reivindicaron una y otra vez que los camiones, la mayoría pertenecientes al Ayuntamiento de Madrid, dejaran de pasar a esas velocidades por el medio del poblado, una carretera mal asfaltada. Varios niños han muerto atropellados, esto no es de ahora, llevaba años pasando.
Aunque no lo han aclarado, seguramente este terreno que están “limpiando” ahora, lo destinen para edificar alguna urbanización, sólo se les ocurre echar abajo un poblado cuando se trata de esto, no porque les importen las condiciones de vida de las personas que lo habitan. Ya ocurrió con la Celsa, la Rosilla, Barranquillas… y en esta ocasión no será diferente.

MANIFESTACIÓN hoy A LAS 19:00
desde CIBELES
Contra la especulación:
¡un derribo, otra construcción!
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