VIENA

Escribo desde un rincón de Europa diferente del habitual. No es un viaje de placer, sino de trabajo, aunque tiene momentos inolvidables. Viena es la ciudad que nos acoge y me encuentro en buena compañía, con la protagonista de Atravesando Espejos, que me brinda risas inesperadas y situaciones cómicas, sobre todo cuando nos entorpecemos con el idioma.

Llevamos aquí tres días, ansiosas por volver. El primero de ellos nos dedicamos a ser guiris profesionales y apovechar nuestro tiempo libre antes del congreso para acudir al Leopold Museum. Allí pudimos admirar cuadros de pintores de nuestro gusto, encantadas de estar rodeadas de tanto color y expresiones variopintas de los personajes de Klimt, Munch, Schiele o Moser. Por mi parte, no podía faltar conocer la casa de Mozart, pensaba que estar en Viena y no visitarla podía ser pecado mortal. Muy recomendable la audioguía, que te cuenta pormenorizadamente la historia de este músico universal que tuvo un final trágico, así que sólo por eso y echándole mucha imaginación, consigues sumergirte en el entorno y su música. Cuando escucho La Flauta Mágica no puedo evitar que el vello se me erice, saber que entre esas paredes compuso esa obra al igual que la ópera de Fígaro o Don Juan.
De paseo, nuestro particular y pequeño descubrimiento fue una tienda de disfraces situada en una calle angosta, donde vendían todo tipo de máscaras, venecianas, antifaces, con plumas… cuyo escaparate nos embelesó durante largos minutos.
Ahí terminó nuestro tiempo de ocio porque a partir del día siguiente comenzó el encierro en el hotel, trabajo y trabajo, conferencias y power points varios. También están incluidos compromisos sociales, por ejemplo en el Ayuntamiento vienés y con la organización anfitriona de estas jornadas.
Y todo ello intentando no perdernos absolutamente nada de la campaña electoral de nuestro país, que seguimos con interés desde el canal internacional. Por cierto, qué pena el debate a siete de ayer en TVE. Más que un debate eran pequeños monólogos (estilo entremés) de un minuto para cada candidato, sin ninguna posibilidad de debatir entre ellos, francamente el formato fue decepcionante.
Pero ya seguiremos hablando de este tema en breve… De momento, vamos a intentar difrutar lo poquito que nos queda en Viena y relajar las ganas de volver a casa a descansar, eso sí, previamente nos manifestaremos ante el Parlamento de Viena, para dejar el pabellón bien alto.
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